Con el nuevo ciclo escolar, el pasado 31 de agosto, la SEP registró menos estudiantes en los niveles preescolar, primaria, secundaria y medio superior.
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Los pueblos aprenden de su experiencia; más aún de sus derrotas que de sus victorias. Y normalmente en su avance hacia el progreso se abren paso mediante ensayo y error. Así ocurrió, por ejemplo, en la elección de 2018, considerada en la propaganda oficial como un tsunami, pero que, dicho sea de paso, conviene dimensionar en sus justos términos. La Lista Nominal de Electores en 2018 era de 89.1 millones; votaron 56.6 millones, 63.5 por ciento del total; por López Obrador, 30.1 millones, 53.2 por ciento de los votantes, pero solo 33 por ciento de la lista total, es decir una tercera parte de los mexicanos en condición de votar; 66 por ciento o no votó, o lo hizo por otro partido.
Los ciudadanos, en su justo y libre derecho, buscando un cambio, decidieron explorar lo que a primera vista parecía una nueva ruta, sin mirar bien a bien a dónde conducía, ni que podría agravar los males sociales, como, a juzgar por los resultados, ocurrió: hoy existen 9.8 millones más de pobres y las clases medias se extinguen. Con un discurso popular antisistema, Morena despertó entusiasmo y grandes y mágicas esperanzas. Su diagnóstico fue correcto, no así su proyecto, y menos su aplicación, que han provocado un desastre. El encanto viene perdiendo poder –aunque es difícil saber en qué medida–, al mostrar Morena su verdadero rostro, y su profunda incongruencia, aspecto este último que pretendo desarrollar aquí.
Ofrecieron democracia, pero dueños de la Cámara de Diputados ejercieron una sobrerrepresentación ilegal, recientemente prohibida por el INE: por ley ningún partido podrá tener más de ocho por ciento de diputaciones sobre las que obtuvo en las urnas; por ésta y otras medidas totalmente legales, hoy el INE ciudadano está en la mira del gobierno: se proponen liquidarlo o convertirlo en dependencia gubernamental subordinada a la Secretaría de Gobernación. Esto, véase bien, cuando fueron los mismos que hoy gobiernan quienes se sumaron al reclamo popular de un organismo electoral autónomo.
El IFE (INE a partir de 2014) inició su actividad en 1990. Antes, la Comisión Federal Electoral, dependiente de la Secretaría de Gobernación y presidida precisamente por el secretario del ramo, organizaba las elecciones federales; creado el IFE, al principio todavía operaba la conducción gubernamental. En 1994 se constituyó la figura de consejeros ciudadanos, designados por la Cámara de Diputados con dos tercios de votos presentes. Finalmente, en 1996 el IFE, ya como organismo autónomo, eligió un consejero presidente.
El PRD de entonces, dirigido principalmente por hoy destacados morenistas, negoció la conformación del nuevo organismo, exigiendo que fueran ciudadanos y estuviera libre de la conducción gubernamental. Al respecto dice Rosario Robles en artículo reciente (El Universal, 11 de abril): “Teniendo ya como sustento el consenso de los principales liderazgos (…) el PRD votó a favor. Un año después, este partido se alzó con el triunfo en la Ciudad de México y con una abultada bancada en la cámara baja; este momento histórico sin duda fue clave para la carrera presidencial de Andrés Manuel López Obrador”. Otro artículo (Romeo Valentín, El Cotidiano, El proyecto político de Ernesto Zedillo y su relación con el PRI, pág. 53, UAM Azcapotzalco, 2012), dice: “… para continuar reformas que aseguraran la transparencia de los comicios y la total imparcialidad del IFE. El primer paso en ese sentido había sido la firma del documento (…) suscrito el 17 de enero de 1995 por el PRI, el PAN y el PRD, más el Partido del Trabajo (PT) (…) Tales compromisos dieron pie a la aprobación unánime, por las dos cámaras del Congreso, de la reforma (…) que, entre otras cosas, reforzó la autonomía del Instituto, al excluir totalmente al Ejecutivo de su integración y, por consecuencia, dejar el manejo de los órganos de dirección, exclusivamente a los consejeros ciudadanos”. Así avanzaba la llamada “transición a la democracia”, de la que se colgó la izquierda, y que incluso reivindica. Pablo Gómez dijo (La Jornada, viernes 23 de mayo de 1997, Cambiar el IFE): “Primero, el gobierno ideó un organismo presidido por el secretario de Gobernación y absolutamente subordinado al Presidente de la República. (…) De Fernando Gutiérrez Barrios a Jorge Carpizo, y de Emilio Chuayffet a Arturo Núñez, solo el gobierno tomó las decisiones en el IFE. El actual secretario de Gobernación sostenía que él era completamente imparcial, a pesar de ser priista, lo cual es imposible, pero no por ser militante político, sino por formar parte del partido oficial mexicano”.
Así pues, solo un IFE de ciudadanos y sin la conducción de Gobernación garantizaría elecciones libres. Todo muy bien, hasta aquí. Pero Morena se inspira como apotegma en aquella expresión atribuida a Groucho Marx: “éstos son mis principios, y si no les gustan, tengo otros”. Fieles a su credo, el Presidente y sus cofrades pretenden liquidar al INE, o ponerlo bajo el control de ¡la Secretaría de Gobernación!, en una lógica que evidencia un pragmatismo escalofriante: si estamos en la oposición exigimos que se ciudadanice el organismo electoral y afirmamos que su control oficial afecta la democracia; ahora en el poder, exigimos que el gobierno maneje las elecciones. Y no es broma; si ganan la mayoría calificada, lo harán. ¡En qué manos estamos!
Y así como esta traición a la confianza ciudadana, hay muchas. Veamos solo algunas. Cuestionaban el otorgamiento de contratos gubernamentales para proteger a empresarios ligados al sistema; hoy Morena hace lo mismo, convirtiendo en norma la asignación directa. Cuando estaban abajo reivindicaban el derecho de manifestación (López Obrador lo empleó hasta el abuso); hoy, desde el poder, lo criminalizan, y se persigue a quienes intenten ejercerlo. Incluso han abandonado a aliados suyos pertenecientes a organizaciones, sobre todo campesinas, pero también a normalistas, profesores de la CNTE, o el caso mismo de Ayotzinapa no resuelto aún, casi ya a mitad de sexenio.
Se declaran juaristas, como ornamento, pues Juárez era profundamente federalista; y hoy, en su nombre, se dinamita el pacto federal, imponiendo un modelo más cercano al de Santa Anna en los últimos años (1853-1855), abierta dictadura, que creó un rechazo social que la llevaría a su fin con el movimiento de Reforma, inicialmente lanzado por don Juan Álvarez y Comonfort en 1854, y encabezado más tarde por don Benito Juárez. Muy juarista, Morena suprimió el Ramo 23 y redujo drásticamente el gasto federalizado (recursos presupuestarios para estados y municipios), y pretende someter a gobiernos estatales condicionándoles recursos y mediante ilegal injerencia, paladinamente confesada, en la elección de gobernadores, para imponer incondicionales. ¿No que eso estaba mal y era inmoral? Juraron respetar la Constitución y atropellan a los poderes Legislativo y Judicial, contrapesos del Ejecutivo.
En fin, lo que vemos no es la ofrecida solución de los grandes problemas nacionales, y sí en cambio el huevo de la serpiente de una dictadura.
Con el nuevo ciclo escolar, el pasado 31 de agosto, la SEP registró menos estudiantes en los niveles preescolar, primaria, secundaria y medio superior.
Cuando veían la solución cerca, un amparo interpuesto por un diputado de Morena está retrasando nuevamente el proceso.
Si ganan en 2027, la forma de administrar será la misma: gobernar con tarjetitas y comprar las conciencias de los mexicanos.
Con Quintana Roo, Zacatecas y Baja California, Morena llegó a 10 de 17 coordinaciones estatales rumbo a las elecciones de 2027; aún quedan por definir siete entidades.
El legislador ofreció una disculpa y aseguró que su expresión se refería a recurrir a la vía legal; Claudia Sheinbaum condenó el mensaje y expresó solidaridad con el periodista.
El Partido del Trabajo plantea mantener la coalición con Morena y PVEM para consolidar la 4T, aunque reconoce que electoralmente le convendría competir solo; propone la figura de candidatura común.
Movimiento Ciudadano rechazó el llamado del PRI a construir un frente opositor contra Morena y aseguró que competirá solo en 2027; el partido naranja cuestionó la trayectoria de priistas y panistas y sostuvo que no necesita al bloque opositor para disputar espacios en la capital.
La coordinadora del PRI en el Congreso capitalino, Tania Larios, acusó a Movimiento Ciudadano de favorecer a Morena al dividir el voto opositor y llamó a construir una alianza con el PAN rumbo a las elecciones de 2027.
PAN, PRI y MC se ubican en 11, 9 y 9 por ciento, respectivamente; Morena alcanza 48 por ciento de preferencia efectiva, mientras 28 por ciento de los encuestados no declara preferencia.
Este año tampoco habrá presupuesto para resolver las necesidades de los mexicanos más necesitados.
El informe de la Presidenta fue una “mañanera” más con tintes propagandísticos y el pretexto supremo para continuar su campaña electoral adelantada.
Los hechos demostraron que no basta con sustituir un partido por otro para desmontar las redes de intereses constituidas alrededor del presupuesto público.
La presidenta reportó nuevos hospitales, mayor atención médica y 156 mil lugares adicionales en preparatoria; organizaciones e indicadores educativos señalan que persisten problemas de abasto, cobertura y aprendizaje
La mandataria destinó sólo 3 minutos a enlistar los resultados en materia de seguridad, el resto fueron sólo agradecimientos.
La bancada de Morena en el Congreso capitalino anunció que impulsará una iniciativa para regular el incremento de las rentas y crear una defensoría especializada; también prevé retomar el Plan General de Desarrollo, pendiente desde hace varios años.
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Escrito por Abel Pérez Zamorano
Doctor en Economía por la London School of Economics. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo.