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Ser trabajador o jubilado en el sur global
México es miembro honorario de este club, aunque en varias ocasiones nos hayan vendido el cuento de que estábamos a punto de pasar al grupo de los países privilegiados. Nada más lejos de la verdad.


La categoría “sur global” hace referencia al conjunto de países subdesarrollados que mantienen relaciones de dependencia con los países centrales o imperialistas. México es miembro honorario de este club, aunque en varias ocasiones nos hayan vendido el cuento de que estábamos a punto de pasar al grupo de los países privilegiados. Nada más lejos de la verdad.

¿Qué significa ser trabajador en el “sur global”? Significa que, con probabilidad altísima, te encuentres en la informalidad o la precariedad laborales, que ganas un salario mísero o que se combinen en ti estas tres condiciones; en otras palabras: que estás en una situación de vulnerabilidad donde la retribución que recibes por tu trabajo difícilmente alcance para la satisfacción de tus necesidades personales y las de tu familia.

En América Latina, por ejemplo, 51 por ciento de los trabajadores no agrícolas se hayan en el sector informal y en México son 55 por ciento. Casi 70 por ciento de los mexicanos gana menos de tres salarios mínimos, y una quinta parte se haya en condiciones críticas de ocupación; esto es, trabajan menos de 35 horas a la semana por razones ajenas a su voluntad con ingresos menores a un salario mínimo o más de 48 horas por semana percibiendo hasta dos salarios mínimos.

La clase trabajadora mexicana se encuentra en una situación de vulnerabilidad total. Pero, como vimos, esto no es exclusivo de México sino algo que comparte con la inmensa mayoría de los países del mundo ¿Cómo explicarlo? El revolucionario Carlos Marx concluyó el volumen I de su obra magna, El Capital, con el análisis de lo que denominó ejército industrial de reserva o superpoblación relativa. Marx demuestra que la competencia entre capitalistas genera un tipo de cambio técnico que reemplaza, más lenta o rápidamente, el trabajo vivo por el de las máquinas y otros instrumentos laborales más eficientes que requieren de menos trabajo para ponerse en acción.

Este fenómeno hace que, casi como regla general, la demanda empresarial de trabajo crezca más lento que la población laboral; esto produce necesariamente una masa más o menos grande de trabajadores desempleados. Esta superpoblación relativa es producto del desarrollo capitalista, pero también contribuye a su reproducción: su existencia empuja a la baja los salarios de los trabajadores activos, que aquellos se mantengan por debajo del valor que genera el trabajo y el capitalista obtenga la plusvalía necesaria para reinvertir.

Ahora bien, hasta mediados del siglo XX, los ejércitos industriales de reserva tenían un carácter nacional: eran población disponible casi exclusivamente para los capitalistas locales. Pero la revolución neoliberal o “globalización” económica, que irrumpió con violencia en los años 80 del siglo pasado, cambió radicalmente esta situación. Su componente central fue precisamente permitir la libre movilidad de capitales y mercancías. De este modo las empresas capitalistas de los países imperialistas emigraron hacia el “sur global” en busca de fuerza de trabajo más barata que existente en sus países de origen.

Fue de este modo como el capital global tiene a su total disposición un inmenso ejército industrial de reserva, disponible para ser superexplotado en condiciones de absoluta vulnerabilidad y precariedad mientras sobrevive trabajando en la informalidad. Los países dependientes se hallan en una violenta carrera para atraer a la mayor cantidad de capital posible mediante la oferta de mínimos de inversión: bajos salarios, cero impuestos y laxa o inexistente regulación ambiental. Esta es la triada fatal que busca el capital para maximizar sus ganancias.

Es en este contexto, y entre los múltiples problemas que vive nuestro país, como el sistema de pensiones esté en crisis, lo cual no debiera sorprender a nadie. En efecto: ¿cuántos recursos pueden destinar en pensiones gobierno y trabajadores en un país donde la mayoría de éstos se encuentra en la informalidad, vive al día y los más ricos pagan muy pocos impuestos? Casi nada y este es el problema de fondo. Por eso sorprende y decepciona que el gobierno de la 4T insista en resolver el problema de las pensiones elevando la edad de la jubilación y manteniendo el esquema de pensiones privatizadas que se instauró en el sexenio del expresidente Carlos Salinas. Querer curar los males del neoliberalismo reproduciendo sus elementos centrales solo augura una profundización de la crisis económica, política y social que ya padecen nuestro país y todo el “sur global”.


Escrito por Jesús Lara

Licenciado en Economía por El Colegio de México. Doctorante en Economía en la Universidad de Massachusetts Amherst de EE.UU.


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