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editorial
Dos políticas migratorias de AMLO
El respeto a los derechos humanos de los migrantes, anunciado por AMLO durante su campaña, dio un giro de 180 grados una vez que asumió el poder; ahora la estrategia consiste en contenerlos, reprimirlos y deportarlos a sus países de origen.


La política migratoria humanitaria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), una de sus promesas de campaña como candidato presidencial, fue un factor que atrajo o incrementó el flujo de migrantes de Centroamérica y el Caribe hacia México, fenómeno que ha puesto en apuros al gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T), que se encuentra ante una nueva crisis que ni la represión ni la deportación han podido frenar, mientras las oleadas de migrantes continúan en tránsito hacia Estados Unidos (EE. UU.). La 4T, que no ha podido salir de las crisis económica y sanitaria, ahora tiene que apoyar a su socio del norte: el buen vecino imperialista.

El respeto a los derechos humanos de las personas en tránsito por territorio nacional, anunciado insistentemente por AMLO durante su campaña, dio un giro de 180 grados una vez que asumió el poder; ahora la estrategia consiste en contener, reprimir y deportar a los migrantes a sus países de origen. Es imposible saber si aquellas atractivas promesas que incluían la oferta de empleos y regularización, eran mentiras conscientes o buenas intenciones poco meditadas y, por lo tanto, afirmaciones hechas a la ligera; como quiera que fuese, lo importante es que los ofrecimientos se estrellaron con la realidad, con los intereses de EE. UU. y la política migratoria del gobierno yanqui. Servir a estos intereses es una política diametralmente opuesta a la anunciada en su campaña presidencial.

El gobierno mexicano sirve a estos intereses, llevando a cabo una tarea que no le corresponde; y sin reparar en lo vergonzoso que es realizar este trabajo sucio. Sin duda, el gobierno estadounidense contempla con satisfacción que la frontera sur de México se haya convertido en un muro contra los migrantes latinoamericanos y que el gobierno de AMLO se haga cargo de la deportación de éstos.

En 2019, el Gobierno Federal declaró que en México no existe ningún acuerdo vinculante con EE. UU. para responder al aumento del flujo de personas procedentes de Centroamérica que deseen transitar hacia aquel país en busca de oportunidades de desarrollo y protección. Ésta era una política migratoria humanitaria, regida por la protección a los derechos humanos de los indocumentados, que evitaría condenarlos a la marginación y la precariedad. Pero el cambio de política y las deportaciones dicen lo contrario; o bien, que no hacía falta ese acuerdo entre los dos gobiernos porque el mexicano se prestó muy solícito a servir al interés del buen vecino imperialista.

Con todo, las oleadas de migrantes, alentadas por las promesas favorables de AMLO y las declaraciones de Biden de suavizar la política migratoria de su antecesor, se han disparado en la frontera sur provocando una situación social muy complicada para nuestro país ya agobiado por el mal manejo de la pandemia y la crisis económica, fenómenos en los que mucho tiene que ver la errónea política de la 4T. 


Escrito por Redacción


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