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Nacional
Inundaciones se llevan el patrimonio de los chimalhuacanos
La falta de mantenimiento en el sistema de aguas, ocasionó que esa tarde, una de las bombas fallara en la marcha.


Ha pasado más de una semana, y el olor fétido de aguas negras sigue impregnado en los hogares, muebles y ropa de los chimalhuacanos. La tarde del 26 de junio, el Canal de la Compañía -uno de los ríos más peligrosos por las altas cantidades de químicos tóxicos que arrojan las empresas- se desbordó e inundó parte de la colonia San Lorenzo. Esa tarde, las fuertes corrientes de agua negra se llevaron el patrimonio de Margarita Olvera y su esposo, mismo que venían construyendo desde 44 años para sus hijos y nietos.

Hasta ahora, las consecuencias del desbordamiento del Canal de la Compañía siguen siendo incalculables, pero la inundación pudo evitarse con el mantenimiento del cárcamo de bombeo que es operado por el Organismo Descentralizado de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento (Odapas) de Chimalhuacán, en el Estado de México.

La falta de mantenimiento en el sistema de aguas, ocasionó que esa tarde, una de las bombas fallara en la marcha. Solo quedó una bomba en funciones, pero no fue suficiente. La gran cantidad de agua, sumada a las enormes cantidades de basura que la fuerza de la corriente arrastró y que quedó atorada en las rejillas de succión, provocó las inundaciones que afectaron a más de cinco mil familias chimalhuaquenses.

En este municipio del oriente mexiquense, los barrios San Lorenzo, San Agustín Atlapulco, San Juan Xochitenco y otros, quedaron bajo el agua en minutos, tragedia que no vivían desde 2013.

Mario Valverde, operador de las instalaciones, aseguró que fueron varias las solicitudes que hizo al Ayuntamiento para pedir el mantenimiento del lugar, pero nunca hubo respuesta. 

Chimlahuacán es uno de los cinco municipios de alta marginación social en el Estado de México. Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), evidenciaron que la entidad cuenta con 8 millones de mexiquenses en situación de marginalidad, es el 48.8 por ciento de la población. 

Con 493 mil habitantes en situación de marginación –el 63 por ciento­– Chimalhuacán es el cuarto municipio con más pobres del estado, solo después de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Toluca. 

En esa cifra se contabiliza a Margarita, una mujer de la tercera edad que vive junto a su esposo y cuya única fuente de ingresos es lo que recibe de propinas. La mujer de pelo corto color cobrizo, contó a buzos que ambos tienen que sobrevivir con el poco dinero que perciben porque “no les alcanza para todo de la casa”. Para Margarita, el 26 de junio fue un día trágico; llena de lágrimas, narró que “perdió hasta el mandado, su licuadora, su sala...”, provocándole, dijo, “tristeza”. 

Estaba sola cuando los niveles de agua comenzaron a subir rápidamente, sin que tuviera posibilidad de guardar sus pertenencias. La tragedia no terminó el día de la inundación; a su avanzada edad, se vio obligada a limpiar ella sola con su pequeño nieto, su destrozada casa, porque tanto su hija como su esposo tenían que salir trabajar.

Por desgracia, tampoco pudo recibir lo único que el Ayuntamiento de la edil Xóchitl Flores Jiménez se dignó a dar a los damnificados: una cobija y una despensa, pues el día en que distribuyeron las despensas, la bomba de su cisterna se descompuso y tuvo que salir a buscar el remplazo.

Situación parecida es la de Delfina Mejía. Su hogar es pequeño y muy modesto. Todos los días, mientras su hija sale a trabajar, ella cuida a su nieta de seis años. El día de la inundación, vio como de las coladeras del drenaje “brotaba el agua” hasta alcanzar una altura de más de un metro. No pudo proteger nada porque las paredes de su casa son plásticos de color negro. 

Ahora ella vive entre ropa sucia y mojada, algunos muebles que ya son basura y sin trastes para cocinar. Comparte su tragedia, sus espacios y hasta lo poco que tiene de comer con sus pollos y sus patos, porque no tiene más opciones. 

Pequeños negocios como la carpintería de Joel Figueroa también sufrieron afectaciones. Él perdió toda la madera, desde la más barata hasta la más cara, algunos trabajos terminados y herramientas quedaron inservibles. Todo ello se traduce en una enorme pérdida económica para su bolsillo y sustento familiar. 

Si bien es cierto que no es la única vez que ocurre una inundación, en esta ocasión las familias afectadas fueron abandonadas, principalmente, por las autoridades municipales.

De acuerdo con los afectados, los pocos apoyos entregados por el DIF municipal fueron kits de limpieza que no contaban con lo necesario para sanear sus viviendas; el supuesto censo levantado por el mismo personal no fue equitativo, solo incluyeron a personas que simpatizan con el partido Morena. 

El Ayuntamiento afirmó que fueron retirados más de 220 camiones de lodo, desechos y basura en calles y avenidas de las zonas afectadas, pero los ciudadanos denuncian que las acciones son pocas en comparación con la magnitud del desastre. Además, exigieron el desazolve del drenaje. 

Los vecinos se han unido para visibilizar lo que viven y reiteran sus llamados a las autoridades para atenderlos ante el peligro de otra inundación; en palabras de Joel, antes de que “se chingue todo” por lo que han trabajado. El temor más grande es la generación y propagación de enfermedades por el contacto directo con aguas sucias y residuales, entre ellas el dengue. 

Mientras las condiciones del clima favorezcan, las familias continuarán labores de limpieza, intentarán rescatar lo poco que les queda, sacando y desechando camas, colchones, sofás, estufas, refrigeradores, computadoras, trastes y más. El miedo, enojo, preocupación y tristeza siguen presentes.  


Escrito por Pedro Márquez Rosales

Periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. | X: @PedroMrquez_


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