Desde la conquista española, la nuestra es una historia de lucha de clases, donde los poderosos en cada etapa han impuesto su dominio económico y político.
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El mayor problema que enfrenta ahora el pueblo de México radica en que una junta de “notables” ejerce el poder, dice gobernar para los pobres, pero está en contra de éstos, porque en realidad representa los intereses de las clases poderosas. Además de esta mentira, los dirigentes del partido Morena se mantienen en el poder mediante el uso de otra estratagema: la entrega de dinero público mediante las famosas “tarjetas del bienestar”, cuyo objetivo real es la compra de votos hacia las elecciones para designar cargos públicos y posiciones de representación popular. El costo de esta manutención es demasiado alto, pues el gobierno morenista ya no atiende los problemas de salud, seguridad, vivienda, educación, vialidad y transporte público de los mexicanos, además de otros varios problemas sociales, que derivan de hacer más atenida y no productiva a la gente.
Es así como muchos ciudadanos sin educación y sin conciencia política no entienden que, en cada elección, ceden el poder a una clase política que vela por los intereses de los poderosos y no los del pueblo. El discurso a favor de los pobres es sólo eso: un discurso, como lo demuestra el hecho de que la pobreza de la gente no ha desaparecido, ha empeorado y únicamente ha cambiado la forma de medirla para que parezca que se ha reducido.
Pero la realidad es terca y golpea permanentemente el rostro de los morenistas, quienes cada vez se muestran más corruptos, descarados, más cínicos que los gobernantes anteriores y se prueba que no están del lado de los menesterosos, como declaran. Las inundaciones son la muestra más reciente: desbordamientos de ríos, deslaves y bloqueos carreteros que los huracanes han provocado en ciudades y poblaciones rurales de cinco entidades del país. Estos desastres exigen una acción pronta y efectiva del gobierno; pero hasta ahora no ha llegado y lo único a la vista son la negligencia y las declaraciones desafortunadas de las autoridades morenistas. Las quejas del pueblo chocan con la insensibilidad de los funcionarios de Morena, que ni siquiera se paran en las áreas siniestradas para no mancharse los zapatos.
El pueblo, como siempre, queda a su suerte. Cuando ahora se plantea lo del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), desaparecido por el anterior gobierno de Morena, se recuerda que el responsable en el gobierno de Enrique Peña Nieto lo usaba como “caja chica” y que cuando hubo un huracán, andaba en Miami. Pero lo que no muestran los morenistas, es que el entonces director del Fonden ha sido postulado como candidato de Morena y sus aliados al gobierno de Querétaro. ¿Dónde quedó la congruencia de los morenistas, si es que la han tenido alguna vez?
Por eso me llamó grandemente la atención una nota publicada en las redes sociales, que mostraba al pueblo de Veracruz organizarse sin ayuda del gobierno de Rocío Nahle para administrar y distribuir las donaciones de la sociedad civil entre las comunidades damnificadas. Me conmovió, asimismo, el testimonio de una señora que agradeció con sinceridad que un grupo de jóvenes de la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios Rafael Ramírez acudiera en ayuda de las comunidades afectadas por los siniestros naturales. Es conmovedor ver a los jóvenes removiendo el lodo, lo que no hacen las autoridades a pesar de ser su obligación; y disponen de los recursos destinados para el caso. La presidenta de México, Sheinbaum Pardo, declaró que ya no había Fonden, pero que había una bolsa con 19 mil millones de pesos. ¿Entonces por qué no llega la ayuda gubernamental a los pueblos afectados? ¿Por qué son jóvenes ajenos al gobierno los que acuden a apoyar a los damnificados? Esta incompetencia frente a un escenario tan catastrófico retrata al gobierno de Morena de pies a cabeza.
Resulta alentador, sin embargo, ver cómo los propios pobladores son capaces de organizar brigadas para resolver sus problemas y observar a jóvenes solidarios brindarles ayuda en obediencia a una obligación moral.
Este desastre aporta una gran lección: a este gobierno, al igual que a otros anteriores, no le preocupa el pueblo y, por ello, no atiende sus necesidades. Cuando es necesario salvar empresas privadas con prontitud “inyecta” fondos y todo tipo de apoyos; pero cuando se trata de salvar al pueblo, encuentra muchas excusas para no hacerlo; y a través del discurso intenta minimizar la tragedia.
Por todo lo arriba descrito, queda claro que cuando el pueblo piensa en sus intereses y no en los de unos cuantos o en los de la clase política, sí puede gobernar, sí puede organizarse y hacerse cargo de la distribución de los recursos del país con disciplina y honestidad. Por ello, hace falta que el pueblo se levante, despierte, se organice, luche y se haga del poder político para dirigir los destinos de este país, pensando en sus intereses y en corregir los grandes males que lo afectan. ¿Puede el pueblo gobernar? Sí, sólo que debe abrir los ojos, organizarse y luchar para alcanzarlo. Por eso, Antorcha se convierte en esa alternativa social. Por eso hago un llamado al pueblo de México a unirse y organizarse en el Movimiento Antorchista y a reconocer en esta organización la única y real alternativa para vivir mejor y hacer de México una patria más justa y solidaria para las clases trabajadoras.
Desde la conquista española, la nuestra es una historia de lucha de clases, donde los poderosos en cada etapa han impuesto su dominio económico y político.
“Todos los estadios históricos que se suceden no son más que otras tantas fases transitorias en el proceso infinito de desarrollo de la sociedad humana, desde lo inferior a lo superior”, escribió Federico Engels.
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Escrito por Brasil Acosta Peña
Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.