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Philias
El adulterio en la naturaleza
¿Es normal el adulterio en la naturaleza? Para respondernos analizaremos el comportamiento reproductivo de algunas especies. Tomando como ejemplo a mamíferos y aves, la monogamia existe, pero no es la regla en el mundo natural.


La reproducción es un mecanismo indispensable en la naturaleza para perpetuar las especies. El cuidado parental de las crías y las relaciones entre los miembros de la pareja se manifiestan de distintas maneras en el mundo natural. A grandes rasgos, podemos clasificar estos comportamientos en dos: monogamia y poligamia.

La monogamia se define como las acciones conductuales orientadas a mantener una relación de pareja con un solo individuo (mono-uno, gamos-matrimonio). A su vez, existen dos tipos de monogamia: la sexual y la social. Para ejemplificar esto hablaremos del ser humano: cuando las relaciones sexuales son exclusivas con la pareja se habla de monogamia sexual, en cambio, cuando se establecen en parejas sin que esto implique la exclusividad sexual sino solo la convivencia se habla de monogamia social.

La poligamia (poli-muchos, gamos-unión) es el opuesto a la monogamia, se define como las relaciones en donde se tienen varias parejas sexuales.

Los seres humanos se establecen en parejas para la formación de una familia y bajo normas jurídicas y morales mantienen fidelidad con su par. Sin embargo, esa fidelidad puede verse rota por la tendencia al adulterio. Pero, ¿qué pasa con el resto de seres vivos? ¿Es normal el adulterio en la naturaleza? Para respondernos analizaremos el comportamiento reproductivo de algunas especies. Cabe aclarar que el objetivo no es equiparar los comportamientos humanos con los animales, puesto que los humanos vivimos en sociedades muy distintas a las de los animales sociales.

Los mamíferos son en su mayoría polígamos: dentro de la clase Mamallia, un 97 por ciento de las especies son polígamas. En el tres por ciento de especies de mamíferos monógamos se encuentra el dik dik, (Madoqua) y el castor (Castor). Sin embargo, estudios científicos han demostrado que la monogamia ha evolucionado en ciertos casos porque responde más bien a necesidades de la especie: 1) de alimentar a las crías y ayudar en su desarrollo, ya que de esta forma se pueden compartir responsabilidades del cuidado parental entre ambos sexos y ello incrementa el bienestar de su prole; 2) los machos deciden emparejarse para conservar a su compañera en contextos de pocas hembras y recursos; 3) los padres de algunas especies necesitan invertir mucho tiempo y energía para criar una descendencia viable, no tienen tiempo ni recursos ecológicos suficientes como para dedicarse a hacer cada año un cortejo (aplica más en las aves, dadas sus extensas migraciones). Otra hipótesis es que la monogamia ha evolucionado en los mamíferos no humanos en los que las hembras fértiles no se relacionan entre ellas, y en especies y contextos en los que la cantidad de hembras es tan baja que los machos serían incapaces de monopolizar y conservar a múltiples hembras frente a otros machos competidores.

Contrario a los mamíferos, las aves son el modelo de la monogamia: el 90 por ciento de sus especies son monógamas, muchas son conocidas por su fidelidad y por sus muestras de “amor”. Es el caso de los agapornis (Agapornis) o los pingüinos (Spheniscidae), pero, a pesar de su aparente fidelidad, se ha demostrado que estas especies cometen adulterio, cuckoldry, mejor llamado, copulaciones extra-pareja; el 75 por ciento de la descendencia en una población es producto de estos comportamientos “fuera del matrimonio”. Un estudio sobre el pájaro picogordo azul (Passerina caerulea) reveló que, en una pareja, la hembra es proclive a buscar otro macho con plumas más coloridas, por lo que su pareja adopta comportamientos agresivos con la intención de “proteger” a su compañera. Cuando los vecinos tienen plumaje colorido, el macho adopta comportamientos hostiles más intensos que cuando los vecinos tienen plumas opacas. A pesar de los intentos del macho por proteger a la pareja, el 70 por ciento de los nidos de picogordo azul contiene una fecundación extra-pareja y el 53 por ciento de los polluelos son producto de esta copulación.

Tomando como ejemplo a mamíferos y aves, podemos decir que la monogamia existe, pero que no es la regla en el mundo natural; el adulterio es natural y sucede con mayor frecuencia de la que esperaríamos. Las relaciones en la naturaleza son complejas, pero, “infieles” o no, los organismos buscan su reproducción para la continuidad de su especie.


Escrito por Celina Aguiar Parra

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