Las personas de a pie tardan en sobreponerse a los gastos de diciembre y los primeros gastos de enero; literalmente “quedan gastados”.
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¿Cómo no recordar el brevísimo cuento de Augusto Monterroso: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía ahí”? Sí, aplica perfectamente a la política mexicana. Durante sus muchos años en el poder, el partido de la llamada “dictadura perfecta” cambió su piel de tricolor a blanquiazul; pero como es un reptil prehistórico y futurista, desde hace una década, luce el color guinda para continuar engañando perversamente al pueblo mexicano. Al final, son los rostros de siempre: porque para ellos, lo importante consiste en mantenerse en el poder, gozar los privilegios y recursos ilimitados y, al igual que las sanguijuelas, seguir parasitando en cargos públicos y representación popular como funcionarios o políticos de partido para creer que están por encima del resto de la población.
Pero de esta inmovilidad no se han percatado todavía los más “talentosos” periodistas, así como tampoco de la disipada y corrupta vida que se dan los socios, directivos y gerentes del corporativo Morena Inc.; sólo porque de la noche a la mañana éstos adoptaron el lenguaje de las masas y ahora hablan de justicia social, “primero los pobres”, incluso de socialismo. Pero no hay sorpresas: los dinosaurios han vuelto o, para decirlo mejor, siempre han estado aquí. ¿Qué de raro tiene que en una encuesta reciente, los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y Movimiento Ciudadano (MC) enfrenten una crisis terrible de credibilidad ciudadana?
Si, efectivamente, para muchos ciudadanos está bien claro que la clase política tradicional se encuentra en Morena; es decir, que se hallan a la deriva porque no existe una organización partidista que defienda sus intereses y que solamente les queda esperar que ocurra algo parecido a un milagro; aunque este tipo de milagros sucedan rara vez. Pero además, el grupo gobernante, ensoberbecido por su popularidad entre las masas, ya no trabaja; y a una velocidad nunca vista, la Caja de Pandora ha soltado al viento males como el desempleo y la inflación frente a los que nada pueden hacer la economía interna y los sistemas de salud, educación y transporte. Ni qué argumentar de las familias dependientes de las remesas de migrantes radicados en Estados Unidos: ahora viven en la mayor incertidumbre debido a la política represiva del presidente estadounidense Donald Trump.
¿A los gobernantes de hoy les interesa cuidar las formas frente a los electores? La respuesta a esta pregunta es no; porque son conscientes de que la oposición se halla en sus filas; porque son libres para actuar, hacer y deshacer; y porque pueden usar el erario y los programas asistencialistas para comprar el voto de los ciudadanos más empobrecidos y el de los clasemedieros y emplear su maquinaria de propaganda para anunciar logros que solamente son humo, porque en realidad, el bienestar colectivo se ha perdido. Ni qué decir de la paz, porque la siniestra y exterminadora violencia de los grupos del crimen organizado mantiene a la población paralizada por el terror, del que también están aprovechándose los gobernantes.
El deterioro del nivel de vida y las injusticias que hoy mantienen al pueblo al borde del precipicio provocan que, tarde o temprano, surja una oposición genuina con verdadera vocación revolucionaria que acceda al poder y satisfaga realmente las necesidades de los humildes. Mientras tanto, aprendamos a vivir entre los saurios.
Las personas de a pie tardan en sobreponerse a los gastos de diciembre y los primeros gastos de enero; literalmente “quedan gastados”.
México enfrenta un problema significativo de detenciones arbitrarias que, según la ONU, derivan frecuentemente en tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales.
El convulso panorama actual no anuncia nada nuevo para este año: la economía nacional es un desastre.
Como en los tiempos de la Santa Inquisición, y con un árbitro internacional que sólo es decorativo, al presidente de marras le basta acusar a tal o cual de tener pacto con el diablo y para declararlo culpable sin pruebas ni evidencias.
Un gobierno progresista debe, sobre todo, atender la espiritualidad de sus ciudadanos.
Culminó 2025; el año terminó y el tiempo sigue inexorable.
Se echan las campanas al vuelo, se claman vítores de alegría, apapachos y felicitaciones, confeti, fiesta y celebración por el nuevo aumento del 13 por ciento al salario mínimo
Un cuarto de la población de México vive en el campo.
La titular del Ejecutivo señala que hay motivos suficientes para festejar.
Los morenistas creen ingenuamente que con replicar sus falacias y responsabilizar a los gobiernos del pasado pueden deslindarse del mandato constitucional de gobernar bien.
Los problemas generacionales no son de ahora, sino de siempre, porque la nostalgia y las añoranzas de los individuos de la época anterior los hace pensar que el “pasado siempre fue mejor” o que “antes las cosas eran mejores que ahora”.
Los Días de Muertos conforman una jornada de festividades fundamentales para los mexicanos, porque en ella se recuerda a los seres queridos con dolor y nostalgia.
Ningún gobierno aceptará que le digan que no está haciendo bien las cosas, y mucho menos que la gente agraviada le reclame.
Gran revuelo ha provocado en los grupos izquierdistas de Chihuahua el decreto publicado el pasado siete de octubre, que prohíbe el lenguaje inclusivo en el sistema educativo estatal, pese a que durante años aquél ha sido uno de sus principales objetivos de lucha.
Los científicos sociales han estudiado las pasiones con detalle y cada uno lo hizo a su manera.
Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA