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Sextante
La tecnología no es el único factor de triunfo en la guerra
Ivushkin es un subteniente del Ejército Rojo que ha enfrentado a los nazis en los primeros años de la invasión.


T-34 (2019), del cineasta ruso Aleksey Sidorov, narra la hazaña de un grupo de soldados soviéticos que tripulan el legendario tanque T-34, arma eficaz contra los invasores nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Ivushkin es un subteniente del Ejército Rojo que ha enfrentado a los nazis en los primeros años de la invasión; los nazis quieren llegar a Moscú, capital de la Unión Soviética, y tomar esta ciudad. Desde los primeros combates entre soviéticos y nazis, se pudo ver que los primeros no serían vencidos fácilmente. Nikolai llega a un cuartel a las afueras de Moscú; ahí los mandos del Ejército Rojo le asignan una peligrosa misión. Él debe comandar un tanque T-34 y tratar de contener un escuadrón de tanques alemanes que se acercan a Moscú.

A Ivushkin le asignan una tripulación (tres combatientes experimentados en el manejo de los tanques). Al principio, esos elementos asignados tienen dificultades con Ivushkin y, sobre todo, no están convencidos de que la tarea que se les ha signado pueda tener resultados positivos. En un pequeño poblado, el tanque soviético enfrenta al escuadrón de tanques, logrando abatirlos a todos. En el último duelo entre el T-34 y el Panzer en el que va el oficial alemán Klaus Jäger (Vincenz Kiefer), quien dirige a todo el escuadrón nazi, los dos tanques se disparan a muy corta distancia y al mismo tiempo; ambos quedan destruidos. Sin embargo, Ivushkin es apresado junto con el otro sobreviviente de ese encuentro y llevado a un campo de concentración nazi establecido en Turingia.

La oficialidad nazi que dirige el campo de concentración, además de cuidar a los prisioneros, debe preparar a nuevos reclutas alemanes para después trasladarlos al frente de batalla. Ahí, esa oficialidad planea un entrenamiento en el que tanques alemanes se enfrentarán a un T-34 y lo destruirán. Para lograr su propósito, los oficiales le dan la orden a Ivuhskin de tripular un tanque soviético. Con la ayuda de tres prisioneros soviéticos, Ivushkin se da a la tarea de reparar el T-34 (cuando se introducen al tanque, se encuentran con los cadáveres putrefactos de los que murieron dentro del artefacto cuando el tanque fue inhabilitado; sin embargo, también encuentran municiones; Ivushkin solicita permiso para dar entierro a los cadáveres de sus compatriotas, pero de forma muy astuta esconde las balas dentro de las bolsas en que trasladan esos cadáveres y esos misiles son enterrados junto a los cuerpos de los combatientes.

Los oficiales germanos tienen todo preparado, al grado de que los posibles caminos por los que pudiera escapar el T-34 están minados. Ivushkin y sus soldados logran enterarse de los planes alemanes, pues Anya Yartseva (Irina Starshembaum), la intérprete que traduce del ruso al alemán, y del alemán al ruso les da a conocer a sus compatriotas lo que les va a ocurrir, incluso, dado que tiene cierto derecho a moverse dentro del campo de concentración, logra robar un mapa, que ayuda a los soldados soviéticos a huir. Los prisioneros, encabezados por Ivushkin pretenden llegar al Protectorado Bohemio-Moravio, a 300 kilómetros del campo de concentración.

La lucha de los soviéticos juega un papel central el grado de convicción de la causa que defienden los combatientes, demostrado que la firmeza de sus principios y el alto compromiso ideológico y moral son factores clave para que un ejército triunfe. La cinta T-34 nos dice que una avanzada tecnología, combinada con un factor humano de alta calidad moral, política e ideológica, se vuelve fundamental para el triunfo militar. Así se ha venido demostrando en guerras en las que los pueblos que luchan contra los invasores y depredadores logran vencer a ejércitos mucho más poderosos que ellos. Así ocurrió en China durante la invasión japonesa; así ocurrió en Vietnam cuando el pueblo vietnamita venció al ejército más poderoso del planeta. Así ocurrió en Afganistán y así ha ocurrido y seguirá ocurriendo en cualquier parte del mundo. En la actual guerra en Ucrania se demuestra, cada día que pasa, que la superioridad de Rusia sobre la OTAN no sólo se debe a la superioridad del armamento ruso, sino a la superioridad moral del ejército, que ha ido arrinconando cada vez más a la OTAN en aquella región del mundo. Los ucranianos y todos los mercenarios apoyados por Occidente saldrán derrotados, pues la razón histórica le asiste a Rusia: para esta nación euroasiática no se está librando una guerra regional, sino una batalla que definirá por muchos años el rumbo de todo el planeta. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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