En Er boga chaclatan (El boga charlatán), uno de los 16 poemas incluidos en Cantos populares de mi tierra (1877), el personaje afrodescendiente presume sus conquistas amorosas y relata sus aventuras, riñas y tretas para escapar.
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“A Eduardo García, miliciano que escribió con su sangre, al morir ametrallado por la aviación yanqui, en abril de 1961, el nombre de Fidel”: así reza el homenaje que el gran poeta cubano Nicolás Guillén hiciera a una de las víctimas del ataque de falsa bandera perpetrado el 15 de abril de 1961 contra las bases aéreas revolucionarias de La Isla; el ataque había partido de un enclave yanqui en las costas de Nicaragua. Dos días después comenzaba el intento de invasión en Bahía de Cochinos, larga y cuidadosamente planeado por el gobierno de John F. Kennedy, que contaba con un impresionante destacamento de mercenarios y pertrechos y que concluiría con lo que se ha considerado la primera gran derrota del imperialismo en América Latina. La resistencia de un pueblo decidido a defender su tierra y su Revolución había vencido.
El espíritu revolucionario se nutre de grandes gestos; y este acto de escribir, con sus últimas fuerzas y con la propia sangre el nombre de su comandante no pasó desapercibido para el poeta, quien en La sangre numerosa se niega a llorar simplemente la muerte de un patriota y llama a su pueblo a apreciar el sacrificio, alzar la voz en su nombre y levantar su bandera; y así la sangre del miliciano, latiendo viva en el corazón de millones, no habrá corrido en vano. Es un poema de auténtico aliento patriótico.
Cuando con sangre escribe
Fidel este soldado que por la Patria muere,
no digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive.
Cuando su voz en pena
lengua para expresarse parece que no halla,
no digáis que se calla,
pues en la pura lengua de la Patria resuena.
Cuando su cuerpo baja
exánime a la tierra que lo cubre ambiciosa,
no digáis que reposa,
pues por la Patria en pie resplandece y trabaja.
Ya nadie habrá que pueda
parar su corazón unido y repartido.
No digáis que se ha ido:
su sangre numerosa junto a la Patria queda.
Hoy que nuevamente se derrama la sangre internacionalista de Cuba en Venezuela y las amenazas imperiales señalan hacia varios puntos de la geografía americana, es oportuno recordar la gran hazaña de resistencia del pueblo cubano y disponernos a defender el derecho de los pueblos del mundo a vivir libres de la opresión y el colonialismo.
En Er boga chaclatan (El boga charlatán), uno de los 16 poemas incluidos en Cantos populares de mi tierra (1877), el personaje afrodescendiente presume sus conquistas amorosas y relata sus aventuras, riñas y tretas para escapar.
Hijo natural de un hacendado y una lavandera negra, la infancia del poeta, dramaturgo y traductor colombiano Candelario Obeso (1849-1884) transcurrió en medio de la precariedad en su natal Mompox, dos años antes de la abolición de la esclavitud en su país (1851).
Al contemplar las sorprendentes construcciones antiguas y modernas, a menudo se olvida el esfuerzo realizado por sus creadores.
Nacido el 18 de marzo de 1809, fruto de la unión libre de una bailarina española y un barbero afrocubano, Plácido fue entregado a la “Casa Cuna del Patriarca San José”.
Considerada la obra de su madurez como poeta, y fundamental para entender su obra, Centro del Mundo es un extenso poema dividido en 17 cantos.
Así canta a su patria cubana, por la que luchó toda la vida, la escritora, crítica literaria y poetisa revolucionaria Mirta Aguirre Carreras.
Poetas acráticos es el nombre que Julio Molina Núñez y Juan Agustín Araya (Óscar Segura Castro) dan, en Selva lírica.
La muerte, que en figura femenina se presenta puntualmente a ajustarnos las cuentas.
Es la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou referente obligado para entender la participación femenina en el modernismo.
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El 30 de septiembre de 2018, en un hogar para ancianos de Guatemala fallecía, a los 90 años y olvidado por todos, el Poeta de la Patria, Julio Fausto Aguilera.
El 21 de diciembre de 1907, en la escuela Santa María de Iquique, tuvo lugar una masacre contra los obreros del salitre, concentrados ahí en espera de diálogo con los representantes patronales y del gobierno.
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Su poema De vuelta del mitin fue incluido, por el legendario compilador chileno Policarpo Solís Rojas en el segundo volumen de Poesías ácratas.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.