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Tribuna Poética
Exhortación impertinente a mis hermanas poetisas
Fue “la más importante poeta de la segunda mitad del Siglo XX”, escribía contra el franquismo y denunciaba la miseria y las injusticias en su país, había puesto sus versos al servicio de los oprimidos.


A decir de la Real Academia de Historia, la española Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902 - Madrid, 1984) es, junto a Carmen Conde, “la más importante poeta de la segunda mitad del Siglo XX”; sin embargo, durante mucho tiempo no fue incluida en las antologías: formaba en el bando derrotado en la España de la posguerra, escribía contra el franquismo y denunciaba la miseria y las injusticias en su país, había puesto sus versos al servicio de los oprimidos. Sólo hasta 1981 fue incluida en la Antología de poesía social, de Leopoldo Luis. 

Dedicado a Carmen Conde, Exhortación impertinente a mis hermanas poetisas es el título del poema publicado en 1950 en el Número 45 de la Revista Espadaña; en él hace un llamado general a las mujeres –y no sólo a las poetisas– a sacudirse los roles de género, a romper con las convenciones que las obligan a callar, criar, cuidar y atender; es una invitación a dejar la actitud contemplativa, ésa que ve pasar la vida desde la ventana y, rompiendo las normas –literarias y conductuales–, lanzarse a la acción, entregándose a la aventura de vivir, al placer, al dolor, a la lucha… con todos los riesgos que ello implica.

 

Porque, amigas, os pasa que os halláis en la vida

como en una visita de cumplido. Sentadas

cautamente en el borde de la silla. Modosas.

Dibujando sonrisas desvaídas. Lanzando

suspirillos rimados como pájaros bobos.

Pero ocurre que el mundo se ha cansado de céfiros

aromados, de suaves rosicleres o lirios,

y de tantos poemas como platos de nata.

Levantaos, hermanas. Desnudaos la túnica.

Dad al viento el cabello. Requemaos la carne

con el fuego y la escarcha de los días violentos

y las noches hostiles aguzadas de enigmas.

No os quedéis en el margen. Que las aguas os lleven

sobre finas arenas o afilados guijarros.

Que os penetren las sales. Que las zarzas os hieran.

Y, acercando la quilla, remontad la corriente

hacia el puro misterio donde el río se inicia.

Id al húmedo prado. Comulgad con la Tierra

que se curva esponjada de infinitas preñeces,

y dejad que la vida poderosa y salvaje

os embista y derribe como toro bravío

al caer sobre el anca de una joven novilla.

No queráis ignorar que el amor es un trance

que disloca los huesos y acelera las sienes;

y que un cuerpo viviente con delicia se ajusta

al contorno preciso donde late otro cuerpo.

No queráis ignorar que el placer es el zumo

de las plantas agrestes que se cortan con prisa;

y el pecado una línea que subraya de negro

lo brillante del goce.

No queráis ignorar que es el odio un cuchillo

de agudísimo corte que amenaza las venas;

y la envidia una torva dentadura amarilla

que nos muerde rabiosa cada fruta lograda.

No queráis ignorar que el dolor y la muerte

son dos hienas tenaces que nos pisan la sombra

y que el Dios de las cándidas estampitas azules

es un alto horizonte constelado de espantos

que en la oculta vertiente de los siglos aguarda.

Eva quiso morder en la fruta. Mordedla.

Y cantad el destino de su largo linaje

dolorido y glorioso. Porque, amigas, la vida

es así: todo eso que os aturde y asusta.

 

Es conocida su amistad con poetas de la talla de Gabriel Celaya, Blas de Otero, Pablo Neruda y León Felipe, quien escribió un elogioso prólogo a Poesía Cruel , publicada en México debido a la censura y la represión. Ángela Figuera siempre reconoció su admiración por la poesia de Antonio Machado, influencia evidente en su obra. Además de poemas sueltos, aparecidos en diversas publicaciones periódicas, es autora de Mujer de barro (1948); Soria pura (1949); Vencida por el ángel; El grito inútil (1952); Los días duros (1953); Víspera de la vida (1953); Belleza cruel (1958); Toco la tierra. Letanías (1962); Cuentos tontos para niños listos. (1979). Otoño (1983); Canciones para todo el año. Poesía infantil (1984), Póstumo.


Escrito por Tania Zapata Ortega

Correctora de estilo y editora.


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