Qué es la realidad? Es una pregunta profunda y muy filosófica.
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Los políticos y funcionarios romantizan las fechas más sentidas de los mexicanos a su conveniencia, siempre con el propósito de pasar como sensibles y preocupados por las mejores causas sociales ante sus electores. Los empresarios no se quedan atrás: con el firme propósito de convertir cualquier fecha u onomástico en un jugoso negocio, promueven todo aquello que parece popular. Y no hay fecha de la que se saque más raja política y mejores dividendos que el Día de la Madre.
En ese sentido, el pueblo pone especial énfasis en celebrar a las “madrecitas”, lo que se ubica, al menos en ese día, sobre el mismo altar que la madre de Cristo. La dolorosa, la sufrida y la abnegada madre mexicana se convierte en el centro de la devoción, opacando otras fechas cercanas como el Día del niño o el Día del maestro. El mes de mayo se convierte en el centro de la estrategia política y comercial, planes tan minuciosos para festejar o vender, según sea el caso.
El político de siempre contempla, en su agenda, el festejo municipal que, de acuerdo con la proximidad de las elecciones, será el tamaño de la inversión; es decir, como estamos en vísperas del año electoral 2027, se esperan buenos festejos. El formato es el mismo: comenzando con la felicitación, las mañanitas, cancioncitas melosas, un evento cultural mediocre en el mejor de los casos, o llegando al extremo de contratar strippers para consentir a las madrecitas; no pueden faltar, desde luego, las rifas y regalos de plásticos baratos, algún lunch, pastel, el discurso melodramático del político en cuestión, que no reparará en elogios y demás zalamerías en torno a la madre; y si hacen falta, algunas lágrimas de cocodrilo.
Los empresarios no se quedan a atrás: con mensajes de que no hay amor más puro que el de la madre, se apoyarán en imágenes, videos, canciones, historias contadas a través de los medios masivos de comunicación y redes sociales para insistir, las veces que sean necesarias, en que se deben destinar los ingresos, y hasta los ahorros, sin regatear nada en comprar regalos, llevarla a comer para festejarla como se merece.
Pero tantos halagos, tantos elogios contrastan enormemente con la realidad que viven las madres en México, donde el dolor, el sufrimiento y la abnegación, más que cualidades, son una denuncia viviente, el resultado de que las cosas no andan bien. ¿Qué más queda, cuando no hay trabajo y el que hay está mal pagado? Ésa es la razón principal de la gran movilidad de las familias en México. Las familias emigran a la ciudad a empezar una nueva vida, levantando sus hogares en las zonas más inhóspitas, viviendo en casas de cartón, formando cinturones de miseria carentes de los servicios más básicos para vivir dignamente, en el hacinamiento; por falta de vivienda comienza la violencia y suceden todas las tragedias que luego nos sorprenden en la nota roja.
Los padres deben trabajar, los hijos se descuidan; en las grandes urbes, los hijos caen fácilmente en la delincuencia. Pero en el campo, las cosas no van mejor para la madre: el marido y los hijos se van a trabajar a la ciudad o como jornaleros a los estados del norte o emigran a Estados Unidos. En la sobrevivencia extrema, si les va bien, mandarán dinero para los que se quedan en casa: la madre y los hijos menores; si no, cada uno tratará de sobrevivir como pueda. El crimen organizado, bajo la permisibilidad actual, capta a los hijos, sin importar su origen urbano o rural, como sicarios, o bien para venderlos en moderna esclavitud. No es casualidad que las desapariciones en México se hayan incrementado y siempre se trate de personas muy jóvenes. No hay dolor más grande para las madres que observar, desde un inicio, el futuro incierto de los hijos; ni peor sufrimiento que ver cómo aquellos hijos desaparecen sin dejar rastro, sin tener el consuelo de encontrar un cuerpo al qué llorarle, y sabiendo de antemano que, en el infierno en que se está convirtiendo México, los hijos no tienen derecho ni a una fosa común.
Ésta es la realidad que oculta el festejo y los falsos elogios; si los políticos quisieran realmente hacer felices a las madres mexicanas, deberían comenzar por resolver sus necesidades, ¡y la lista es muy larga!
Qué es la realidad? Es una pregunta profunda y muy filosófica.
Afirmar que el deporte puede generar impacto social más allá de la simple actividad física es una realidad, sobre todo si a esto le sumamos los graves problemas de salud y drogadicción que enfrentamos.
La Casa Blanca puede difundir muchas cosas para generar confusión, incluso lanzar amenazas; pero la realidad se impone y el problema económico lo evidencia.
Visten como el pueblo, hablan como el pueblo, pero no viven como el pueblo.
Sí, en su primer mandato, Trump quedó mal ante sus patrocinadores; en esta ocasión, tal parece que lo está haciendo muy bien.
Para comprender la compleja realidad hace falta un nivel de instrucción, además de un pensamiento crítico. Nada sencillo, menos cuando no hay interés de autoridades e iniciativa privada.
A finales del Siglo XIX, algunos deportes se profesionalizaron, ya con reglamentos, unificando criterios y provocando cada vez más la atención de empresarios que descubrieron en el deporte un negocio.
La ingenuidad de muchos trabajadores los ha hecho creer que, con el aumento del salario mínimo, su suerte mejoraría.
La política belicista estadounidense, aunque afecta globalmente, siempre se había dirigido a los países que no se alinean a sus intereses o bien poseen cuantiosos recursos que despiertan el apetito voraz del imperio.
Bienestar y salud, juego de palabras
La realidad puede engañarnos a la vista, jugarnos una broma y hacernos creer que progresamos; sin embargo, los hechos se imponen –suave, lenta, pero efectivamente– a nuestras ideas, ilusiones o percepciones.
Especialistas señalaron que la molestia principal radica en la falta de coherencia entre las promesas de combatir privilegios y corrupción.
Las personas de a pie tardan en sobreponerse a los gastos de diciembre y los primeros gastos de enero; literalmente “quedan gastados”.
El convulso panorama actual no anuncia nada nuevo para este año: la economía nacional es un desastre.
Como en los tiempos de la Santa Inquisición, y con un árbitro internacional que sólo es decorativo, al presidente de marras le basta acusar a tal o cual de tener pacto con el diablo y para declararlo culpable sin pruebas ni evidencias.
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Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA