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Rogelio García Macedonio
Algunas cuestiones en torno al plan México
El documento Plan México. Estrategia de desarrollo económico equitativo y sustentable para la prosperidad compartida (en borrador aún) plantea los ejes de lo que será el Plan Nacional de Desarrollo (2025-2030).


En este texto se aborda en qué consiste el plan México, cuáles son algunos de los obstáculos más significativos para sus metas y a qué interés obedece su lanzamiento ahora que se renueva la administración gubernamental estadounidense e inicia lo que el Gobierno de México ha denominado el segundo piso de la “Cuarta Transformación” (4T).

El 13 de enero de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó un plan de desarrollo económico para el país. El documento Plan México. Estrategia de desarrollo económico equitativo y sustentable para la prosperidad compartida (en borrador aún) plantea los ejes de lo que será el Plan Nacional de Desarrollo (2025-2030).

Éste tiene una misión amplia: lograr el desarrollo regional, promover la relocalización (de las empresas), elevar el contenido nacional y regional (sustitución de importaciones), crear empleos bien remunerados en sectores de la manufactura y servicios, incrementar proveduría local de más valor, promover polos de desarrollo y de bienestar a partir de vocaciones regionales, ampliar el acceso a la educación media superior y superior y su vínculo con el plan de desarrollo, fortalecer el desarrollo científico, tecnológico y la innovación e impulsar la integración del continente.

Se plantea 13 metas: 1) estar en el top 10 de economías, 2) elevar la proporción de inversión respecto al Producto Interno Bruto (PIB) arriba de 28 por ciento en 2030, 3) crear 1.5 millones de empleos adicionales en manufactura especializada y en sectores estratégicos, 4) producir 50 por ciento de la proveeduría y el consumo nacional será hecho en México, 5) crecer 15 por ciento de contenido nacional en cadenas globales de valor estratégicas, 6) 50 por ciento de compras públicas serán de producción nacional, 7) producir vacunas en México, 8) reducir el tiempo de trámite para realizar una inversión de 2.6 a un año, 9) formar 150 mil profesionistas y técnicos al año, 10) promover inversiones con sostenibilidad ambiental, 11) 30 por ciento de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) tendrán financiamiento, 12) ser uno de los cinco países más visitados, y 13) disminuir la pobreza y la desigualdad.

Las acciones para lograr las metas, por mencionar algunas fundamentales, son las siguientes: 

1) El 17 de enero (2025) publicar el Decreto Relocalización, que consistirá en que si alguien invierte los impuestos que se le cobrarán, serán menores, es decir se trata de incentivar la inversión. 2) publicar la Ley Nacional de Simplificación y Digitalización que busca agilizar los trámites. 3) Del 20 al 24 de enero se iniciarán reuniones de trabajo con empresas importadoras para el desarrollo de proveeduría local y regional con la homologación de aranceles con Norteamérica, es decir, someterse a los aranceles de Estados Unidos (EE. UU.) en su guerra contra China; esto se vuelve sensible para México porque los productos provenientes de China tienen una aceptación amplia, así por ejemplo, si se aplicaran 100 por ciento de aranceles a mercancías chinas, sus precios afectarían drásticamente al consumidor. 4) Del tres al siete de febrero, primero, lanzar un fondo de Banca de Desarrollo para las Micro, Pequeñas y Medianas empresas (Mipymes) proveedoras/exportadoras vinculadas a empresas-anclas (Apple, WV, etcétera). Segundo, emitir las reglas para el consumo energético y esquemas de participación privada en generación. 5) Del 17 al 21 de febrero se presentarán los esquemas de inversión mixta para proyectos de infraestructura: licitar en 2025 proyectos que requieran al menos 100 mil millones de pesos (mdp) de inversión privada en total.

Además de las acciones anteriores, afirman que invertirán en la infraestructura del transporte. Para las carreteras se conservarán 44 mil 800 km y serán tres mil km de caminos rurales, donde se generarán 350 mil empleos. Se crearán trenes de pasajeros beneficiando a 24 estados con 3.6 millones de empleos. Se ampliarán y modernizarán puertos y aeropuertos clave, infraestructura de energía y obtención de agua. Se construirá un millón de viviendas y se mejorará y ampliará medio millón más para los trabajadores. Ojalá.

Para terminar, grosso modo, de explicar en qué consiste el Plan, es importante resaltar los sectores y productos estratégicos. Los sectores serán textil y zapatos, farmacéutica y dispositivos médicos, agroindustria, semiconductores, energía-automotriz y electromovilidad, química y petroquímica, bienes de consumo y aeroespacial, con lo que se crearán 100 nuevos parques industriales y 12 polígonos de producción (áreas de producción para ciertos productos).

Ahora bien: por lo menos en este sexenio ya existe un documento que plasma qué pretende hacer esta administración con la economía mexicana. Más allá de las ambiciosas y, desde luego, deseables metas, existen serios obstáculos para la realización del plan.

Este programa se lanza en un contexto de guerra comercial entre EE. UU. y China. Este año se intensificará porque EE. UU. demanda fortalecer su industria nacional optando por la repatriación de empresas para generar empleos, es decir, cada vez más los productos chinos serán sacados del mercado estadounidense. En ese panorama, EE. UU. se está apoyando en el Tratado México, EE. UU. y Canadá (T-MEC), por lo que está alineando a México y Canadá para intensificar la guerra comercial. El problema de ello es que México, una economía más débil que las otras dos, está menos preparado para ello, dado que depende mucho de la importación de bienes intermedios para producir bienes de exportación y para el consumo nacional, la guerra –porque irían como bloque– podría traducirse en un aumento del costo de bienes dentro del país. La duda es, si el gobierno de Donald Trump intensifica la guerra comercial, ¿cuánto soportará la economía mexicana, cuánto soportarán los mexicanos y cuánto los más pobres?

Una de las dudas más razonables que plantea el plan tiene que ver con el financiamiento para la inversión. El objetivo de elevar la inversión más allá del 28 por ciento en 2030 se ve poco realista. Aunque el plan menciona incentivos fiscales y esquemas de inversión mixta, no se aclara cómo se logrará una movilización de recursos significativa. Es reciente la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación, donde se evidenció que el país enfrenta un panorama fiscal limitado, con una recaudación tributaria relativamente baja en comparación con otras economías de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Se podrá pensar que puede venir de la inversión extranjera directa (IED), pero en 2024 ésta fue de 38 mil millones y se estima que para 2025 oscile entre 39 y 60 mil mdp, pero ni en el mejor de los casos podría alcanzar para accionar los ambiciosos proyectos. La pregunta es: ¿de dónde vendrá el dinero?, ¿más deuda, recorte a programas sociales y obras, reforma hacendaria? 

Del dicho al hecho hay mucho trecho, pues plantearse la sustitución de importaciones conlleva a reorganizar la producción radicalmente. Aunque México es actualmente la 12a economía del mundo, su dependencia de la importación de bienes asiáticos para completar las cadenas de producción de mercancías que terminan en EE. UU. es grande. De Asia se importa maquinaria, aparatos y material eléctrico, partes automotrices, plásticos, metales, textiles, químicos, etcétera, por 211 mil millones de dólares (mdd) anuales. Reorganizar esto no sólo implica tener suministro de materias primas, instalaciones, que por sí mismas representan problemas mayúsculos, sino también el capital y los trabajadores capacitados que participarán en cada proceso de la producción. Así, lo que se pregunta cualquier persona sensata es: ¿se puede reorganizar esto en cinco años, es decir, de aquí a 2030, o se quedará en discurso nada más?

Por último, bien analizado el Plan México, se observa que “la apuesta” principal consiste en sustituir la compra de insumos (y otros bienes) que hoy se compran en China para ser producidos en México con empresas nacionales o extranjeras y que sean capaces de abastecer las cadenas de producción norteamericanas. ¿Por qué ahora? Desde hace unas décadas, durante el auge de la globalización, la producción de mercancías se organizó para producir donde fuera más barato. Así, hoy día, producir un auto implica que sus partes y procesos de producción se realicen en más de una decena de países, y así con las miles de mercancías que se producen en el mundo. Esta forma de producción mostró el peligro para EE. UU. cuando, en 2017, empezó la guerra comercial con China; y después ocurrió la pandemia y el conflicto Ucrania-Rusia, pues la producción se vio interrumpida de manera prolongada y peligrosa para el corazón del imperio. Esto obligó a que inmediatamente se reorganizaran las cadenas de producción. Al intensificarse la guerra, México se está integrando más al bloque comercial del T-MEC encabezado por EE. UU. con el plan México. Más integración a América del Norte, después de 31 años de haber firmado el tratado comercial, ¿beneficiará a México y a los mexicanos? No se ve qué se está haciendo sustancialmente diferente para afirmar que, si se concreta el plan, disminuirán la desigualdad y la pobreza. ¿Por qué no se especifican con el mismo empeño las metas en estos rubros? Es una duda sensata. 


Escrito por Rogelio García Macedonio

Licenciado en Economía por la UNAM.


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