La consigna era esperanzadora: “arte para todos”.
Cargando, por favor espere...
Nació en el Condado de Down, Irlanda del Norte, en 1965; es una de las poetisas más reconocidas de su generación. También es tallerista de escritura creativa y editora. Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: Yo soy (1999); La ciega en la casa azul (2001); Pertenencias (2007) y Yo soy un caballo (2011). Educada en Cambridge, se graduó en inglés con un máster del King’s College de Cambridge y posteriormente fue investigadora adjunta del Instituto de Estudios Irlandeses de la Queen’s University de Belfast. Fue editora allí y compiló el Diccionario Biográfico del Ulster.
Sus días porosos y borrosos,
los que queman carbón nunca dejan
las pilas de madera antigua de olivo
amontonadas en montículos de rituales.
Escultores de lo que no se ha tocado,
de lo no visto, sus ojos miran
como si el lento arder ocurriera
dentro de sus cráneos. Leen el dulce hedor
del humo, abren huecos de aire en la ceniza,
cuidadosos como cantantes que controlan su respiración.
Y no puedes permanecer mucho tiempo
cerca de su piel negra del humo
en ese silencio carbonizado,
y no estarás ahí
cuando terminen esta liturgia de tizar
cuando solemnemente destapan
el carbón –todo con la forma de secuela–,
como todo lo que no te es permitido decir
vuelto a la luz
para una segunda oportunidad de arder.
¿Por qué elegimos venir aquí,
a este abarrotado distrito de muertos
que respiran con la tierra?
Tomábamos oscuro vino de Cahors de la botella,
nuestras voces gruesas con la acústica musgosa,
nuestra carne pesada desplazaba la luz.
Los muertos se hacían campo unos a otros como viejos
vecinos.
Nosotros éramos extraños, oscureciendo el aire
como acacias invernales añorando el amarillo perdido.
Caminamos por sus calladas calles,
liquen pelándose como moquillo,
los muertos esperando a que nos fuéramos,
indiferentes frente a nuestra revelación silenciosa
que nos habíamos perdido uno al otro
antes de habernos conocido siquiera.
Ése es el perro de Cristóbal Colón.
Un ataúd desenterrado por arqueólogos
abandonado en un corredor,
un óvalo de barro duro,
un murmullo de huesos, de putrefacción,
y ése es el perro de Cristóbal Colón.
¿Le tocarían sus raciones en el buque?
¿Se escondería en la cocina del barco durante lo peor
de la tormenta?
Sí, Cristóbal Colón encontró un lugar
–su casa– su perro –su corazón colonial
abriendo al calor y a la luz–
qué desastre.
El tejedor en el atardecer pastoso
encorvando su espalda que labora
para inclinarse hacia su telar de madera
como si fuera un piano vertical
bajo la laca del rayo melancólico de la ventana;
la lanzadera gastada un latido fuerte de corazón
a través de la urdimbre fresca, silencio de alcanfor:
el pulso hambriento del artista no puede competir
por su canción desligada y firme.
Tener un hermano que muere antes de ti
con tu nombre debe ser como
sentarse en ese telar en la luz escasa
de tu propia imagen ignorada
mientras tus dedos palpan el patrón
que siempre estará presionando desde el otro lado.
Antes del milagro con los pescadores,
los leviatanes y las visiones;
antes que la fiebre la consumiera
cuando tenía diez y nueve,
ella es un ícono pálido,
el mentón en busca de la inclinación perfecta
entre dominio de sí misma y la abnegación.
Porque ¿no es el cielo
en la tierra vivir con Dios?
Cae en el sepia ahumado de la novicia,
se niega a mirar a la cámara.
Su Diario de Conciencia crucificado a diario
en veinte y cuatro cuadros obstinados,
hora por hora sin perdón,
simétricos como su pueblo colonial
atrapado bajo la hipotenusa del calor.
Al entrar en el Convento
mochó su cabello magnifico,
enterró su cuerpo largo en marrón.
Porque cuando no tengo nada
es cuando tengo el menor deseo.
En el retrato de familia
bulloso con relojes y alcanfor,
un toldo pesado de damasco y brocado.
Ella se inclina hacia su madre,
huele las expectativas mohosas que rezuman de su piel.
A los seis años, serena sobre las escalas
en un abrigo de invierno de doble solapa,
sabe que es una santa.
A los dos años la tienen
fea en un vestido de satín, ya
haciéndose difícil de amar.
La consigna era esperanzadora: “arte para todos”.
Además de La Ciudad Indecible es autora de los poemarios Un Modo de Cantar, Viaje en la Arena, En la Orilla del Vuelo, Al Oído del Viento, Grabados y Poemas y Mi Patria Tiene Fomia de Esperanza.
La belleza expresiva del lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo ha sido comparada con los cantos elegíacos por la muerte de Patroclo, Sigfrido, Rolando y otros héroes legendarios.
El encuentro reunirá música, danza y poesía el 30 de agosto en la Plaza de la Danza; el Movimiento Antorchista anuncia que también será una jornada de protesta contra la pobreza, la desigualdad y la persecución de activistas.
Aristides Martínez denuncia al gobierno estadounidense que, en nombre de la libertad, la democracia y los derechos humanos promueve guerras de exterminio y rapiña
Gilgamesh era dos tercios divinos y un tercio humano y, sin embargo, lo humano se impone constantemente a través de sus defectos y sus virtudes.
Para el futuro autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, los ensayos y relatos cortos de Anatole France aportaron una doble revelación que siempre estaría presente en su vida literaria.
La vida del poeta y periodista peruano Gustavo Valcárcel Velasco está ligada indisolublemente a las luchas libertarias de los pueblos latinoamericanos en la segunda mitad del Siglo XX.
Contamos con una serie de resúmenes, más o menos breves, de diferentes “imaginaciones creadas” para dar respuesta al problema fundamental que planteaban los orígenes del Universo.
El estadista que puso a Cuba en el mapa por enfrentar al imperio, tejió una red global de políticos, científicos, intelectuales y combatientes.
Su enérgica poesía combativa está llena de simbolismos y será preciso tratarla aparte.
Decidida a descender a los infiernos para expandir su poder, Inanna se dispone al viaje ataviándose con los atributos de su divinidad.
Para llegar a Tapijulapa hay que viajar alrededor de hora y media rumbo a Tacotalpa, municipio colindante con el estado de Chiapas.
Ambas ceremonias se realizaron en el majestuoso Teatro “Aquiles Córdova Morán” y fueron una muestra de trabajo, disciplina, entrega, cultura y fortalecimiento de la conciencia social.
Realizó su amplia labor en la prensa anarquista latinoamericana de principios del Siglo XX.
Tren Maya registra nuevo accidente en Campeche; 123 pasajeros salen ilesos
Sheinbaum presume avances en salud y educación pero especialistas advierten rezagos
Sheinbaum presume avances en empleo, pero persiste informalidad y estancamiento
Uno de cada dos niños termina la primaria sin comprender lo que lee
La vivienda, inaccesible en México
Escrito por Redacción