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Deportes
La realidad del deporte amateur
A finales del Siglo XIX, algunos deportes se profesionalizaron, ya con reglamentos, unificando criterios y provocando cada vez más la atención de empresarios que descubrieron en el deporte un negocio.


A finales del Siglo XIX, algunos deportes se profesionalizaron, ya con reglamentos, unificando criterios y provocando cada vez más la atención de empresarios que descubrieron en el deporte un negocio; los juegos o competencias amateur eran practicados en universidades privadas de Inglaterra y Estados Unidos (EE. UU.) por hombres de la clase alta (Historia del deporte, 2024).

Debido al desarrollo del deporte se organizaron torneos en donde los primeros lugares obtenían premios económicos, lo que derivó en que algunos trabajadores se dedicaran a la práctica del futbol u otros deportes, y así mejorar su nivel, supliendo la falta de empleo con premios en efectivo.

A lo largo del Siglo XX, el amateurismo entró en crisis, muchos estados y clubes promovieron las ayudas económicas encubiertas para sus atletas, por las que cobraban un sueldo sin trabajar y se les otorgaban empleos ficticios con permisos de tiempo completo. Esto creó una gran hipocresía: competidores “amateurs” únicamente por un documento, pero realmente eran profesionales encubiertos (era obligatorio ser deportista amateur para participar en los Juegos Olímpicos hasta los años 80).

Sin embargo, la ambición fue tanta, que el Comité Olímpico Internacional se transformó radicalmente en 1980 “para abrir” los juegos profesionales y asegurar sus intereses comerciales (patrocinios, entradas, marketing). Para 1992, durante los Juegos Olímpicos de Barcelona, por primera vez participaron jugadores profesionales marcando el fin de la era amateur en la alta competición.

El deporte amateur o de aficionados consiste en una actividad donde el deportista compite sin recibir compensación económica, se centra en la recreación, el acondicionamiento físico y el placer, sin ser un medio de subsistencia, puede ser escolar, universitario o comunitario, combina el deporte con estudios o trabajo para obtener satisfacción personal o fomentar relaciones sociales. Por el contrario, el profesional conlleva prestaciones y obligaciones formales, como contratos laborales, controles médicos y un rígido plan de entrenamiento; es su fuente principal de ingresos y se dedica completamente a esta actividad.

Las diferencias entre un deportista profesional y un aficionado no se limitan a su inscripción en una entidad deportiva (categoría/liga). Aunque en el ámbito deportivo suele considerarse que un deportista profesional debe estar inscrito en una liga, esta percepción se invalida desde el derecho laboral.

Actualmente existe una línea muy delgada entre el deporte sin interés mercantil y con el más mínimo interés económico, pues el primero es aquel que no persigue ningún beneficio, no hay cobro de entradas, no hay patrocinios comerciales y se practica por afición o formación; y en el segundo existe cierta actividad económica indirecta de cuotas de inscripción, patrocinio local, premios simbólicos o compensaciones, porque busca cubrir gastos de organización, pero no genera lucro. Un claro ejemplo de esto son aquellas universidades que ofrecen becas académicas o deportivas, pero no una remuneración económica o algún otro tipo de contrato.

El afán de ganar modifica la esencia del deporte amateur; el problema no es querer ganar (porque competir implica buscar la victoria), sino cuando el ganar se convierte en el fin absoluto y desplaza los valores formativos. El deseo de ganar no contraviene al deporte amateur, lo desnaturaliza el convertir la victoria en el objetivo único, desplazando su finalidad educativa y social; un profesional vive del deporte, un amateur lo practica por pasión o desarrollo personal.


Escrito por Sigrith Yamilet Gómez

Docente del Instituto Deportivo “Salvador Díaz Mirón”, SigrithG.


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