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Hambre entre los mexicanos; la calamidad que se olvida
La pobreza laboral pasó de 35.7% a 44.5% del primer al tercer trimestre de 2020, lo que a su vez representa un incremento de la pobreza laboral de 11.2 millones de personas.
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La pobreza y la desigualdad siguen siendo los principales problemas de México; los gobiernos se han portado tan indiferentes e inhumanos al crear leyes que beneficien al poderoso y no al vulnerable. Somos un país con falta de oportunidades económicas y laborales, sin futuro prometedor de vida estable para nuestras familias.

La privatización de servicios como la salud y la educación son consecuencias de la misma corriente de degradación de una política justa y equitativa. Problemas de aparente regulación, pero sin afán de cambio para una sociedad hundida en la pobreza y sumida en la ignorancia por la falta de posibilidades y condiciones que, por ley, merecen.

En la división social del trabajo, la desigualdad se profundiza mayor y económicamente por el grado de estudios y conocimientos que unos poseen contra quienes de manera rudimentaria aprendieron. Siendo ellos, en primer lugar, los más afectados ante algún recorte de personal por la circunstancia que sea, en el ramo que sea.

Así se crean una serie de consecuencias: problemas para pagar colegiaturas, servicios básicos, pagos de índole que sea (hipoteca, predial, renta, etc), adquisición de la canasta básica y a tener salud, en caso de enfermar. Aparentemente es simple para unos, pero para otros se vuelve un calvario, dejando en un grado de marginación bastante alto y sin salida, también el hambre se vuelve una calamidad.

La historia en México no parece cambiar, al menos en corto plazo; y, mientras el gobierno continúe con sueños guajiros, centralizando el poder y recortando gastos que poco ayudan, las cosas empeorarán hasta convertirnos, quizá, en sociedad y país de barbarie, solamente luchando para poder sobrevivir.

En días pasados, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) donde muestra un aumento del 5.1% de desempleo, que en porcentajes absolutos equivale a 2.8 millones de personas que perdieron su empleo a causa de la pandemia de Covid-19.

También arrojó que 27.7 millones pasaron a la informalidad en el tercer trimestre del año en curso; aunado a la falta de posibilidades de recuperar o encontrar un empleo en los próximos 3 años ante la recuperación económica que no se daría hasta 2024, según datos del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Parte fundamental que se buscaba en el próximo Presupuesto de Egreso de la Federación 2021 y que fue negado por los diputados de Morena. ¡Vaya gobierno "de los pobres"!

Por su parte, Gonzalo Hernández Licona, director de Red de Pobreza Multidimensional (MPPN), y de David Kaplan, economista en el Inter-American Development Bank, dieron a conocer que “la pobreza laboral en México es mayor que en cualquier periodo de 2005 a 2019. Sí, esto significa que hay más personas en nuestro país que, con su salario, no pueden comprar la canasta básica para subsistir junto a su familia”.

La pobreza laboral pasó de 35.7% a 44.5% del primer al tercer trimestre de 2020, lo que a su vez representa un incremento de la pobreza laboral de 11.2 millones de personas que no podrán comprar alimentos para todos los integrantes de su familia. Un aproximado de 44.8 millones de personas (mujeres, niños y jóvenes). Una tragedia que debería ser atendida por la autoridad gubernamental.

El gobierno de la 4T ha dicho a voz en cuello que ha disminuido esta situación con sus programas de transferencia directa a través de la Secretaría de Bienestar, sin embargo, los hechos bofetean el discurso de baños de flores que se echan. No existe un verdadero proyecto con AMLO que no sea castigar la corrupción, pero no es el problema de fondo. Toca ponerle más cabeza que hígado.

Así, se hace más urgente y más necesario un nuevo proyecto de nación que vele por los intereses de los mexicanos, de todas las familias y que se encamine a tener una sociedad de bienestar social, de seguridad, y de buena salud y alimentación. Hace falta un proyecto de nación o una transformación que no sea de palabras, si no de hechos. Por el momento, querido lector, es todo.


Escrito por Miguel Ángel Casique Olivos

Colaborador


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