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El pueblo, demandas y realizaciones
Ya se entregó el "bastón de mando" para continuar con el proyecto de las clases dominantes, es decir, para llevar adelante el neoliberalismo depredador que apenas se oculta bajo la denominación de “Cuarta Transformación”.
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Ya hay candidatas a la Presidencia de la República. No se les debe llamar así porque es contra la ley, sus impulsores y partidarios les llaman de otra forma. La simulación se enseñorea en el país, la ley se viola a ciencia y paciencia de los que están obligados a hacerla respetar. Si así se actúa desde las más altas esferas del poder y desde los más influyentes grupos que detentan las concesiones que otorga el Estado para monopolizar la lucha por los puestos públicos, comúnmente conocidas como partidos políticos, ¿qué esperanza tendrán los mexicanos que apenas se ganan la vida para ellos y para sus hijos vendiendo su fuerza de trabajo todos los días durante toda la vida o comerciando baratijas en la calle, de que se les haga justicia en todo el amplísimo sentido de la expresión?

La demanda más básica y elemental, la más actual y la que ha concitado el clamor, el grito unánime de todos los mexicanos, es la seguridad, la paz social. Según cifras del Secretariado Ejecutivo, son ya más de 158 mil 645 homicidios y feminicidios los que se acumulan en lo que va de esta administración federal. No más muertos, no más heridos, no más desaparecidos y madres transidas de dolor que tienen que cavar para tratar de encontrarlos; no más secuestrados, no más robos a las casas, no más robos a los transeúntes en la calle o en el transporte público, no más violaciones. No más terror. Más allá de las palabras y las frases de campaña, de los abrazos, las sonrisas y los saludos de mano, ¿obtendrá la ansiada paz el pueblo con una nueva gobernante? ¿Es cuestión de género o de voluntad política? porque, no tengo duda, el pueblo mexicano quiere vivir seguro, antes que nada, por eso lo consigno en primer lugar.

Pero no solamente. Las calamidades terribles se han acumulado y se han hecho más devastadoras durante los últimos años. El pueblo necesita, demanda, urge salud. Y, sin embargo, se juega con él, se le dice que, por arte de magia, sin médicos suficientes que tardan años en prepararse, sin compra de aparatos modernos que se piden a los fabricantes con mucha anticipación –previo depósito en dólares– y, sin construcción de hospitales modernos cuya edificación tarda varios años, es decir, así como así, sin más, se le asegura que, solo por la declaración del gobernante, habrá un sistema de salud como el de Dinamarca y una farmacia que tendrá medicinas de todo el mundo (¿vendrán médicos de Mongolia a recetar las de allá?). No hay vuelta de hoja, la evaluación más reciente hecha por el Coneval mostró que la carencia en el acceso a los servicios de salud pasó de 16.2 por ciento en 2018 a 39.1 por ciento de la población en 2022, lo cual significó pasar de 35.7 a 50.4 millones de personas con esta carencia. El pueblo ya no soporta, aborrece las burlas sangrientas e impunes que juegan con su sufrimiento y con su vida.

¿Y la educación? Hay millones de mexicanos con rezago educativo. Las estancias infantiles se cerraron, lo que las sustituyó, son negocios privados; las escuelas de tiempo completo se cerraron, a los estudiantes del nivel medio superior se les empuja al consumismo y al individualismo entregándoles dinero sin control y sin ninguna evaluación de su impacto en la mejora de su conducta y de su educación; las universidades siguen padeciendo de falta de presupuesto y cada año rechazan a centenares de miles de solicitantes de estudios superiores que ya terminaron con éxito el ciclo anterior. En la franja del 30 por ciento de la población de menores ingresos, el gasto en colegiaturas ha aumentado un 29 por ciento durante este sexenio.

No termina el alarmante recuento. La infraestructura indispensable en pueblos y colonias populares está abandonada. Ya no hay obras de introducción de agua potable, ni de reparación y mantenimiento de las líneas de conducción que aquí y allá tiran miles de millones de litros de líquido vital; no hay obras para nuevos servicios de drenaje, en miles de colonias urbanas el agua sucia y pestilente sigue rodando por las calles y las tuberías no reciben el mantenimiento indispensable y cuando se tapan son causa de pavorosas inundaciones; el servicio de energía eléctrica también está a faltar en cientos de pueblos y colonias urbanas y millones de mexicanos siguen viviendo en los llamados asentamientos irregulares, auténticas zonas de Apartheid en las que los habitantes no llenan los “requisitos” para gozar de los servicios públicos y, consecuentemente, las viviendas están muy lejos de alcanzar la mínima calificación de dignas.

Breve y muy torpemente descrito, ése es el México real. No el de las mañaneras, no el de la demagogia del amor presidencial por los pobres. Eso es lo que tiene que cambiar. No obstante, el panorama es sombrío. Ya está preparada la continuidad. Ya se entregó el bastón de mando –según, como dicen los chavos– para continuar con el proyecto de las clases dominantes, es decir, para llevar adelante el neoliberalismo depredador que apenas se oculta bajo la denominación de “Cuarta Transformación”, que es, sin duda, la que ha acabado de hundir al pueblo en la pobreza.

Ya se le dan los últimos toques a la monumental compra de voluntades y, al que se atreva a resistirse, a la extorsión descarada para obtener los votos necesarios. Las camisetas, gorras, delantales y otros “utilitarios” pasaron a la historia, ahora es dinero en efectivo, contante y sonante entregado en mano propia para demostrar la magnanimidad del benefactor y su proyecto. No importa que la pobreza –como lo ha demostrado Julio Boltvinik de manera magistral– no solo no haya disminuido, sino que haya crecido. Las ayudas no han acabado con la pobreza, no la acabarán nunca. Son, en cambio, muy eficaces para arrastrar a los electores. Para el año que entra, año electoral, ya está preparado un aumento colosal de la llamada Pensión del Bienestar para adultos mayores, nada menos que de 100 mil millones de pesos para llegar a un gasto de recursos de todos los mexicanos de 439 mil 149 millones de pesos. Las gorras y las camisetas eran cosa de risa, las ayudas de López Obrador y su “Cuarta Transformación”, ésas sí se transformarán en votos contantes y sonantes.

Es más. Si algo le faltaba al atuendo de la mortificación democrática y popular de la “Cuarta Transformación”, “la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos del INE aprobó las fórmulas que deberán inscribir los partidos para cubrir las cuotas por acciones afirmativas, en las que incluyó a las personas en situación de pobreza”. Más manipulación, más engaño para hacerle creer al pueblo que se le tiene en cuenta y se le hace justicia. Unas cuantas curules, unos cuantos puestos burocráticos que no sería extraño que solo sirvan para corromper a los beneficiarios, pero no para tomar las decisiones trascendentales sobre su destino y el de sus hijos. Y, además, siempre y cuando los candidatos “por pobreza”, logren atravesar las horcas caudinas de las poderosas burocracias partidarias, pues no debe olvidarse que por ley ellas detentan el monopolio de las candidaturas en el país.

Ahora bien, todo lo dicho lo confirman decenas de millones de mexicanos que ansían un cambio efectivo y radical. No vendrá de Morena y su “Cuarta Transformación”, en donde se encuentran cobijados sus autores intelectuales y materiales que, siempre comandados por Andrés Manuel López Obrador, han sido sus beneficiarios. Eso no puede ser. Pero vale la pena preguntarse: ¿lo llevará a cabo la oposición y su candidata? No sé. Como dijo un gran amigo: se me descompuso mi bola de cristal. Pero sí sé, y muy bien, que, en la historia de la humanidad, las carencias y los sufrimientos del pueblo nunca los ha curado la misericordia de las clases poderosas. Nunca. Las grandes transformaciones, los cambios sociales decisivos en beneficio del pueblo trabajador, siempre han sido consecuencia de su acción colectiva organizada y consciente. Y esta vez no será diferente.


Escrito por Omar Carreón Abud

Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".


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