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La simulada alternancia del poder en EE. UU.
El proceso electoral de Estados Unidos parece tan largo como el que ocurrió en nuestro país.


El proceso electoral de Estados Unidos parece tan largo como el que ocurrió en nuestro país, pero a diferencia de este último, la contienda en el bipartidismo norteamericano se percibe muy reñida y sus resultados, impredecibles. Hasta ahora, parece que los cambios en la fórmula del partido demócrata que ahora encabeza Kamala Harris, han logrado que las voces de un triunfo que ya se entonaban en torno a Donald Trump vayan siendo menos rotundas. Muy a despecho de Trump que dijo que Harris sería para él un rival más sencillo que Joe Biden.

El pueblo norteamericano se ha enfrentado al endurecimiento de sus condiciones de vida en los últimos años. De acuerdo con datos oficiales, uno de cada ocho hogares estadounidenses padeció hambre en 2022, esto representa 44.2 millones de seres humanos que no pueden alimentarse adecuadamente. De ésos, sólo entre 2021 y 2022, 15 millones de personas se sumaron a las estadísticas de pobreza. Para el resto de los trabajadores estadounidenses, la situación económica también ha sido un reto. Las estadísticas oficiales dicen que una vez que se descuenta la inflación, la mediana del ingreso real de los hogares se redujo 2.3 por ciento entre 2021 y 2022. El endurecimiento de la vida se ha visto acicateado por la inflación, particularmente la de productos de primera necesidad, entre los que destacan los alimentos, y el fin de los programas de ayuda instrumentados para paliar los estragos de la crisis sanitaria de Covid-19, lo que se suma al abandono sistémico de los más desfavorecidos en ese país. Y eso pasa en el país más rico y el que tiene el mayor número de millonarios del mundo.

Lo cerrado de la competencia electoral entre Harris y Trump refleja hasta qué punto el pueblo está dividido esperando que con uno u otro candidato su situación económica mejore. En la medida en que el empobrecimiento de estos grupos crece, buscan alternativas desesperadas que les prometan un cambio, aunque no se precise ni hacia dónde es ese cambio ni los costos que implica. Otra vez es la economía, la economía de un pueblo empobrecido. Por eso, el programa económico de los aspirantes a la Casa Blanca se vuelve crucial para ganarse el voto de millones de electores.

En julio de 2024, Trump insinuó que reduciría impuestos, entre otros, a los beneficios de las empresas e incrementaría aranceles a productos provenientes de países con los que Estados Unidos tiene acuerdos de libre comercio, como México. Kamala Harris, incluso antes de que fuese investida como candidata en la convención nacional del Partido Demócrata, centró su discurso en la clase media, propuso primero una estructura fiscal progresiva, poner límites a la especulación con los precios de alimentos y medicinas, la instrumentación de diversos programas federales de apoyo a diversos sectores: las mujeres y los niños, los estudiantes, así como el seguro de salud conocido como Medicare. En fin, un intento por favorecer la redistribución de la riqueza que el mercado concentra.

En los discursos de los candidatos hay diferencias, algunas notables; pero los trabajadores norteamericanos que suman las filas de los pobres y las clases medias son otra vez las presas de una perversa campaña electoral que busca jalarlos hacia una u otra orilla en las que los únicos que están a salvo son los grandes capitales de uno u otro cuño; pero no tienen una opción política propia que dé la batalla por sus intereses. Al contrario, la particular maquinaria electoral de Estados Unidos, tan abstrusa como lejana a la democracia que pregonan por el mundo, da pie a una simulada alternancia entre partidos que no representan los intereses de los trabajadores estadounidenses, sino de sus patrones .


Escrito por Vania Sánchez

Licenciada en Economía por la UNAM, maestra en Economía por El Colegio de México y doctora en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (España).


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