Las elecciones ponen al descubierto todas las contradicciones acumuladas dentro del Estado judío.
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Una de las consecuencias del auge de los gobiernos conservadores en América Latina es el debilitamiento constante de los proyectos de integración que nacieron en la década pasada. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), los principales proyectos de este tipo, fueron impulsados todos desde la izquierda. Se trataba de crear formaciones internacionales que agruparan a los países de América Latina en un solo bloque, bajo el argumento de que su unidad era la única forma de mantener su soberanía frente a otros poderes, sobre todo frente a los Estados Unidos. De estos proyectos hoy no queda casi nada, como lo muestra el caso de UNASUR.
El 14 de enero, Iván Duque, presidente de Colombia, declaró que estaba trabajando con otros mandatarios sudamericanos para crear un nuevo proyecto que sustituyera a UNASUR, pues este organismo ya no funciona y en la práctica no ha tenido ninguna participación en los principales temas de la agenda latinoamericana, dijo. Por eso Sebastián Piñera, presidente de Chile, y él, afirmó Duque, están impulsando un nuevo proyecto, mismo que llevará por nombre: PROSUR. El nuevo foro, según palabras del presidente colombiano, será un “mecanismo de coordinación suramericana de políticas públicas, en defensa de la democracia, la independencia de poderes, la economía de mercado, la agenda social, con sostenibilidad y con debida aplicación”. PROSUR es, en pocas palabras, la apuesta imperialista para coordinar a los gobiernos conservadores de América del Sur.
Las declaraciones de Duque no son falsas. UNASUR, en efecto, está en crisis. Creado por iniciativa de Lula, este foro jugó un papel protagónico en la solución de importantes problemas latinoamericanos, pero desde hace años su influencia se ha desdibujado tanto que ahora es irreconocible. Con la restauración de los gobiernos conservadores, UNASUR perdió la vitalidad que tuvo. Quizá la prueba más fehaciente de esto sea el hecho de que el organismo internacional no cuenta con Secretario General desde mediados de 2017. Y no pasa nada. De hecho, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú abandonaron UNASUR en 2018, y los únicos países que quedan como miembros son: Bolivia, Guyana, Surinam, Uruguay y Venezuela. Lenín Moreno, presidente ecuatoriano, anunció este 14 de marzo que Ecuador, sede de UNASUR, también abandona el organismo.
En contraste con el desmantelamiento de la Unión de Naciones Suramericanas, esta semana PROSUR comenzará a dar sus primeros pasos formales. El viernes 22 de marzo, Sebastián Piñera dará la bienvenida a los presidentes de Colombia, Argentina, Brasil, Paraguay y Ecuador, quienes asistirán a Santiago de Chile para celebrar la primera cumbre de esta nueva iniciativa. En realidad, este proyecto no parte de cero. Tiene sus antecedentes más inmediatos en el Grupo de Lima y, antes, en la Alianza del Pacífico, ambos, esfuerzos estadounidenses para dinamitar la integración latinoamericana bajo banderas progresistas, y para apuntalar nuevos grupos internacionales de signo conservador que sirvan a los intereses de los Estados Unidos.
En América Latina asistimos a la reorganización de las fuerzas de la derecha. La restauración del conservadurismo en la mayoría de los gobiernos, no ha sido suficiente para derrotar a los baluartes de la izquierda latinoamericana, como es el caso de Venezuela. En esta coyuntura, es poco lo que los gobiernos de izquierda pueden hacer: resistir los embates de la derecha y del imperialismo. Llegará el momento en el que el ciclo político del conservadurismo latinoamericano llegue a su fin, y entonces, cuando soplen nuevos vientos, será el tiempo oportuno para luchar, una vez más, por una verdadera integración popular.
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Escrito por Ehécatl Lázaro
Columnista de politica nacional