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Según algunos medios norteamericanos, entre otros Newsweek, ya se discute abiertamente que el conflicto en Ucrania no existiría sin la intervención estadounidense. Es un ejemplo más del cambio de tendencia en la información sobre el conflicto ucraniano. Los medios “oficiosos” del establishment están preparando a la opinión pública para el inevitable cambio en la cúpula de Kiev.
El presidente ucraniano se juega el prestigio en Avdeevka. La derrota militar que se avecina provoca que múltiples revistas de análisis antes pro-ucranianas, como Foreing Affairs o Wall Street Journal, incluso políticos como el presidente checo, se unan a un coro de voces que ven a Ucrania como derrotada y piden la negociación antes de perder aún más territorio. El portal de noticias japonés Yahoo News Japan va incluso más lejos al señalar como responsables de la guerra a Ucrania y Occidente: “Podemos decir que Ucrania se dejó seducir inicialmente por esto, ‘lo compró’, provocó imprudentemente a Rusia y entró en conflicto con ella”.
Hay en este conflicto un factor relevante. Los últimos bastiones periodísticos que buscaban una cierta objetividad han caído e inevitablemente se han convertido en mera propaganda de parte. Orwell acertó plenamente cuando en su célebre y distópica novela 1984 advertía que: “la guerra es paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”. Lo hemos denunciado desde hace mucho; las fuentes de noticias sobre Ucrania tienen únicamente tres orígenes: el gobierno ucraniano, el norteamericano y el de Reino Unido. Ha sido preciso el trabajo coordinado de los “leguleyos de la pluma” para crear en la opinión pública una feroz idea anti-rusa. La mayoría de los periodistas y analistas tanto “conservadores” como “izquierdistas” se pusieron a la orden de los intereses económicos y crearon el relato adecuado. Los pocos materiales veraces que aún persistían están siendo perseguidos y censurados. Todo lo que escapa del discurso oficial es tildado de pro-ruso y antidemocrático. Hemos de reconocer que sus esfuerzos tuvieron éxito en los primeros meses del conflicto. En este momento, el cansancio comienza a hacer mella en Occidente en el nivel de cancillerías y de la opinión pública. Los recortes sociales aún no se han identificado como resultado de la escalada militar, pero es cuestión de tiempo.
Frente al cambio de actitud que se percibe, los medios se ven en la obligación de justificarse. No es problema: la ética periodística hace tiempo que no se enseña en las universidades.
En la medida que las derrotas militares se suceden (la contraofensiva ha representado una auténtica catástrofe militar para Kiev), decenas de miles de bajas, miles de piezas de material destruidas… todo para nada. El pasado 15 de octubre, Vladimir Putin, anunciaba que la tan cacareada contraofensiva había fracasado; lo confirman incluso las fuentes occidentales… según los informes rusos, las bajas ucranianas superan las 90 mil. Las ofensivas parciales, en otros frentes, no han conseguido ganar terreno, bien al contrario: es el ejército ruso el que avanza. El costo para Ucrania ha sido espantoso. Se están acabando las reservas humanas y se recurre a adolescentes y mujeres para cubrir los huecos en primera línea. La verdad de la situación militar ya no puede acallarla la propaganda; está saliendo a la luz. Las confesiones de los soldados muestran un escenario dantesco, enorme mortandad, corrupción en el reclutamiento, falta de suministros básicos que son robados y vendidos…La situación es tal que la nueva oleada de reclutamiento forzoso no podrá cubrir los huecos enormes que se producen en las filas del ejército de Ucrania. Los grandes financiadores de esta guerra, especialmente EE. UU., ya saben que no recuperarán la inversión hecha, unos 130 mil millones de dólares hasta el momento. Se pretende que sea la UE la que financie el esfuerzo de guerra. Serán los servicios públicos los grandes afectados. Los ajustes presupuestarios, los recortes sociales en pensiones, educación o sanidad, ligados a la privatización que se acelerará aún más, son una de las consecuencias. La crisis económica en la que se ve envuelta la UE a consecuencia de las sanciones económicas contra Rusia es el caldo de cultivo para que las fuerzas centrifugas de algunos países tensen aún más las costuras de esta organización.
Se barrunta un cambio de gobierno: Zelensky ha dejado de ser el político de moda y comienza a aparecer como el apestado en la reunión. La lucha en la cúpula de Kiev se encona. El enfrentamiento interno entre el Presidente y su jefe de estado mayor Zaluzhny ha aflorado. Ha sido el diario The Sunday Times quien lo ha dado a conocer. Otros diarios, como el Times, analizan la probable evolución desde otra perspectiva. Sostienen que la economía rusa, al contrario de lo que creía Occidente, no se ha derrumbado; para el diario ésa es la clave de la actual situación. Bloomberg, por su parte, confirmó que Moscú obtendría un enorme superávit comercial (75 mil millones de dólares) en este ejercicio. Las sanciones diseñadas para ahogar al país han fracasado. Por ejemplo: el tope del precio al petróleo impuesto por la UE no se cumple, los mismos países europeos son los que compran el petróleo y gas ruso a través de terceros países reventando los precios. Es una política de locos. Occidente se da cuenta ahora de que Moscú cuenta con poderosos amigos y que la industria rusa es capaz de producir más y mejor material de guerra que 27 países occidentales juntos. La debilidad de la potencia industrial occidental ha quedado en evidencia. Occidente entregará sólo un tercio del millón de proyectiles prometidos para este año, mientras la industria rusa es capaz de fabricar esa misma cantidad en un mes. En paralelo a la reducción de la ayuda militar mengua el apoyo político a Zelensky. El congreso norteamericano dominado por los Republicanos piensa que Ucrania es menos importante que Israel. Por otra parte, la ayuda financiera a Ucrania acaba en manos no sólo de los oligarcas ucranianos, sino que financia a los miembros del partido Demócrata (los negocios sucios del hijo de Biden son un ejemplo). De alguna forma los Republicanos, al reducir la ayuda a Ucrania, se aseguran una mejor posición en la contienda electoral. La petición que ha realizado Zelensky para entrevistarse con Trump tiene como finalidad asegurar la financiación de la guerra si el expresidente recupera la presidencia.
El 15 de noviembre, el director de la CIA, William Burns, visitó Kiev. Fue un encuentro casi clandestino para los medios ucranianos. Burns trajo malas noticias: hay que reducir o suspender la ayuda financiera y hay que congelar la situación y olvidarse de avances, que sólo se dan sobre el papel. Incluso se insinuó lo que es anatema para Zelensky: congelar la guerra a costa de pérdidas territoriales. Porque como intuíamos, ni Occidente ni Estados Unidos están preparados para luchar en tres frentes.
La guerra continuará y las fuerzas de Kiev intentarán vender cualquier avance como un heroico triunfo. A falta de capacidad ofensiva, se intentará estabilizarla tanto como puedan. El problema es que difícilmente el ejército ruso va a estar de acuerdo. Para EE. UU., seguir manteniendo esta guerra y otras como la de Gaza o la presión sobre China se ha convertido en una necesidad imperiosa para mantener su tejido industrial. La economía norteamericana depende, en gran parte, del complejo militar para subsistir. Rusia, desde 1991, ha participado en cinco operaciones militares fuera de su territorio; EE. UU. lo ha hecho en 215. Los junta-letras al servicio de los poderosos acusan a Moscú de imperialista. Los números hablan por sí solos, ¿quién es el imperialista?
La OTAN está muy lejos de entender la nueva realidad y los inéditos escenarios que se abren. Se creó para apoyar y generar guerras de agresión, y es por ello que sigue manteniendo el mismo sonsonete: “Si queremos una solución pacífica negociada para Ucrania, debemos brindarle apoyo militar. Ésa es la única manera”, dijo en su día el Secretario general de esa organización en el Foro Económico Mundial de Davos. El euro-parlamento, repleto a su vez de funcionarios al servicio de los grupos armamentísticos, es incapaz de estructurar un discurso alternativo y los gobiernos no sólo son serviles, sino que trabajan contra sus propios pueblos.
El tiempo está del lado de Rusia, la economía rusa está en auge. Puede sostener el esfuerzo de guerra. Moscú tiene verdaderos amigos y aliados que lo apoyan, una enorme reserva de mano de obra sin explotar, y el presidente Putin es políticamente inexpugnable.Básicamente, Kiev, una vez defenestrado Zelensky, podría desear un alto el fuego planteado como señuelo o como trampa para poner nuevamente a la opinión pública a favor de Kiev y pasar nuevamente el cepillo para que sea la UE quien pague esta vez la corrupción del gobierno ucraniano.
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Escrito por Eduardo Luque .
Autor de "Asalto a la educación", "La reforma educativa del PP", y "Nos quieren más tontos". Colaborador de El Viejo Topo.