Apoyo técnico, suministro de insumos y asistencia médica forman parte de las medidas anunciadas para el control del ébola en República Democrática del Congo y Uganda.
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En China, el filme que más éxito está teniendo es la cinta Dead to Rights (2025), del realizador chino Shen Ao, la cual está reforzando las celebraciones que ha organizado el gobierno de China encabezado por Xi Jinping para conmemorar el 80 aniversario del triunfo del ejército chino sobre el ejército japonés, durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta el momento, la exhibición en los cines de China –a un mes de haberse estrenado la cinta–, ha recaudado poco más de dos mil millones de yuanes (unos 764 millones de pesos mexicanos). Sin embargo, el éxito en taquilla no se debe al interés de quienes han financiado y promocionado el filme; en realidad, se trata de una obra de arte nacionalista que busca mostrar al mundo algo que ha sido ocultado, minimizado intencionalmente por la historiografía occidental y por los medios de comunicación de Occidente.
Algo similar a lo que han hecho los gobiernos y las élites imperialistas que han dominado al mundo en los últimos 80 años con relación al triunfo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) sobre el nazismo alemán en la Segunda Guerra Mundial. Para los historiadores occidentales y para toda la maquinaria propagandística de los países imperialistas, fue Estados Unidos el que venció a los ejércitos fascistas. Ignorar quiénes fueron los que salvaron a la humanidad de la barbarie nazi-fascista tiene como objetivo ideológico impedir que los pueblos del mundo valoren a los verdaderos arquitectos de la historia reciente de la humanidad.
La historia narrada en Dead to Rights nos permite conocer uno de los genocidios más terribles que haya sufrido algún pueblo en la historia de la humanidad. Dead to Rights, que sorprendentemente se encuentra completa en YouTube –aunque subtitulada en inglés–, cuenta la historia de unos héroes que lucharon contra la invasión del imperialismo japonés en China, y cómo el fascismo nipón masacró a la población civil china, realizando todo tipo de abusos y bestialidades, lo que dio como resultado que en la ciudad de Nanjing perecieran más de 300 mil personas (ahora se sabe que esa invasión japonesa, que se inició en 1931 y terminó hasta 1945, durante 14 años produjo la muerte de más de 30 millones de personas). Dead to Rights narra las vicisitudes de un grupo de ciudadanos chinos que intenta huir de la ciudad, rescatando los negativos de miles de fotografías –tomadas por el fotógrafo militar japonés Ito Hideo (Daichi Harashima), quien cree que el traductor chino Wang Guanghai (Wang Chuanjung) , es una persona en la que se puede confiar. Hideo toma fotografías en las que se captan los asesinatos y abusos de los militares japoneses y confía en el joven chino Ah Chang (Liu Haoran) creyendo que le ayudará a hacer el revelado de sus fotografías; sin embargo, Chang le ha mentido para salvar su vida.
En el estudio fotográfico al que llevan al fotógrafo japonés se esconde Jin Chengzon (Wan Xiao), dueño de este negocio, y su familia. Todos los que están en el estudio, aunque viven la situación de extremo peligro, asumen una actitud patriótica; deciden salvar los negativos de las fotos de Hideo. Esas fotos son la prueba fehaciente de los crímenes de guerra de los japoneses: ejecuciones, quema de seres vivos, mutilaciones, violaciones, etc.
Al sospechar de Chang, Ito Hideo decide buscar a otro fotógrafo para que revele las fotos cuyo descubrimiento ha sido deliberadamente saboteado por Chang. Finalmente, es la actriz de ópera Lin (Gao Ye) quien logra salir de Nanjin con los rollos fotográficos. La fotografía del filme es excelente, así como es impresionante la belleza del evento del tres de septiembre en la Plaza Tiananmén, encabezado por Xi Jinping, con la presencia de Vladimir Putin, presidente de Rusia, Kim-Jong-un, líder supremo de Corea del Norte y dos decenas más de mandatarios o dirigentes de igual número de naciones. Un evento en el que se vio no sólo el gran poderío militar de China, sino la unidad y gran disciplina de un pueblo que es ejemplo para toda la humanidad. Previos días, Xi Jinping propuso al mundo una nueva gobernanza global en la que los pueblos del mundo se sacudan al imperialismo y se construya un nuevo orden mundial más justo y verdaderamente democrático y humanista.
Apoyo técnico, suministro de insumos y asistencia médica forman parte de las medidas anunciadas para el control del ébola en República Democrática del Congo y Uganda.
La incertidumbre sobre el respaldo de Estados Unidos, el avance militar de China y la guerra entre Rusia y Ucrania han impulsado el rearme de Berlín y Tokio, que han fortalecido sus capacidades de defensa y avanzan hacia una cooperación estratégica.
El gobierno chino abogó por la competencia justa y recordó que cualquier intento de revertir la integración comercial contravendría los principios del libre mercado.
El complejo permite reducir emisiones equivalentes al funcionamiento anual de 600 vehículos.
Estados Unidos fue la nación que más gastó en arsenal nuclear, beneficiando a corporaciones como Honeywell y Lockheed Martin.
El presidente chino propuso ampliar la cooperación económica, política y militar con Corea del Norte, además de reforzar la coordinación estratégica ante los cambios globales.
Alemania y Japón reabastecen sus arsenales tras calificar como “amenaza” a Rusia y China; lo hacen a costa del bienestar de sus ciudadanos y a favor de la geopolítica estadounidense.
China intenta utilizar la planificación para determinar qué empleos se transformarán, de qué manera y a qué velocidad.
La reunión no parece haber impactado sobre la progresiva hostilidad norteamericana hacia el gigante asiático, ni en las guerras o crecientes amenazas de EE. UU. contra Teherán y La Habana.
El mundo atestiguó que China no necesita a EE. UU. para avanzar en su visión geopolítica y que la tecnocracia de la Casa Blanca necesita del mercado, los recursos y la voluntad chinos para sobrevivir.
El embajador Chen Daojiang aseguró que la reciente reunión entre Donald Trump y Xi Jinping marcó “un nuevo punto de partida” para la relación bilateral y abrirá mayores condiciones de estabilidad económica y política a nivel global.
Beijing criticó a Washington por imputar al exmandatario cubano Raúl Castro por el derribo de avionetas en 1996 y exigió poner fin a las “amenazas” e “injerencias” contra la isla.
Buscan fortalecer sus propias monedas y aumentar su competitividad en los mercados financieros.
Los presidentes de ambas naciones firmaron acuerdos económicos, políticos y comerciales.
La inversión en el país se estima 5.3 por ciento más baja que en condiciones normales.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA