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Brújula
La mujer frente al año que comienza
Es cuestión de tiempo para que los movimientos feministas coincidan y se sumen a los grandes movimientos nacionales.


Es año nuevo. La vida sigue. El tiempo renueva la vida. En el caso de la humanidad, la mujer es la guía. Una sociedad que admire y valore a la mujer es cada vez más necesaria. Si bien la división del trabajo y los modos de producción minimizaron su papel en la producción, sus labores no han dejado de ser valoradas. ¿Cómo explicar la armonía en los hogares y en la sociedad sin su participación? ¿Cómo negar hoy su presencia en la producción en general, las ciencias, las artes, el deporte? Sin embargo, el sistema capitalista continúa relegándola al papel de procreadora de mano de obra barata y, en la medida que puede hacerlo, le paga salarios más bajos por labores similares a las que realizan los hombres.

Es difícil la estabilidad laboral en un mundo forjado por y para hombres. El sistema capitalista promueve, en todas las capas sociales, el egoísmo y la idea de que basta con querer superarse, que todos pueden lograrlo. En el pensamiento individualista la palabra “todos” pierde sentido y cada quien busca su propio bienestar. Y así la vida en pareja suele ser terrible, porque se perpetúa, como lo denuncia La Madre, protagonista de la novela rusa de Máximo Gorki; el machismo se halla presente en las sociedades atrasadas, como la nuestra. Veamos algunos datos:

En el área rural, donde los niveles de pobreza, marginación y el aislamiento son el pan de cada día, la mujer es víctima fácil de la violencia. Los datos indican que la tasa de homicidios en las regiones indígenas, como en el resto del país, han sufrido un incremento. Si se consideran los municipios con mayor marginación, la incidencia de homicidios en las regiones indígenas es mayor a aquellas en las que predominan los mestizos, porque también la tasa de feminicidios es más alta. Pero la violencia contra la mujer se encuentra en todos lados; en 2019, antes de la pandemia, hubo más de 507 mil casos de violencia contra la mujer, así como un total de mil 10 feminicidios, 100 más que en 2018.

Pero durante la pandemia, la violencia contra la mujer ha aumentado y los feminicidios en los primeros seis meses de 2020 crecieron 3.1 por ciento. El confinamiento ha permitido mayor violencia, que se asocia lo mismo a los problemas económicos, a la pérdida de empleos y al hacimiento en los hogares, que a la falta de servicios básicos en las viviendas y de apoyos gubernamentales. Estas variables influyen directamente en la conducta del individuo que padece un encierro similar al de un león enjaulado que desquita su furia en la mujer y sus hijos.

Hay evidencias de que los movimientos feministas han sumado simpatías entre diversos sectores de las clases medias, entre ellos los universitarios, debido al confinamiento y a que sus campañas de denuncia aumentaron después de 2019. En plena pandemia, las mujeres han salido a las calles a protestar por los actos de violencia y barbarie que padecen en sus hogares, y resulta paradójico que estos movimientos, que históricamente se han identificado con la izquierda, no sean escuchados ni atendidos, y sean aun reprendidos por un gobierno que los estigmatiza y condena. 

Es cuestión de tiempo para que los movimientos feministas coincidan y se sumen a los grandes movimientos nacionales, pues la raíz de su problema es la injusta distribución de la riqueza y la explotación degradante del trabajo, que solo ha servido para enriquecer a unas cuantas familias opulentas del país. Estas familias hoy dominan el mercado, las actividades ilícitas y el poder político, por ello no debería extrañar que sean bendecidas por el gobierno actual. La lucha por la reivindicación de la mujer es asunto de todos. Por ello insisto en que, ante un gobierno misógino y violento, las mujeres deben dar su voto de castigo contra quienes las han ignorado y humillado. Las mujeres pueden hacerlos morder el polvo.


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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