Sobre la falsedad del origen “natural” de los fenómenos sociales, la historia nos ilustra
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En el contexto del aumento de la turbulencia geopolítica mundial y de la creciente tendencia hacia la reconfiguración integral de los parámetros básicos de la interacción económico-comercial global, resulta cada vez más evidente el desplazamiento del “centro de gravedad” y de la dinámica del desarrollo socioeconómico mundial hacia la Gran Eurasia, donde se concentran las economías de gran escala y alto ritmo de crecimiento: China, India, Rusia, Indonesia, Turquía, Irán, Irak, entre otras.
Ese continente se ha dotado de una red de acuerdos, proyectos e iniciativas que marcan el vector de consolidación del desarrollo geopolítico y demuestran un poderoso potencial creativo. Una de las estructuras de apoyo y de formación sistémica en el espacio euroasiático ha sido la Unión Económica Euroasiática (UEE), que reúne a cinco países: Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia y Kirguistán.
Hasta la fecha, la Unión se ha configurado como una asociación de integración exitosa, con desarrollados mecanismos institucionales de gobernanza. En su marco se garantizan con éxito las cuatro libertades clave para cualquier bloque económico: la circulación de personas, bienes, servicios y capitales.
En enero de este año, la UEE celebró su décimo aniversario. En junio, en Minsk, bajo la presidencia de Bielorrusia, en el marco del IV Foro Económico Euroasiático coincidió con la Cumbre del Consejo Supremo Euroasiático, con buenos resultados del trabajo de la UEE y se adoptaron decisiones sobre la estrategia que profundice la integración.
En esos eventos destacó que, en una década, el PIB conjunto de los “cinco países” aumentó en casi un billón de dólares estadounidenses, y la participación de la Unión en la economía mundial creció del 3.7 al 4.1 por ciento. A pesar de la compleja coyuntura global actual, se mantienen altas tasas de crecimiento económico: en 2024, en torno al 4.5 por ciento superando notablemente el promedio mundial.
Desde la creación de la UEE, su comercio con terceros países creció un 38 por ciento, mientras que el comercio intra-bloque se duplicó. Al mismo tiempo, el 93 por ciento de las operaciones comerciales ya se efectúa en monedas nacionales.
Gracias a los esfuerzos de los Estados miembros para fortalecer las relaciones productivas, logísticas y cooperativas, la UEE aumentó la producción interna en un 30 por ciento, la industria manufacturera en un 46 por ciento y la agricultura en un 26 por ciento, además de incrementar la inversión en capital fijo en más de 40 por ciento.
Este impulso creativo permitió reducir la tasa de desempleo dentro de la Unión al 2.3 por ciento, uno de los más bajos indicadores del mundo. El trabajo de los “Cinco Países” continúa sobre una base sistemática y coordinada, para impulsar aún más los procesos de integración interna y trasladarlos a un nivel cualitativamente nuevo.
Se presta atención especial al fortalecimiento de la infraestructura financiera, al desarrollo del ámbito digital, del potencial industrial, a la seguridad alimentaria y a la soberanía tecnológica.
La UEE avanza progresivamente en su cooperación con socios extranjeros.
Se desarrollan de forma dinámica vínculos mutuamente beneficiosos con países de Eurasia, África y América Latina. Se han firmado varios acuerdos preferenciales con importantes socios comerciales: Vietnam, Singapur y Serbia.
En mayo entró en vigor el acuerdo de libre comercio con Irán. En junio se suscribieron acuerdos de cooperación económica con Emiratos Árabes Unidos, Mongolia y se estudia la liberalización de las relaciones comerciales con Egipto, Indonesia e India.
Se refuerzan los contactos de la UEE con estructuras multilaterales, entre ellas los BRICS, la Comunidad de los Estados Independientes (CEI), la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), la ASEAN y la Unión Africana.
Se conforman todas las premisas necesarias para la plena convergencia del potencial económico euroasiático con las capacidades de los bloques de integración del Sur y el Este Globales, lo que daría lugar a la formación de una nueva zona de crecimiento económico con proyección mundial.
Es fundamental subrayar que, con su labor, la UEE hace una contribución tangible a la construcción de la Gran Asociación Euroasiática (GAE), cuyo concepto formuló el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, en 2015.
Ello implica la creación de un modelo de arquitectura político-económico mundial basado en los principios de cooperación equitativa, prosperidad económica, multilateralismo, respeto genuino de la soberanía, inadmisibilidad de enfoques discriminatorios, consideración de los intereses de todos los participantes y el derecho de los Estados a elegir su propio camino de desarrollo.
Su núcleo, además de la UEE, puede conformar la OCS, la ASEAN y formatos como la iniciativa china de la “Franja y Ruta”. La iniciativa está abierta a la participación de los países de Europa Occidental, lo que crearía las condiciones para transformar a Eurasia en un espacio continental único de paz, estabilidad, confianza mutua, desarrollo y prosperidad.
De esta manera, la UEE, como parte de la GAE, se convierte objetivamente en uno de los pilares confiables y fuerzas motrices en el fortalecimiento del orden multipolar, en la modernización del sistema de gobernanza global y en la construcción de un modelo más justo de cooperación e integración interestatal.
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Escrito por Nikolay Sofinskiy