Entre los puntos se encuentra la reducción del 25 por ciento del gasto electoral.
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Cuando uno visita Tecomatlán, el asombro es tal que uno invoca de repente estas palabras de la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez: “Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”. Ello ocurre porque Tecomatlán es un pequeño oasis de la Sierra Mixteca construido sobre piedras que contrastan enormemente con el paisaje desolado y desértico de sus alrededores. Un pueblo donde las casas se hallan tan armoniosamente bien dispuestas que su conjunto define un paisaje igual de bello, alegre y costumbrista, como los que en otros tiempos Jorge Cázares dibujó para las cajetillas de cerillos.
Cuando uno llega a Tecomatlán, lo primero que sobresale son las palmeras que rodean el arco monumental; en cuya cima, manos trabajadoras sostienen una antorcha encendida. Tecomatlán es historia y futuro, no niega su pasado sino lo reafirma; y en las columnas del arco, cada piedra habla de la laboriosidad y combatividad de su gente. En tiempos como los de ahora, cuando los partidos políticos y muchas personas cambian de una ideología a otra, los tecomatecos se mantienen firmes, altivos y orgullosos antorchistas. Los prejuicios y ataques infundados hacia la organización de los pobres se hacen trizas al llegar a Tecomatlán, donde propios y extraños reconocen que un gobierno honrado, con la participación ciudadana, capaz de realizar maravillas en las condiciones más inhóspitas.
Una caminata sobre sus calzadas adoquinadas, bajo las sombras de los ficus y nimbos verdes, los radiantes framboyanes de flores naranja y las coquetas buganvilias moradas, produce un placer que reconforta el alma y la llena de pensamientos positivos. Las deliciosas aguas frescas de melón o sandia quitan la sed, pero si el calor persiste, hay que sumergirse en las aguas de las albercas del Ixcoatl. Para los paseantes nuevos no pasa desapercibida la limpieza de sus calles y jardines; y lo más importante es que se sienten seguros y agradecidos de la hospitalidad de su gente.
¡Que contraste con lo que pasa en otras ciudades del país! En Tecomatlán no hay violencia, no hay personas borrachas o drogadas en la vía pública, ya que sus calles se topan únicamente con niños y jóvenes preparatorianos o universitarios que transitan alegres hacia los espacios recreativos para practicar su deporte favorito o entonar alguna canción melancólica para enamorados.
Cuando el calor cede y la noche cae, la luna tímida se asoma entre el lomerío y las estrellas brillan a lo lejos, algunos tecomatecos salen a platicar de sus jornadas de trabajo, de sus problemas cotidianos y a tomar el fresco en los balcones de sus casas, plazas, parques y jardines; mientras que otros recorren las calles entre los imponentes edificios de un municipio rural que cuenta con una casa de la cultura, una villa estudiantil, plaza de toros, una iglesia antigua –pero bien restaurada– y un majestuoso teatro que domina la población desde una colina.
Con las primeras lluvias de junio, el desierto pierde su color ocre y reverdece, permite recordar a la gente que la vida fluye y se renueva constantemente. El fresco olor a tierra mojada y la algarabía de los pájaros entre matorrales y cactus son señales inequívocas de que va llegando a Tecomatlán. Entonces el visitante sabe que se halla en el lugar correcto.
Entre los puntos se encuentra la reducción del 25 por ciento del gasto electoral.
La mala relación o absoluta desavenencia entre verdad y política es un viejo lugar común.
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El 91%, equivalente a 59 mil 363.7 millones de pesos, corresponde a los recursos transferidos por la Federación a gobiernos estatales, municipales y organismos públicos.
En México, la población sin acceso a servicios de salud se duplicó entre 2018 y 2024 al pasar del 16 por ciento al 34 por ciento, lo que representa un retroceso en derechos sociales.
La propuesta será enviada al Congreso de la Unión para su análisis y eventual discusión legislativa.
La entrada en vigor será paulatina: en 2027 la jornada será de 46 horas; en 2028, de 44; en 2029, de 42, y en 2030 quedará en 40 horas.
En Puebla, más de 3 millones de personas no cuentan con acceso a servicios de salud, equivalente al 47.3 por ciento de la población estatal.
Mientras senadores y senadoras accedieron a desayunos y comidas de hasta 750 pesos por persona, el personal de limpieza, jardinería y mantenimiento recibió un menú básico de 80 pesos, según contratos y partidas del gasto legislativo.
Varios de ellos trabajaron con Ricardo Monreal durante su gestión en la alcaldía Cuauhtémoc o en el Senado de la República.
El personal consular de protección desempeña sus funciones sin respaldo institucional y con desgaste profesional y emocional.
Los recortes afectan a personal con hasta 20 años de antigüedad y se suman a los más de cinco mil ceses registrados tras la llegada de jueces electos en 2025.
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Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA