Dos países definen su bando en la guerra contra el neocolonialismo; y en las urnas, sus ciudadanos expresan el deseo de soberanía y autodeterminación.
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Ya publicados los resultados definitivos de la jornada electoral del seis de junio, podemos afirmar con certeza no solo que el Presidente y su partido perdieron una buena parte del electorado con el que contaban desde su arribo al poder en 2018; sino también que la población del país les asestó un duro golpe y que aún no salen de su asombro por el descalabro sufrido. Al principio, AMLO –y su repetidora Claudia Sheinbaum– no aceptaban la derrota en la capital de la República; “no se perdió… es el efecto de una guerra sucia”, dijo AMLO en su show matutino; y lo más que llegó a aceptar es que había faltado trabajo en la Ciudad de México (CDMX) por parte de su partido o de su Gobierno.
Es indudable que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) fue el vencedor en esta contienda: conserva su mayoría en la Cámara de Diputados y, con esto, el poder de decidir libremente la aplicación del Presupuesto de Egresos de la Federación, como no tardó en reconocer con toda “franqueza” el feliz inquilino de Palacio Nacional; aumentó el número de entidades federativas, congresos locales y presidencias municipales gobernadas por Morena. Pero también es indiscutible que el resultado electoral del seis de junio representa un descalabro para Morena, aunque sus dirigentes se nieguen a reconocerlo. La soberbia, a veces, se cura con un revés o un descalabro; solamente la estupidez no se cura con nada.
Perder millones de votantes; y la mitad del territorio en una entidad federativa que gobernaban hace décadas y que era su principal fortaleza; perder la posibilidad de reformar la Constitución General de la República, como antes lo hacían; verse obligados a renunciar a su capacidad de eliminar, desaparecer o absorber en su estructura administrativa a los órganos autónomos molestos para ellos; todo esto, visto sin ofuscamiento, no puede recibir otra denominación que descalabro.
Mientras para AMLO y Morena resultaron una victoria, a la vez que un descalabro, para sus opositores, pero sobre todo para el electorado y para toda la población mexicana, este resultado electoral muestra el camino que se debe seguir para cambiar un gobierno autocrático; y sienta un precedente muy positivo para futuras elecciones, pues demuestra que es posible oponer una importante fuerza electoral para impedir la centralización de todos los poderes en un solo partido o en un solo hombre.
De las reacciones de AMLO y Morena ante los resultados desfavorables en las elecciones del seis de junio; de la reconfiguración del escenario político nacional, en el que el Presidente perdió el control absoluto de la Cámara de Diputados, lo que le impedirá aprobar sin cambio alguno las reformas constitucionales que se le ocurran; y de la necesidad de que la oposición siga trabajando rumbo a 2024, habla nuestro Reporte Especial de esta semana.
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Escrito por Redacción