En un cartel titulado Al faro de la internacional comunista realizado por V. Spassky en 1919, se puede observar a un obrero navegando sobre una balsa salvavidas en forma del Manifiesto del partido comunista de Marx y Engels hacia una luz.
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El conocimiento alcanzado por la humanidad a lo largo de su existencia es lo suficientemente amplio como para que quienes deseen comprender la ciencia adquirida se enfrenten a un problema de difícil solución. ¿Qué debemos conocer? ¿Por dónde debemos empezar nuestro estudio? Esto es natural; grandes pensadores se han enfrentado a estas preguntas. El problema del inicio del conocimiento científico no es menor, y la respuesta a esta pregunta nos revela ciertas concepciones que nos orientan hacia una u otra parte de la ciencia. Dependiendo de la concepción teórica de cada quien, se tiende a discriminar lo que no consideramos fundamental. Si lo estudiado es tan vasto, podría pensar alguien, hay que enfocarse en lo verdaderamente importante; lo demás sería una pérdida de tiempo.
Sin embargo, aun aceptando que debemos focalizar el estudio –pues pretender conocer todo acerca de todas las cosas puede llevarnos a perdernos en problemáticas poco relevantes–, es necesario que el criterio para discriminar el conocimiento sea producto de una reflexión profunda acerca de la naturaleza del saber y de su importancia para nuestros fines.
Si partimos del hecho de que el conocimiento es importante en la medida en que ayuda a transformar nuestra realidad, es indispensable reflexionar sobre la naturaleza del conocimiento. Es decir, debemos preguntarnos constantemente: ¿cuál es el conocimiento que transforma?, ¿en qué consiste el carácter transformador del conocimiento elegido?, ¿por qué se excluyen otros saberes? Esta autoevaluación constante es crucial porque, de lo contrario, corremos el riesgo de que el conocimiento alcanzado no sea producto de una búsqueda profunda y sincera del fundamento de la realidad, sino el resultado de querer reafirmar verdades que preconcebidamente asumimos como ciertas y como las únicas válidas para incidir en la transformación de nuestro entorno.
La ciencia de la transformación de la realidad, en particular de la realidad social, exige un esfuerzo intelectual por desentrañar la lógica interna de la sociedad; es decir, por explicar cuál es su razón de ser, su necesidad y la lógica de su movimiento. Para alcanzar un conocimiento científico que revele estas verdades es insuficiente un estudio parcial del fenómeno que abordemos; es imprescindible examinar el desarrollo histórico y lógico de nuestro objeto de estudio. Para comprender el pensamiento que contribuye a la transformación real, es fundamental conocer los momentos previos de esa forma de pensar. Estudiar la historia del pensamiento es un esfuerzo por entender el movimiento del pensamiento mismo, las problemáticas a las que tuvo que enfrentarse según las condiciones de su tiempo.
El conocimiento científico alcanzado es el producto del desarrollo humano en su conjunto. Es complicado, por no decir imposible, crear algo de la nada. Para arrojar nueva luz sobre problemas actuales, debemos considerar las distintas formas en que la humanidad ha procurado conocerse a sí misma. Para entender lo que somos, no podemos ignorar nuestra historia, y la historia de nuestra ciencia es clave para comprender el avance científico de nuestros días.
Ningún esfuerzo consciente por estudiar la realidad concreta será una pérdida de tiempo. Aunque aceptemos que, en ocasiones, este esfuerzo sólo nos ayudará a clarificar aspectos parciales de nuestro estudio, dicho estudio llegará a ser científico únicamente a través de un análisis profundo y un constante enriquecimiento de nuestra investigación. Ningún texto nos dará la verdad absoluta revelada. Para poder expresar ideas cada vez más certeras, debemos aspirar a comprender la ciencia de nuestro tiempo y profundizar en nuestro conocimiento, de manera que esto nos permita reflexionar desde una perspectiva más amplia sobre los problemas de nuestro presente. Si bien no hay textos que contengan verdades absolutas, también debemos reconocer que en aquello que leemos pueden coexistir unilateralidades o incluso falsedades. El conocimiento está atravesado por intereses personales, y es necesario realizar una valoración también política de lo que estudiamos. Sin embargo, esta valoración crítica será el resultado de conocer aquello que se critica, lo que hace imprescindible un esfuerzo cada vez mayor en la investigación científica.
En un cartel titulado Al faro de la internacional comunista realizado por V. Spassky en 1919, se puede observar a un obrero navegando sobre una balsa salvavidas en forma del Manifiesto del partido comunista de Marx y Engels hacia una luz.
En los últimos años empezamos a usar modelos de lenguaje y chatbots para casi todo: escribir correos, aclarar dudas, resumir textos, planear proyectos, presentar ideas complejas, traducir… Son herramientas útiles, pero también cambian la forma en que pensamos.
Hijo natural de un hacendado y una lavandera negra, la infancia del poeta, dramaturgo y traductor colombiano Candelario Obeso (1849-1884) transcurrió en medio de la precariedad en su natal Mompox, dos años antes de la abolición de la esclavitud en su país (1851).
Poeta, crítico literario y dramaturgo inglés nacido en San Luis, Estados Unidos, el 26 de septiembre de 1888. Premio Nobel de Literatura en 1948 y autor del famoso poema Tierra Baldía.
Cuenta Mason Currey en Rituales cotidianos que el psicólogo William James afirmaba que los hábitos crean el orden necesario para avanzar hacia campos de acción realmente interesantes.
Al contemplar las sorprendentes construcciones antiguas y modernas, a menudo se olvida el esfuerzo realizado por sus creadores.
Nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay, de la India Británica.
Las 34 puestas en escena que se presentaron durante el evento representan un acto de protesta contra las élites que han privatizado la cultura.
Hablar de política cultural en América Latina implica adentrarse en un terreno donde conviven aspiraciones legítimas, inercias históricas y una estampa institucional inestable y poco eficiente.
Nació el 28 de noviembre de 1757, en el barrio de Soho, Londres, Reino Unido.
Para Ambrosía Vázquez, habitante de Tláhuac, su participación “es un orgullo” que Antorcha le dio.
La risa roja es la mueca sangrienta y burlona de la muerte y la guerra es su expresión más grande y contundente.
Fue una figura central en la poesía moderna estadounidense y pionero del movimiento imagista.
El mandatario presumió como otro logro de la organización el “Teatro Aquiles Córdova Morán”, sede del evento.
“El teatro puede sensibilizar dolores de la pobreza”: Homero Aguirre Enríquez, vocero nacional del Movimiento Antorchista.
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Escrito por Alan Luna
Maestro en Filosofía por la UAM.