El mayor atractivo de esta biografía del gran político chino se halla en algunos detalles poco conocidos en Occidente.
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Este libro está formado por ocho ensayos de crítica literaria entre los que resalta el que le da título, en el que se analiza la obra de los escritores más conocidos de Estados Unidos (EE. UU.) del Siglo XIX y la primera mitad del XX. Los otros siete textos tienen estos encabezados: La fábula antropófaga, Thoreau y Walden, Ramdolp Bourne: en la silla de Rocinante, El dolor del desposado, La cruz y los molinos de viento, Muje, Superstición e imágenes. En todos son infaltables las alusiones y citas de la obra cumbre de la literatura universal: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra.
Dotado de gran capacidad para la crítica y educado en la doctrina marxista, el autor de estos ensayos (Boston, 1900 – Massachussets-Santa Bárbara, California, 1977) es implacable con la mayoría de sus antecesores y contemporáneos, en cuyas obras y personajes advierte el dominio de tres prejuicios: el fetiche de la originalidad, el puritanismo cristiano (evangélico y católico) y el democratismo político. Vivirán estos huesos (1937) es la mejor muestra de estas “denuncias”, así como de las muy limitadas excepciones que hace y entre las que destaca Ford Maddox Ford, a quien dedicó este ensayo.
Las líneas que en los párrafos siguientes se reproducen son ejemplo de la severidad con la que Edward Dahlberg juzgó literariamente a sus pares: “Con honda y fortificante memoria de los poetas que lo antecedieron, Walt Whitman pudo haber hecho de Hojas de hierba una expresión homérica en lugar del restauracionista canto al sexo que mucho recuerda la rancia y recargada obra que produjo a Henry Ward Beecher y Mary Baker Eddy. Whitman, como dijo Raymond Weaver, pudo haber ido a la iglesia de Plymouth por la levadura que fermentó las Hojas”.
“Poetas no nos han faltado, pero la ausencia que más lloramos ha sido la de los críticos. Herman Melville dejó de escribir, casi por completo, durante 40 años porque no hubo nadie en Estados Unidos que celebrara Moby Dick… El albacea y biógrafo de Edgar Allan Poe, Rufus Griswold, era su enemigo embozado. Léase la quejosa ponzoña que destiló esa pluma a nombre de su pluma, a nombre de su difunto. Griswold lo odiaba. Edgar Allan Poe no ha tenido un crítico, salvo D. H. Lawrence. Sus biógrafos y analistas cristianos lo lamentan en tono de censura porque bebía, se casó con una niña y consumía láudano”.
“El crítico es el Sancho Panza de su amo, Nuestro Señor Don Quijote, el artista. Sancho no es ningún realista de pan, queso y cerveza. También él ve con miradas ocultas y sabe, con la mágica locura del corazón, que antes de la razón y la ciencia, hay otra forma de conocimiento… La verdad y la locura siempre están por expirar, de modo que nosotros, como nuestro querido Sancho Panza, postrado junto al lecho de Don Quijote, debemos estar siempre listos para ir a recibir la sagrada comunión de garrotes y ruecas que haga renacer la Pulsación…”.
Además del ensayo, su fuerte, Dahlberg incursionó en la novela y la poesía; vivió en Inglaterra, Francia y Alemania. En 1937 visitó México y fue aquí donde empezó a escribir Vivirán estos huesos.
El mayor atractivo de esta biografía del gran político chino se halla en algunos detalles poco conocidos en Occidente.
Reescribió 39 veces el final de su novela Adiós a las armas porque no hallaba las “palabras justas” y sus múltiples correcciones no lo satisfacían a plenitud.
La historia de Travesuras de la niña mala se inicia a mediados de los años 50 y culmina a finales de los 80, largo periodo cuando se produjeron cambios políticos internacionales como el Asalto al Cuartel Moncada en Cuba.
La risa roja es la mueca sangrienta y burlona de la muerte y la guerra es su expresión más grande y contundente.
A pesar de ser hijo de un empresario de clase media alta, legislador del Congreso de Sudáfrica y aspirante a un ministerio, Max formó parte desde muy joven de las Juventudes del Partido Unido (Comunista).
Los comensales son el matrimonio Claire y Christian Ménétrier, la novelista Jennie y el actor León Laurent, quienes en una merienda de varias horas en un restaurante de París intercambian tres historias de amor que tienen en común un final “irónico”.
Es una de las 10 novelas más conocidas de uno de los pocos autores que se dedicó a escribir obras de ficción para entretener a niños y jóvenes con relatos de aventuras.
En este libro, que Gironella atribuye a Mahoma, éste revela que Alá es el nombre árabe-semita de Jehová.
El título de este libro hace alusión a las siete hijas que el doctor Francisco Sámano y Margarita Serrato procrearon, junto con ocho varones, en las primeras dos décadas del Siglo XX.
Los otros principios invocados por el autor de este libro son los de la fraternidad, la libertad y la justicia.
"¿Cómo olvidar el rostro color barro de aquella mujer? …"
James Augustine Joyce nació en Dublín, Irlanda del Sur, en 1882 y murió en Zúrich, Suiza, en 1941. Los muertos forma parte de la colección de 15 relatos cortos titulada Dubliners.
La historia de Jacobo Ortiz, muerto a los 24 años, se ubica en la aldea Colinas Eugáneas, Ancona, villa muy próxima a Padua.
Las notas autobiográficas de este libro fueron reunidas en orden alfabético y tuvieron en común brindar afecto, gratitud y reconocimiento a los familiares, amigos y creadores de arte que más influyeron en su autor.
El título de esta novela alude a una comunidad berebere de Argelia cuya región sur forma parte del desierto del Sahara en la costa occidental de África.
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Escrito por Ángel Trejo Raygadas
Periodista y escritor.