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Deportes
Por un deporte de carácter popular
El deporte como práctica cultural ante el reto de la igualdad de oportunidades en la sociedad del Siglo XXI, históricamente, el deporte ha mostrado la distinción entre sexos y clases sociales, pero también posee el potencial transformador que genera igualdad de oportunidades.


Si partimos de la premisa de que el deporte, en su vertiente popular, puede funcionar como un poderoso agente de transformación social en los sectores marginados, lejos de ser una actividad meramente recreativa, representa una práctica cultural que destaca y, a la vez, puede desafiar las jerarquías sociales. Como señala Montero Gómez, en su artículo El deporte como práctica cultural ante el reto de la igualdad de oportunidades en la sociedad del Siglo XXI, históricamente, el deporte ha mostrado la distinción entre sexos y clases sociales, pero también posee el potencial transformador que genera igualdad de oportunidades.

Las colonias populares, entendidas como asentamientos humanos con múltiples carencias, constituyen un ámbito de análisis crucial para comprender las dinámicas de inclusión y desarrollo social. En ellas, la práctica deportiva trasciende su dimensión lúdica o competitiva para convertirse en una herramienta fundamental de cohesión, salud y empoderamiento; sin embargo, el acceso al deporte organizado y de calidad enfrenta históricas barreras estructurales que reproducen desigualdades.

Ante la necesidad de sistematizar el conocimiento y evidenciar el impacto multidimensional que el deporte bien orientado produciría en comunidades vulnerables, comprender y potenciar tal función se vuelve una tarea académica y social urgente.

La historia del deporte está ligada a la propia historia social. Desde sus orígenes, vinculados a la supervivencia y los rituales en el paleolítico, hasta su institucionalización en la Grecia antigua con los Juegos Olímpicos, el deporte ha reflejado siempre las estructuras de poder: En la Edad Media fue un privilegio casi exclusivo de la nobleza; en la era moderna, tal como lo conocemos, nace en la Inglaterra durante los siglos XVIII y XIX, cuando comenzó a institucionalizarse y regularse; sin embargo, durante mucho tiempo fue también un coto cerrado; fue con la irrupción de las masas urbanas en la vida pública, especialmente desde finales del Siglo XIX y durante el XX, que cambió este panorama. La popularización de deportes como el futbol, que rápidamente se convirtió en un espectáculo de masas, y el surgimiento paralelo de un movimiento deportivo centrado en la práctica amateur y recreativa, sentaron las bases para la democratización parcial del acceso al deporte.

De tal forma que, en la actualidad, se denomina deporte popular o de masas al que se practica por personas sin especial interés de competición, donde el enfoque no está en la competencia máxima, sino en el bienestar de los atletas y la alegría de hacer deporte juntos. Está dirigido a todas la edades y niveles sociales. El término surgió en el mundo de habla alemana durante los 70, impulsado por mayor disponibilidad de tiempo libre y un deseo de la población por pasar de ser espectadores pasivos a practicantes activos.

En el contexto específico de las colonias populares, la historia del deporte suele ser la historia de la apropiación comunitaria de espacios para la práctica informal y la posterior lucha por la dotación de instalaciones dignas y programas públicos. Es una historia de resiliencia y organización vecinal.

El deporte en los barrios representa mucho más que un pasatiempo, simboliza una práctica cultural de profundo significado social con impactos tangibles en múltiples dimensiones: es un potencial “igualador” social, capaz de desafiar barreras de clase, género y capacidad; constituye una herramienta educativa y de desarrollo psicosocial fundamental para niños y jóvenes, porque fomenta valores, habilidades para la vida y los protege de entornos de riesgo; actúa como un potente “cemento” para el tejido comunitario porque genera cohesión, capital social, identidad positiva y apropiación del espacio público; el deporte también es un espacio de representación y lucha, donde se construyen modelos a seguir y suele reproducir un activismo por los derechos de la comunidad.

Por eso llamamos a los gobiernos locales a garantizar el derecho al deporte y la recreación en zonas de desarrollo social urbano. Asignar presupuesto específico, priorizar la construcción y mantenimiento de infraestructura deportiva pública de calidad en las colonias populares, y fomentar alianzas con el tercer sector; pero, sobre todo, a la población a exigir a las autoridades el cumplimiento del derecho al deporte. Organizarse para autogestionar y mantener los espacios deportivos. Utilizar el deporte como un lenguaje común para dialogar y resolver conflictos internos, asegurar la participación de mujeres, niñas y personas con discapacidad.

Porque el deporte, además de que únicamente lleva a los participantes a competir, debe impactar socialmente para que vayan más allá del número de jugadores, asimilar cambios en cohesión social, salud comunitaria, percepción de seguridad y reducción de conductas de riesgo.


Escrito por Lizeth Castillo

Promotora del deporte popular en Guerrero.


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