La organización redujo sus previsiones de crecimiento y advirtió que una crisis prolongada podría llevar a varias economías a la recesión en 2027.
Cargando, por favor espere...
El deporte se vende como un espacio neutral, de fraternidad y reglas universales. Pero cuando los intereses de las potencias occidentales se ven amenazados, el campo de competencia cambia. La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), alejado ya del arbitraje imparcial, ha demostrado una y otra vez que su moralidad resulta selectiva: todos fuimos testigos de la sanción fulminante contra Rusia por su defensiva militar contra Ucrania, lo cual contrasta escandalosamente ante el silencio cómplice que ha mantenido durante décadas de intervenciones militares estadounidenses en países como Venezuela, Cuba, Irán, Irak o Libia; si el castigo deportivo fuera realmente un instrumento de justicia, hace tiempo que Estados Unidos (EE. UU.), también estaría en la lista de excluidos.
En febrero de 2022, al inicio de la operación defensiva militar rusa contra Ucrania, la FIFA reaccionó con una velocidad inusitada: apenas días después suspendió a la selección rusa de todas las competencias internacionales, la excluyó de la repesca para el Mundial de Qatar y obligó a los clubes rusos a abandonar sus participaciones en Europa; todo esto se desarrolló sin algún tipo de condena judicial previa, sin un proceso que determinara responsabilidades y, lo más llamativo, cuando aún decenas de países incluidos los que lideraban las sanciones, no habían declarado formalmente la guerra.
La iniciativa se presentó como un acto de “defensa de los valores del deporte”, pero la FIFA no aplicó jamás ese mismo criterio cuando Israel y EE. UU. invadieron territorios bajo justificaciones tan endebles como armas de destrucción masiva inexistentes o “misiones de democratización”.
Mientras Rusia era expulsada, EE. UU. permanecía en mundiales con total normalidad, aun cuando el historial militar estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial resulta abrumador: intervenciones en Corea, Vietnam, Libia, Camboya, Granada, Panamá, Irak (dos veces), Afganistán, Siria, además del bloqueo económico contra Cuba condenado anualmente por la Organización de la Naciones Unidas (ONU) y operaciones de injerencia en Venezuela e Irán.
Con las recientes invasiones estadounidenses al país sudamericano y a Irán, la FIFA debería esforzarse para quitarle el Mundial 2026; pero como es su principal patrocinador, no solamente lo permitirá, sino que lo ha premiado; así, mientras la invasión sea impulsada por Washington, no existe violación del “espíritu deportivo”.
La FIFA sólo sanciona cuando el agresor es un adversario geopolítico de las potencias dominantes de sus órganos decisivos. No existe una comisión ética que evalúe las guerras de EE. UU., Francia o Reino Unido con los mismos criterios. El principio de “neutralidad política” se invoca selectivamente.
La FIFA no es una isla, su sede en Zúrich respira el mismo aire de las cancillerías occidentales, sus principales patrocinadores son corporaciones con sede en países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y su historia está llena de decisiones alineadas con los intereses de EE. UU. y la Unión Europea. No es casualidad que el Mundial de Futbol 2026 se celebre en Norteamérica mientras se castiga a Rusia.
Si la FIFA realmente creyera en sancionar a quienes “atentan contra la paz internacional”, tendría que empezar por aplicar el mismo rasero a todos los miembros de la ONU que han participado en guerras no autorizadas por el Consejo de Seguridad. Pero eso no ocurre, porque la paz, en el discurso del deporte global, obedece a interpretaciones ambiguas según quién sea el invasor.
En conclusión, la sanción a Rusia por su defensa ante la expansión de la OTAN en Ucrania y la nula restricción para EE. UU. han evidenciado la hipocresía del sistema; pues cualquier potencia incómoda para Occidente es expulsada del campo de juego con una rapidez que contradice cualquier principio del debido proceso.
El deporte exige y merece organismos realmente imparciales que ya no lo utilicen como un arma de castigo geopolítico. Para que eso ocurra, es necesario destruir el sistema imperialista encabezado por EE. UU. Mientras tanto, trabajemos todos para fomentar un deporte con espíritu de superación personal y colectiva, como herramienta fundamental en la formación de mejores personas.
La organización redujo sus previsiones de crecimiento y advirtió que una crisis prolongada podría llevar a varias economías a la recesión en 2027.
La medida arancelaria se aplicaría a México, Canadá, Taiwán y Reino Unido.
Las tarifas al acero y aluminio afectan la competitividad, inversión y operaciones de la industria manufacturera mexicana.
La agencia informativa Tasnim publicó que Irán y el “Frente de Resistencia” aumentarán la presión sobre Israel y sus aliados.
El embajador iraní en México aseguró que Washington no ha garantizado condiciones igualitarias para la selección y aficionados de Irán rumbo al Mundial FIFA 2026.
La Habana alertó sobre el riesgo de una agresión militar directa.
La Asociación de Bibliotecas alertó que las prohibiciones y retiros de libros aumentaron impulsados principalmente por grupos conservadores y funcionarios públicos.
La Habana denuncia presión de Washington y alerta sobre una crisis humanitaria en la isla.
El promedio diario de detenciones infantiles alcanzó los 226 menores por día, una cifra diez veces superior a la registrada en la administración pasada.
Washington lanzó nuevos ataques contra instalaciones iraníes en Hormozgán pese al alto el fuego vigente desde abril; Teherán acusa a EE. UU. de actuar de “mala fe” y advierte represalias.
A pesar de que existen avances en las conversaciones con Estados Unidos (EE. UU.), aún no hay condiciones para firmar un acuerdo “inminente”.
Claudia Sheinbaum confirmó que México está dispuesto a recibir a la selección de Irán como sede de concentración durante el Mundial de 2026 si Estados Unidos impide que el equipo permanezca en su territorio.
El embajador Chen Daojiang aseguró que la reciente reunión entre Donald Trump y Xi Jinping marcó “un nuevo punto de partida” para la relación bilateral y abrirá mayores condiciones de estabilidad económica y política a nivel global.
Cuba acusó a Washington de mantener una política de bloqueo económico y advirtió que responderá ante cualquier acción militar.
Beijing criticó a Washington por imputar al exmandatario cubano Raúl Castro por el derribo de avionetas en 1996 y exigió poner fin a las “amenazas” e “injerencias” contra la isla.
“Antorcha busca crear hombres libres y no mano de obra”
De los nazis al imperialismo actual: la conexión histórica
Cuba presenta Vaxira, su vacuna contra el cáncer de pulmón
Daños ambientales, económicos y de salud podría provocar planta de amoniaco en Topolobampo
Cumbre Xi-Putin: hacia un orden posoccidental, policéntrico y multipolar
Palestina entre la crisis humanitaria y el reconocimiento internacional
Escrito por Wuenceslao Pérez
dfghjk