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La fase 3 y el personal de salud
México no está preparado para atender la pandemia como es debido y se ha preferido invertir en elefantes blancos como el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el Aeropuerto de Santa Lucía.
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Llegamos a la fase 3 de la pandemia del Covid-19, la de mayor contagio posible; pero el personal médico del Sistema Nacional de Salud no ha recibido de las autoridades federales los utensilios de protección indispensables para su vital desempeño. Y, por si fuera poco, la falta de personal sanitario con relación al verdadero número de pacientes infectados, sospechosos y muertos nos ubica en un escenario nebuloso.  Como botones de muestra expongo dos casos en los que varias personas –cuya identidad me reservo para evitarles problemas de seguridad individual– sufren en carne propia esa lamentable realidad.

Una enfermera de uno de los hospitales de la región de Texcoco me solicitó desesperada, y con voz entrecortada, que la ayudara con un donativo para adquirir los uniformes que ella y sus compañeras necesitan para protegerse del Covid-19. Me indicó que las autoridades estatal y federal no les habían enviado el equipo adecuado y que utilizaban uno que no era de buena calidad, el cual debieron abandonar porque lo han usado muchas veces. Con mucho gusto hicimos el donativo y al recibirlo, la enfermera y sus compañeras lo agradecieron con emoción sincera, incluso con lágrimas.

En una plática con directivos de uno de los hospitales de la misma región, confirmaron que son pocos los apoyos oficiales que han recibido, y destacaron el gran hermetismo que hay entre las autoridades de salud tanto del Estado de México (Edomex) como de la Federación, respecto a la información sobre el número real de infectados y muertos por el Covid-19, así como del manejo de las pruebas de laboratorio que se han realizado.

Con relación a este asunto, los directivos nos advirtieron que las pruebas para detectar el Covid-19 se hacen a capricho de las autoridades y que muchas de las muestras de casos sospechosos, que se han enviado para confirmación, no tienen respuesta o remiten como negativas. Ése fue el caso de una persona cuya sintomatología era la propia de un infectado por Covid-19, quien, al morir sin conocerse el resultado de la muestra en su acta de defunción, debió ser declarado muerto por “neumonía atípica con sospecha de Covid-19”. Es decir, murió solo como sospechoso, no como víctima de la pandemia ¿Es éste el único caso en el que se ocultan las cifras? ¿Es ésta una de las artimañas perversas del Gobierno de México para dar la impresión de que “vamos bien” cuando, en realidad, las cosas están mucho peor?

Sin embargo, otro de los resultados perversos de las acciones irresponsables del Gobierno Federal y algunos gobiernos estatales son los ataques físicos y verbales que ciertos individuos y grupos de la población realizan contra el personal de salud. Estas acciones evidencian sentimientos de desatención, impotencia y desesperación en el pueblo; pero no se han enfocado contra los responsables del problema sino contra el personal de salud que, aun sin los recursos suficientes, se esfuerza por atender a los enfermos y ser fiel al juramento hipocrático:

“Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte; compartir con él mis bienes y asistirle en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos; enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos y a los hijos de mis maestros, y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento, según costumbre, pero a nadie más. En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia. Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura. No tallaré cálculos, sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas. En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos. Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien; si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable. Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario”.

Hasta el miércoles de la semana pasada, se contaban 21 ataques contra el heroico personal de salud en la Ciudad de México (CDMX), Edomex, Yucatán, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Guerrero, Jalisco, Morelos, Coahuila, Quintana Roo y Durango. La rabia popular se ha canalizado incorrectamente contra quienes están en la primera trinchera de lucha y sin el equipamiento adecuado; todo ello por las malas decisiones del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T).

México no está bien en materia de salud y no vemos que el Instituto Nacional para el Bienestar (Insabi) sea la solución. Según un estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) 2019, en el país se invierte 6.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en salud; mientras que, en los otros países miembros de esta institución, el promedio de inversión corresponde a 8.9 por ciento. Este estudio dice también que aquí anualmente se gastan mil 138 dólares per cápita y que el promedio de ese mismo gasto en los demás países de la OCDE se encuentra en tres mil 994 dólares, es decir, 3.5 veces más que en nuestro país. México tiene, en promedio, 2.4 médicos y 2.9 enfermeras por cada mil habitantes; pero en las otras naciones de la OCDE hay 3.5 médicos y 8.8 enfermeras por cada mil habitantes. La proporción del personal de enfermería respecto a los médicos es de 1.2 a uno en nuestro país, y de 2.7 en los otros países de la OCDE[1]. En el país hay apenas 1.4 camas de hospital por cada mil habitantes, mientras que en China hay 4.3; en Italia, 3.2; y en España, tres. Es decir, la pandemia del Covid-19 nos encontró mal.

Según los datos de la Secretaría de Salud (SS) –que tal vez sean “otros datos”– en cuanto a los pacientes que requerirían hospitalización, “aunque sin requerir terapia intensiva, el cálculo es de 24 mil 564 personas; mientras que 10 mil 528 personas sí podrían necesitarla”. Sin embargo, “la red de hospitales públicos de todo el país, y que incluye los de la SS, IMSS, ISSSTE, Petróleos Mexicanos, los de las secretarías de Marina y Defensa Nacional disponen de alrededor de tres mil camas para cuidados intensivos y atender a los pacientes que se encuentren gravemente enfermos por este coronavirus”, precisó, durante conferencia de prensa, Gustavo Reyes Terán, titular de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE)”. De acuerdo con información de la SS, “el IMSS tiene mil 867 de estas camas y dos mil 565 ventiladores para soporte respiratorio; el ISSSTE, 551 camas y tres mil 64 ventiladores; Pemex, 102 y 103, respectivamente; y Salud (con sus hospitales de alta especialidad) tiene 218 camas y 443 ventiladores”[2].

Como se ve, México no está preparado para atender la pandemia como es debido y se ha preferido invertir en elefantes blancos como el Tren Maya, la refinería Dos Bocas y el Aeropuerto Civil de Santa Lucía, en vez de invertir en hospitales, equipos médicos y de elevar significativamente el sueldo al personal de salud. El Movimiento Antorchista se solidariza con el personal médico; lo tiene muy en alto y le tiende la mano. Llegará el momento en el que el pueblo gobierne este país y será en ese momento cuando se valore suficientemente a los médicos, a las enfermeras y a todo el personal de salud. 

 

[1] https://www.oecd.org/health/health-systems/Health-at-a-Glance-2019-Cómo-se-compara-México.pdf

 

[2] https://www.animalpolitico.com/2020/03/pocas-camas-hospital-baja-proporcion-medicos-enfrentaria-mexico-covid-19/

 


Escrito por Brasil Acosta Peña

Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.


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