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México el muro soñado por Trump
El gobierno de la Cuarta Transformación (4T) aplicará a los migrantes de Centroamérica se encuentran la habilitación de seis mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala.
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México está a punto de convertirse en el muro fronterizo tan soñado por el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, quien impuso el cinco por ciento a los aranceles de productos mexicanos, con esta medida, que entraría en vigor el pasado 10 de junio, el magnate presionó al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para endurecer su política en contra de los migrantes centroamericanos.

En Washington, AMLO y el canciller Marcelo Ebrard lograron evitar la aplicación perentoria de esta sanción comercial, pero usaron a los migrantes centroamericanos como moneda de cambio. El acuerdo que suscribieron con el gobierno estadounidense contiene una cláusula con la que México se comprometió a que las medidas de represión anti-migratoria tendrán resultados positivos en 45 días.

Entre las medidas que el gobierno de la Cuarta Transformación (4T) aplicará a los migrantes de Centroamérica se encuentran la habilitación de seis mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala y el compromiso de atender a los migrantes que tramitan su ingreso legal a territorio estadounidense.

Una vez firmado el acuerdo –del que aún no se conoce el contenido total por orden del mandatario estadounidense–, AMLO convirtió el mitin de “unidad nacional”, organizado en Tijuana, en una fiesta popular para celebrar un supuesto éxito en la negociación efectuada en Washington. En este evento participaron gobernadores, legisladores, dirigentes empresariales y dos ministros religiosos.

Miles de migrantes esperan respuesta

En uno de los albergues para migrantes en Tijuana se refugia Luis, ciudadano de Honduras. Llegó hace un mes a México con su hijo de 12 años; hace días, solicitó al consulado estadounidense su ingreso al país en calidad de refugiado. En lo que recibe una respuesta, busca empleo en esta ciudad fronteriza, pero su meta es trabajar en Estados Unidos.

En la misma situación se encuentran 10 mil migrantes, según la cancillería mexicana. La mayoría de ellos conserva la esperanza de realizar el “sueño americano”, a pesar de las restricciones y las duras medidas que acordaron implementar los gobiernos de EE. UU. y México.

A ninguno le interesa quedarse en nuestro país, pues mucho les ha costado llegar a la frontera norte y ya que la tienen de frente, no pierden la esperanza de cruzar. Por ahora muchos de ellos deambulan por las calles del centro de Tijuana o por el bordo fronterizo, en las garitas, a unos cuantos metros del muro, en estado de indigencia.

Tijuana es uno de los puntos que más ha recibido migrantes provenientes de Honduras, Jamaica, El Salvador, Guatemala, de los estados sureños de México e incluso de otros continentes. Todos huyen de la pobreza, el desempleo y la inseguridad de sus países; todos tienen la mirada puesta en Estados Unidos.

A una semana de haberse firmado el acuerdo entre México y EE. UU. el flujo migratorio no ha disminuido. Entre las rejas que separan a ambos países, en las playas de Tijuana, decenas de personas conversan; son familiares o amigos que fueron deportados y esperan el trámite de su legalización.

Del lado estadounidense hay poca gente que se acerca a platicar con sus familiares que fueron deportados a México. Del lado mexicano hay una multitud, e incluso este sitio de encuentro se ha convertido para algunos en la puerta de la esperanza y, para otros, en la puerta de hierro que se abre cada año, sobre todo en Navidad o Día de Reyes.

A solo unos metros del muro se encuentra la Embajada del Migrante, refugio que pertenece a la organización no gubernamental Ángeles de la Frontera. Recibe a todos los migrantes para brindarles asesoría legal, alimentos, resguardo y ropa. Este refugio da la bienvenida a los migrantes con una inscripción bíblica en inglés: “Tuve hambre, y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber…”.

Uno de los voluntarios –que omite su nombre– atiende por ahora el albergue. Dice que la situación es grave y que puede empeorar en las próximas semanas porque EE. UU. deportará a muchos más migrantes debido al acuerdo suscrito la semana pasada. Esto podría agudizar la falta de atención médica, la inseguridad y la demanda de empleo, cuya oferta salarial es muy precaria, porque la industria maquiladora se aprovecha del desempleo, explica el voluntario.

Si bien es cierto que en los últimos cuatro meses se redujo la cantidad de migrantes centroamericanos y mexicanos que llegan a Tijuana, debido al incremento de la vigilancia fronteriza, ahora buscan cruzar por Piedras Negras, Coahuila, según datos de la ONG. Pero con las nuevas medidas es incierto el número de personas que podrían llegar del sur, aunque para ellos es seguro que aumentará la demanda de atención.

“Apoyamos a los migrantes, al refugiado, pero aquí ya no caben”, comenta el voluntario. El espacio se mantiene abierto todos los días y cuenta también con una oficina en San Diego, California, donde la atención consiste en asesoría legal, informa un tríptico que distribuye la organización civil.

El presidente de la Alianza Migrante de Tijuana, José María García Lara, declaró a la prensa local que los albergues instalados en esta ciudad seguirán ofreciendo refugio a los migrantes, en tanto se hallen a la espera de una respuesta del gobierno estadounidense. La ayuda continuará a pesar de que los albergues no cuentan con apoyo del Gobierno Federal. García Lara denunció: “A los migrantes centroamericanos los siguen retornando, no ha parado esta medida”.

México: “tercer país seguro”

Aunque el canciller mexicano ha negado públicamente que México será en los próximos meses el “tercer país seguro” de EE UU., en los hechos todo parece indicar que así es.

La Declaración Conjunta México-Estados Unidos, emitida por el gobierno mexicano tras el acuerdo con el gobierno del país vecino, evitó el cobro del cinco por ciento a los aranceles de productos mexicanos, hecho que comprometió a México a cerrar el paso a los migrantes desde la frontera con Guatemala, además de captar a los deportados por el gobierno estadounidense, mientras éstos tramitan su solicitud de ingreso legal.

“México incrementará significativamente su esfuerzo de aplicación de la ley mexicana a fin de reducir la migración irregular, incluyendo el despliegue de la Guardia Nacional en todo el territorio nacional, dando prioridad a la frontera sur”, refiere la primera acción.

De igual forma, “los Estados Unidos extenderán de manera inmediata la instrumentación de la sección 235(b)(2)(C) a lo largo de su frontera sur. Esto implica que aquellos que crucen la frontera sur de Estados Unidos para solicitar asilo serán retornados sin demora a México, donde podrían esperar la resolución de sus solicitudes de asilo”.

México autorizará la entrada de dichas personas, mientras esperan la resolución de sus solicitudes de asilo y el gobierno mexicano ofrecerá oportunidades laborales, protegerá los derechos humanos y brindará salud y educación a los migrantes, mientras permanezcan en territorio mexicano.

En lo que va del año, 521 mil migrantes ingresaron al país con la firme intención de llegar a EE. UU., de éstos, 159 mil 395 son menores de edad, dijo AMLO en Tijuana. No habló, sin embargo, del incremento en las detenciones y deportaciones que ha realizado el Instituto Nacional de Migración (INM) que, hasta abril, repatrió a 45 mil 370 migrantes, en su mayoría de origen centroamericano.

Las cifras migratorias del 2019 de la Secretaría de Gobernación reportan que, entre enero y marzo de este año, el 48.5 por ciento de los detenidos por el INM son hondureños; el 27.4, de Guatemala; el 9.4, de El Salvador; el 2.4, de Cuba; el 2.1, de Haití; el 1.5, de Nicaragua y el 8.7, de otros países.

Festejando la imposición

Lo que inicialmente fue convocado como un mitin por la unidad de los mexicanos, se convirtió, a partir de la noche del siete de junio, en un “festejo” que el Presidente denominó “en defensa de la dignidad de México y a favor de la sagrada amistad con el pueblo de Estados Unidos”. Entre las avenidas Benito Juárez y Constitución, en pleno centro de Tijuana, arribaron gobernadores, diputados, presidentes municipales, dirigentes sociales, representantes de iglesias y ciudadanos.

Además de “celebrar los acuerdos” y justificar su débil respuesta frente al presidente estadounidense, AMLO trató esta vez de compararse con personajes de la talla de Nelson Mandela, Gandhi y Martin Luther King, porque “apostaron por la paz y el diálogo”. También aprovechó el momento para justificar ante los asistentes: “Nos iban a obligar a tomar medidas parecidas a las que ellos iban a tomar”.

El Secretario de Relaciones Exteriores inició los discursos, pronunciados por el presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, el cura católico Alejandro Solalinde y el pastor evangélico Arturo Farela.

Inicialmente, el canciller reconoció: “no podemos decir que ganamos todos los puntos”, pero al final festejó haber logrado “los más importantes”, entre ellos evitar el cobro de aranceles por parte del gobierno de EE. UU.

AMLO destacó que no “habrá crisis” por la aplicación de aranceles a mercancías mexicanas en territorio estadounidense; ensalzó la participación de los mexicanos en la economía del país vecino, del trabajo que realizan y el intercambio cultural; también resaltó la importancia que México tiene para las exportaciones estadounidenses.

Dijo que la medida anunciada por Trump habría sido unilateral y que, aunque la respetaba, no la compartía, porque de haberse aplicado “hubiese causado un daño importante en ambas economías y debilitado la alianza comercial de la región. Por fortuna, desde el principio hicimos propuestas con el gobierno estadounidense para resolver de fondo el fenómeno migratorio”.

Y para congraciarse con el gobierno de EE. UU., AMLO anunció, dos días después del “festejo” en Tijuana, la integración de una comisión especial que tendrá la encomienda de vigilar la aplicación de las medidas migratorias comprometidas con EE. UU., comisión que estará encabezada por Marcelo Ebrard y otros cinco funcionarios de alto rango en el gobierno mexicano.

“México quiere demostrar en los hechos que eso funciona, de modo que se crea una comisión especial. Estaremos trabajando en un plan especial para atender a los migrantes”. Y a partir del cinco de junio pasado, la Guardia Nacional realizó su primer despliegue en la zona fronteriza con Guatemala a cargo del general de brigada Vicente Antonio Sánchez.

El canciller Ebrard informó que el Gobierno Federal destinará recursos propios a la comisión especial para que ésta disponga del presupuesto suficiente en la “regulación del flujo migratorio”. También recordó al gobierno de EE. UU. que “invierta en el desarrollo de Centroamérica”. Con esta petición, el gobierno de la 4T afianzó todavía más su relación política con EE. UU., máximo representante del neoliberalismo; hecho que demuestra la incongruencia del mandatario mexicano, que no hace mucho declaró la abolición del modelo neoliberal en el país.

Niños migrantes en Tijuana

Decenas de niños juegan en un pequeño patio del albergue Juventud 2000, un galerón de lámina en cuyo interior hay varias casas de campaña en las que habitan familias enteras.

Es domingo. Algunos padres no se encuentran porque salieron a trabajar, dice la encargada. En una de esas casas de campaña hay un par de pequeños que juegan solos. A la niña le da pena decir su nombre y el niño, de unos seis años, platica con confianza. Ella es de Puebla y él, de Morelos; ambos son migrantes y buscan llegar a EE. UU.

La mayoría de los niños migrantes son de países de Centroamérica, principalmente de Honduras, Guatemala y El Salvador. Por ahora han olvidado el sufrimiento que padecieron durante el viaje.

En el fondo del galerón, Luis, quien trabaja en un autolavado, descansa junto a su hijo de 12 años, pues es domingo. En Honduras dejó a sus padres, a su esposa y a otros tres hijos pequeños. Dice que no tuvo mayor problema en transitar por México, ya que él y su hijo no se movieron en caravana. Ahora espera una cita que le dio el consulado estadounidense, a quien solicitó asilo. Le resolverán en septiembre, pero desconoce si se hará efectiva su solicitud tras la firma del nuevo acuerdo migratorio entre México y EE. UU.

Él permanecerá en Tijuana en espera de una buena noticia. Está convencido de que muchos otros migrantes no aceptarán quedarse en México, según el plan propuesto por AMLO. Incluso estima que solo 40 de cada 100 migrantes aceptarán quedarse a trabajar en el país, y que el 60 por ciento restante intentarán cruzar la frontera a como dé lugar.

“La situación en nuestros países es penosa, por eso decidimos ir a EE. UU., no quedarnos en México, a pesar de ser un gran país”, agrega el indocumentado.

Mientras los niños juegan, otros esperan la hora de la comida. La encargada pide una cooperación para comprar el gas, tiene que reunir mil pesos para este gasto; conseguir dinero para el albergue es difícil, pues no cuentan con algún apoyo gubernamental, solo de algunas organizaciones de la sociedad civil.

Cerca de este refugio hay otros (en Tijuana hay cuatro en total). Se trata del albergue Pro-Libertad y Derechos Humanos; su encargado teme que se incremente el número de deportados, que se sumarán a los que están en espera por la respuesta del consulado. Ahora la lista es de aproximadamente 300, quienes desconocen cuándo serán convocados. Dice que es un proceso tardado y que puede durar entre dos y tres meses.

“No me parece justo, solo buscan una mejor vida. Se encuentran oprimidos y desesperados”, afirma el encargado de Pro-libertad, en lo que conversa con migrantes africanos, quienes entran y salen en espera de atención.


Escrito por Trinidad González .

Reportero. Estudió la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.


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