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El All-Star Game 2026 y la geopolítica deportiva
En el deporte, las lesiones existen, pero cuando se producen simultáneamente en cuatro de los jugadores del equipo rival, durante un evento de exhibición y justo ante los medios de comunicación que certificarían la superioridad estadounidense, generan serias dudas.
El 15 de febrero de 2026, la National Basketball Association (NBA) estrenó un formato “revolucionario” en el Intuit Dome de Inglewood, California: tres equipos, dos conformados por estadounidenses (Stars y Stripes) y uno integrado por estrellas de otras nacionalidades (World) que disputaron un triangular para definir al campeón del All-Star Game.
La promesa lucía tentadora: el talento mundial contra el talento local; sin embargo, vimos sólo una farsa de competencia; el mensaje fue claro, ensayado y ejecutado sin recato: Estados Unidos (EE. UU.) no pierde en casa, menos en un partido de exhibición; el imperialismo norteamericano en su afán por demostrar su dominación mundial utilizó a la NBA como el escenario perfecto.
El equipo internacional estuvo conformado por: Luka Dončić, Giannis Antetokounmpo, Nikola Jokić –tres veces Jugador Más Valioso (MVP en inglés) de la temporada– y Shai Gilgeous-Alexander, actual MVP de la NBA: era un equipo ideal para destrozar a cualquiera, pero no aparecieron en la cancha.
Resulta que los cuatro pilares del equipo World no jugaron: en el caso de Jokić y Dončić, alegando “molestias físicas”; mientras que Giannis y Shai, directamente lesionados ni siquiera saltaron a la duela; qué casualidades depara la vida cuando está de por medio la reputación estadounidense; las estrellas internacionales desaparecieron del mapa justo cuando había que mostrar que el mundo puede despedazar al imperio en su misma casa y con sus propios jugadores.
En el deporte, las lesiones existen, pero cuando se producen simultáneamente en cuatro de los jugadores del equipo rival, durante un evento de exhibición y justo ante los medios de comunicación que certificarían la superioridad estadounidense, generan serias dudas. La NBA, que controla cada aspecto del espectáculo, permitió que el equipo World saliera a escena amputado, sin sus estrellas, convertido en sparring de lujo porque así convenía a los ricos de EE. UU.
Y así, con un World Team descabezado, llegaron los resultados: derrota ajustada por 37-35 ante USA Stars, con una prórroga decidida por un triple de Scottie Barnes. Derrota también por la mínima (48-45) ante USA Stripes, con un Kawhi Leonard descomunal (31 puntos en 12 minutos) y un triple ganador a 3.5 segundos del final. Dos partidos, dos derrotas, y el equipo World eliminado antes de la final.
La narrativa acondicionó el evento: “Qué competitivo fue todo”, “qué emoción hasta el último segundo” y “el nuevo formato es un éxito”. Los medios estadounidenses, dóciles como siempre, vendieron el guion estipulado desde las oficinas de los empresarios. Pero cualquiera con un poco de criterio sabe que si Dončić, Jokić, Giannis y Shai hubiesen estado en la cancha, el resultado no hubiera favorecido a los equipos locales.
Detrás de este montaje subyace una verdad incómoda; el deporte representa un arma más del imperialismo: cuando EE. UU. quiere enviar un mensaje de poderío, utiliza todos los medios a su alcance, la NBA, el producto deportivo más globalizado del planeta, se convierte así en un instrumento de dominación cultural.
Por mucho que el mundo produzca talento, por muchos MVP que acumulen los europeos, cuando la camiseta de las barras y las estrellas se ostenta, el mundo debe doblegarse: da igual que Jokić sea el mejor jugador del planeta, que Dončić tenga una muñeca de seda o que Giannis sea un ciborg griego, si hace falta, no juegan; si es necesario, se “lesionan”. Deben ceñirse al guion.
El equipo World perdió, sí. Pero perdió sin sus mejores jugadores, perdió porque el sistema lo diseñó para perder. Y mientras la afición aplaudía emocionada a los partidos condicionados, los dueños de la liga se frotaban las manos: habían logrado su objetivo. El mensaje había llegado.
Nadie está por encima de EE. UU. Ni en la política o en la economía ni en el deporte. Y si el mundo se atreve a competir en cualquier terreno, siempre habrá una lesión milagrosa, un calendario adverso o un triple sobre la bocina para recordar quién manda. Para los que creen que el deporte es apolítico, bienvenidos al capitalismo; aquí hasta el entretenimiento obedece a la geopolítica.
Escrito por Wuenceslao Pérez
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