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"El Valle de Anáhuac en el Siglo XV," de Gabriel K. Kruell
Este ensayo del historiador e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reseña los pormenores de la guerra que durante casi un siglo sostuvieron los mexicas y sus aliados de Texcoco y Tlacopan contra el reino tepaneca de Azcapotzalco.
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Este ensayo del historiador e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reseña los pormenores de la guerra que durante casi un siglo (1325-1428) sostuvieron los mexicas y sus aliados de Texcoco y Tlacopan (Tacuba) contra el reino tepaneca de Azcapotzalco. La consecuencia más importante de esta confrontación –en cuya batalla final participaron más de 700 mil guerreros– fue el surgimiento del llamado Imperio Mexica, cuyo dominio económico y político se extendió desde la Huasteca veracruzana y la Sierra Norte de Puebla hasta Chiapas, el Soconusco y Guatemala.

En la revisión histórica de Kruell (Zurich, Suiza, 1981) hay un atractivo adicional de interés sociológico y antropológico: la descripción de cómo los primeros intelectuales indígenas ya aculturados por los españoles (la mayoría descendientes de la nobleza nahua) adaptaron la cosmogonía judío-cristiana a la de sus ancestros mexicas, texcocanos, chalcas y tepanecas. Esta mixtura religiosa fue particularmente notable en los historiadores Domingo Francisco de Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin (1579-1630), Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (1570-1648) y en menor grado Hernando de Alvarado Tezozómoc (1540-1810). 

Para los tres, quienes además fueron miembros de la clase sacerdotal católica, la conquista española fue un acontecimiento histórico necesario para la “salvación” de la humanidad prehispánica que hasta entonces había vivido en las “tinieblas de la idolatría” y sólo pudo ser rescatada por el evangelio de Cristo, el cual había “viajado de Israel a Roma, de Roma a España y de España a México”. Gracias a este hecho milagroso, según ellos, los nahuas restauraron su antiquísima liga familiar con los herederos de Adán y Eva y pudieron readaptar sus credos y fechas históricas con el calendario cristiano.

Por ejemplo, Chimalpahin, quien fue originario de Chalco, compaginó el calendario mexica con éste a pesar de que se inicia con el nacimiento de Cristo y aquél se contabilizaba con 13 numerales y siglos de 52 años compuestos por cuatro signos (conejo, casa, caña y pedernal). Chimalpahin fijó la creación del mundo en el año 5199 antes de Cristo (a.C.); lo pobló con los nahuas que previamente habían abandonado su natal Chicomóstoc (Lugar de las Siete Cuevas) y que antes de asentarse en el Aztlán en el año I-Conejo (50) y cruzar el océano Atlántico o el Pacífico habían sido herederos de Noé y sobrevivientes del Diluvio Universal.

Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (1570-1648), oriundo de Texcoco, fue más acucioso que Chimalpahin, pues escribió que Tloque Nahuaque (Dueño de la Cerca y el Junto, el equivalente nahua de Jehová, el dios de los judíos) creó el mundo en el año 5000 a.C., cuando emergió el Quinto Sol, después de la extinción de los cuatro Soles (de Tierra, Viento, Fuego y Agua), lo que a su vez dio paso a que los toltecas fundaran Tollan (Tula), la gran civilización prehispánica que posteriormente desaparecería junto con la destrucción de la Torre de Babel y la dispersión de las lenguas. 


Escrito por Ángel Trejo Raygadas

Periodista y escritor.


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