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La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estimó que la población mundial en el año 2019 ascendía a siete mil 700 millones de personas; y se estima que en 2030 alcanzará ocho mil 500, mientras que para 2100 será de 11 mil 200 millones, aproximadamente. Ante el eminente crecimiento poblacional, también crece la demanda de alimentos de primera necesidad (maíz, frijol, arroz, trigo, entre otros), mismos que actualmente se encuentran en desabasto debido a que la producción no se mantiene al mismo nivel de la demanda.
FAO, OMS, UNICEF y otras organizaciones publicaron en 2020 un estudio que lleva por nombre El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición del Mundo, en el que estiman que casi 690 millones de personas pasaron hambre en 2019 (un incremento de 10 millones de personas desde 2018) viéndose expuestas a niveles graves de inseguridad alimentaria en el mundo. Esto como resultado de los altos costos, salarios bajos, falta de empleos, cambio climático y la reducida asequibilidad de los productos, factores que han impedido que millones de personas logren una alimentación saludable y nutritiva.
En México, el Inegi reporta que, hasta 2020, la población era de 126 millones 14 mil 24 personas, de las cuales el 23.3 por ciento (27 millones) vive en pobreza alimentaria y el 12.5 por ciento sufre desnutrición crónica: las mujeres eran las más afectadas, con un 60 por ciento (16.2 millones); mientras el 2.6 por ciento (702 mil) de mortandad en de los niños sufría malnutrición. Otro dato revelador es que cada 10 segundos muere una niña o un niño por causas relacionadas con la desnutrición.
El Gobierno mexicano no ha tomado en serio una situación tan difícil para la gran mayoría; en 2021, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural opera con un presupuesto de 49 mil millones de pesos (mmp), 30 por ciento menos que en 2019 (57 mmp). Este recorte al presupuesto trae serios problemas al campo y abona a la crisis que viene atravesando el sector agrícola. La mayoría de los productos de primera necesidad son importados porque el campo mexicano no ha sido capaz de cubrir toda la demanda; en 2019, la FAO dio a conocer que México importó 15 millones 472 mil 700 toneladas de maíz; 123 mil 653 de Frijol y cuatro mil 804.441 de trigo, siendo Estados Unidos el principal importador, seguido de Brasil y España.
Los problemas actuales provocados por el Covid-19 han agudizado la situación del sector agrícola: en lo que va de la pandemia, el número de personas que sufren de carencias alimentarias ascendió a 50 millones, el doble de lo que se tenía registrado en 2019. México debe optar por crear nuevas políticas económicas que ayuden a consolidar una producción que satisfaga las necesidades que el campo y toda la población demandan, para ello es necesario invertir en ciencia y tecnología, porque solo así se puede alcanzar un desarrollo óptimo para el bienestar del campo y de sus productores.
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Escrito por Bryan Alexis Domínguez López
Colaborador