Factores salariales, fiscales y comerciales empujarán la inflación por encima de 4%
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Desde que Morena y el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegaron al Poder Ejecutivo, se ha destinado una parte importante del presupuesto federal a la entrega directa de dinero a la gente, pero menos con el propósito de resolver el problema de la pobreza que el de comprar votos y ajustarse al modelo neokeynesiano, el cual sugiere que debe elevarse su capacidad de compra para que los sectores productivos tengan más ganancias y creen más empleos. Escuché este argumento al ex Secretario de Hacienda (SHCP) del primer Gobierno Federal morenista, Rogelio Ramírez de la O, quien aseguraba que el crecimiento económico está directamente relacionado con el incremento de la demanda agregada porque genera “un ciclo virtuoso” de producción y consumo.
Sin embargo, en la realidad esto no ocurre, como lo prueban las mediciones del Producto Interno Bruto (PIB) percápita que, aunque no reflejan exactamente la situación económica de todas las familias, sí ofrecen una idea del crecimiento económico. En 2020, el año de la pandemia de Covid-19, el PIB per cápita descendió ocho por ciento, un retroceso en extremo severo respecto al año anterior; luego, en 2021, se observó un crecimiento del cinco por ciento; en 2022 fue de uno por ciento; en 2023 bajó también, y en 2024 fue de sólo dos por ciento. Estas cifras, como se ve, estuvieron muy lejos del seis por ciento prometido por AMLO.
El presupuesto destinado a las transferencias monetarias directas presentó un incremento constante: en 2019 fue de 291 mil 525 millones de pesos (mdp); en 2020, 309 mil 831; 2021, 337 mil 386; 2022, 447 mil 129; 2023, 597 mil 820; 2024, 745 mil 813. El monto total del gasto público destinado a la compra de votos entre 2018 y 2024 fue de 2.7 billones de pesos (bdp), con un promedio ascendente de 131 por ciento, aunque el de 2019 había sido de 141 por ciento. Un alza sustancial comparada con la de los programas asistencialistas del PRI o el PAN; pero con los que no se afirmó que “resolverían” el problema de la pobreza en México, como hoy lo difunden los morenistas; ya que el monto de las entregas resulta mínimo, pronto se consume y la gente queda igual de pobre, aunque esa demanda agregada engorda las ganancias de la oligarquía industrial, comercial y bancaria, sin impulsar el desarrollo de la economía.
Me detendré un momento en ello. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el gasto mensual promedio de una familia de cuatro personas corresponde a 19 mil 36 pesos, equivalente a cerca de cuatro mil pesos mensuales o 133 pesos diarios por persona; en tanto que su distribución porcentual en la compra de bienes es la siguiente: alimentos, bebidas y tabaco, 37.7 por ciento; transporte y comunicaciones, 19.5; educación y esparcimiento, 9.6; vivienda y servicios, 9.1; cuidados personales y otros, 8.8; limpieza y cuidados de la casa, 6.1; vestido y calzado, 3.8; cuidados de la salud, 3.4; y transferencias del gasto, 1.9 por ciento. Como se ve, el 66.8 por ciento se destina a los rubros básicos.
En materia de alimentos y bebidas –según información de la Secretaría de Salud (SS) difundido el 19 de agosto de 2025– “se estima que el consumo per cápita promedio en México es de aproximadamente 163 a 166 litros de refresco al año”. Esta cifra es muy superior a la de otros países, como Estados Unidos (que ocupa el segundo lugar)”. En el portal theciu.com, por otro lado, se asegura que “el gasto promedio en servicios móviles asciende a 140 pesos al mes, mientras que el destinado a la contratación de Internet en el hogar es de 544 pesos mensuales”; y que las empresas más contratadas por los mexicanos, en orden de importancia, son Telcel, AT&T, Movistar y una nueva opción que se llama BAIT. Las empresas que más ingresos obtienen en México son Walmart de México, América Móvil (Telcel y Telmex), FEMSA, General Motors, BBVA México, Grupo Financiero Banorte y Grupo Bimbo. Estas compañías venden alimentos y bebidas (pan y refrescos) y telefonía celular.
Ahora bien, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) del Inegi, estas empresas captan más dinero de las transferencias monetarias del “bienestar” entre los mexicanos con el ingreso promedio del decil más pobre, que creció 35.9 por ciento entre 2018 y 2024. “Considerando que el promedio de integrantes en los hogares del decil I es de 3.56 personas, el ingreso promedio por persona en el decil más pobre rondaría los mil 570 MXN al mes (dividiendo el ingreso trimestral del decil I entre tres meses y luego entre el número de integrantes promedio)”.
Hay, entonces, un incremento de 35.9 por ciento en su ingreso; pero el crecimiento económico del dos por ciento; es decir, no se está cumpliendo la relación planteada por Ramírez de la O. Resulta sumamente grave que, si lo saben, prefieran mentir; y si no tienen idea clara de ello, la falta de conocimiento científico los condena a navegar sin rumbo como un barco a la deriva.
Se le entrega dinero a la gente, pero no se resuelve el problema de fondo. Seguimos dependiendo de las importaciones y el modelo exportador orientado sobre todo hacia Estados Unidos, cuyas autoridades y ciudadanos exigen que hagamos lo que a su voluntad interesa, aunque nos hundamos, como lo demuestran los aranceles de Donald Trump y las permanentes amenazas de invasión que nos cuestan muchas cosas que ni nos enteramos porque los morenistas las negocian en lo oscurito y únicamente nos dicen que “no nos van a doblegar” y que la “dignidad” o la “soberanía” no se negocian, aunque en realidad se estén burlando en nuestras narices sin que digamos nada.
Por más que lo intente, el gobierno morenista no puede ocultar que las transferencias monetarias directas, entregadas a través de las tarjetas del bienestar, tienen el propósito de obtener votos, no para sacar de la pobreza a los mexicanos, sino mantenerlos en ella. Lo más grave es que este gobierno está muy lejos de resolver los problemas de seguridad, salud, educación de calidad, etc.; únicamente regala dinero a las grandes empresas usando como intermediarios a los pobres. En otras palabras, transfiere dinero público a las empresas privadas a través de los ciudadanos, a quienes les pide que voten por Morena. Beneficio para los ricos y manipulación de los pobres. Lo mismo de siempre hasta que el pueblo trabajador se organice y se levante para acabar con estos atropellos.
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Escrito por Brasil Acosta Peña
Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.