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Las cosas no van bien en el mundo, y América Latina y el Caribe no son excepción: el hambre golpea aún más fuertemente que antes de la pandemia. Las persistentes desigualdades en la región tienen un impacto significativo en la inseguridad alimentaria de los más vulnerables.
Más de 42 millones de habitantes de América Latina y el Caribe padecen hambre. Se trata del 6.5 por ciento de su población total de 662 millones. Allí el optimismo no desborda, ya que el hambre hoy es mayor que durante la etapa anterior al Covid-19, con el agravante de que 248 millones sufren inseguridad alimentaria y una de cada cinco personas no logra consumir una dieta realmente equilibrada y saludable. En la actualidad, en el mundo, casi una de cada diez personas padece hambre.
Esta constatación es preocupante: si bien entre 2021 y 2022 se lograron algunos progresos en el continente en cuanto a la reducción del hambre y la inseguridad alimentaria, esos avances están lejos de las metas del Objetivo número 2 de Desarrollo Sostenible para 2030: eliminarlo defnitivamente.
Ésta es la conclusión del Informe América Latina y el Caribe Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición-2023, elaborado por varias agencias de las Naciones Unidas: FAO (alimentación y agricultura), UNICEF (niñez), FIDA (desarrollo agrícola), OPS/OMS (salud) y el Programa Mundial de Alimentos, y publicado la primera semana de noviembre (https://www.fao.org/documents/card/es/c/cc8514es).
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) jugó un papel central en la elaboración de dicho informe y su denominado “indicador de prevalencia de la subalimentación” (es decir, termómetro del hambre) se deriva de datos nacionales sobre el suministro de alimentos y su consumo, así como de las necesidades de energía de la población, teniéndose en cuenta edad, sexo y niveles de actividad física. Este indicador se diseñó para identificar un estado crónico de privación de energía, es decir, sin consideración de los efectos efímeros de las crisis temporales.
Entre 2021 y 2022, el número de personas con hambre en Sudamérica disminuyó 3.5 millones; sin embargo, el número de subalimentadas aumentó seis millones con respecto a la cifra prepandemia. En 2022, en América Central más de nueve millones padecieron hambre. En tanto en el Caribe, 7.2 millones sufrieron esa realidad extrema. Fueron 700 mil más que en 2021 y Haití registró la incidencia más alta. Casi una persona haitiana de cada dos sufre hoy a causa de ese flagelo.
Inseguridad alimentaria
El informe de la ONU señala que la inseguridad alimentaria –tanto moderada como grave– en la región fue muy superior a la estimación media mundial, la cual abarca el 29.6 por ciento de su población total. En efecto, en 2022 el 37.5 por ciento de los habitantes de América Latina y el Caribe se vio afectado por dicha condición. En cifras absolutas, 248 millones de personas se vieron obligados a reducir la calidad o cantidad de sus alimentos (inseguridad alimentaria moderada) y, en el caso más extremo, pasaron varios días sin comer, lo que puso en grave riesgo su salud y bienestar (inseguridad alimentaria grave). En 2022 en Sudamérica, el 36.4 por ciento de su población padeció esta condición; en Mesoamérica, el 34.5 por ciento; y en el Caribe, el 60.6 por ciento.
Por otra parte, la inseguridad alimentaria en cualquiera de sus dos expresiones sigue afectando más a las mujeres que a los hombres e incidiendo un ocho por ciento más en las zonas rurales que en las áreas urbanas.
La dieta saludable más cara del mundo
América Latina y el Caribe constituyen la región del mundo donde comer de forma saludable cuesta más que en cualquier otra en el planeta. Entre 2020 y 2021, el costo de una dieta saludable en esa región aumentó un 5.3 por ciento debido a la inflación alimentaria impulsada por los confinamientos pandémicos, las interrupciones en la cadena de suministro mundial y la escasez de recursos humanos. Fueron más de 133 millones de personas los que no pudieron permitirse una dieta saludable: un aumento de más de 11 millones en relación con 2020.
El indicador de una dieta saludable consiste básicamente en el precio de compra de los alimentos menos costosos y disponibles localmente necesarios para cubrir 2 mil 330 calorías diarias.
En la actualidad, en dicha región, esa misma dieta cuesta un promedio de 4.08 dólares diarios por persona. Técnicamente identificado como Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), el costo de la dieta en América Latina y el Caribe se encuentra muy por encima del PPA mundial de 3.66 dólares. Le siguen Asia (3.90 dólares PPA); África (3.57 dólares PPA); América del Norte y Europa (3.22 dólares PPA) y finalmente Oceanía (3.20 dólares PPA).
Perspectivas inciertas
El Informe señala que la región enfrenta un escenario complejo debido a una serie de crisis sucesivas: la pandemia de Covid-19, las persistentes desigualdades, los niveles de pobreza, la crisis climática y los efectos del conflicto Rusia-Ucrania, factores que han contribuido al aumento de los precios de los alimentos y la inflación alimentaria y, en consecuencia, amenazado el funcionamiento, la eficiencia y la resiliencia de los sistemas agroalimentarios. En este contexto, concluye el Informe, el hambre y la malnutrición siguen figurando entre los principales desafíos para la región, y ni América Latina ni el Caribe están en camino de alcanzar las metas que la Asamblea Mundial de la Salud ha propuesto con respecto al hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición.
“América Latina y el Caribe –puntualiza el Informe–, se enfrentan a un complejo problema de malnutrición que abarca tanto la desnutrición (retraso del crecimiento, emaciación infantil y carencias de vitaminas y minerales) como el sobrepeso y la obesidad”. Prueba de ello es el aumento de sobrepeso que la región experimentó entre 2000 y 2022 en niños y niñas menores de cinco años, así como de obesidad entre los adultos de 2000 a 2016. Ambas tendencias superan las tasas mundiales medias y en varios países todavía se constata un nivel muy alto de retraso del crecimiento en niños y niñas menores de cinco años.
Según Naciones Unidas, la capacidad de la región como productora de alimentos es y seguirá siendo un pilar esencial, incluso para aportar a la seguridad alimentaria global. Por esa razón, es necesario mejorar el acceso a alimentos nutritivos y cerrar la brecha entre países, con un enfoque especial en los grupos más vulnerables. Y concluye que, en el contexto actual, es imperativo avanzar hacia la transformación de los sistemas agroalimentarios en coordinación con el fortalecimiento de los sistemas de salud y de protección social, y con acciones integrales y enfoques sistémicos y multisectoriales. Específicamente, “es crucial priorizar el desarrollo de cadenas de valor sostenibles que promuevan la nutrición, dinamicen los mercados y el comercio agroalimentario, regulen la promoción y publicidad de los alimentos y fomenten el desarrollo de entornos alimentarios saludables”.
Numerosas instituciones y organismos regionales han unido esfuerzos para lograr la seguridad alimentaria y una mejor nutrición. El Informe destaca el trabajo conjunto de varias agencias especializadas que están dándole seguimiento a lo propuesto por la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios; el proceso de actualización del Plan para la Seguridad Alimentaria y Nutrición y la Erradicación del Hambre 2024-2030 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC https://celacinternational.org/), y el trabajo del Frente Parlamentario contra el Hambre en América Latina y el Caribe (http://parlamentarioscontraelhambre.org/), entre otras.
A pesar de las cifras preocupantes, las sugerencias del Informe de estas agencias de Naciones Unidas flota en la superficialidad, queda en generalidades y no arriesga incorporar la reflexión y las propuestas alternativas de los principales movimientos campesinos del continente. En ocasión de la Jornada Internacional de octubre pasado, La Vía Campesina –la mayor organización rural del mundo con fuerte presencia en América Latina y el Caribe– expuso su propio diagnóstico de la situación alimentaria mundial (https://viacampesina.org/es/frente-a-las-crisis-globales-construimos-soberania-alimentaria-para-asegurarle-un-futuro-a-la-humanidad-llamado-a-la-accion-global-16oct23/).
“Estamos viviendo un escenario de monopolización generalizada de todos los eslabones de los sistemas alimentarios”, sostiene dicha organización. Y explica: “Acaparan nuestra producción agrícola, las semillas, las tierras, los territorios; vulneran nuestros derechos campesinos a la renta y a una vida digna, a la protesta y a la autonomía de nuestros pueblos”. Esta crisis alimentaria sin precedentes, según La Vía Campesina, se entreteje con la crisis climática, las guerras, la corrupción, el control mediático, el racismo institucional y el neofascismo mientras que se sigue criminalizando al campesinado y acaparando sus medios de vida y de subsistencia. Por último, La Vía Campesina reitera y reivindica sus históricas apuestas esenciales como única alternativa alimentaria al hambre en el mundo: la lucha contra el modelo del agronegocio (gran producción monopólica de la agricultura) y la promoción de una real soberanía alimentaria.
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Escrito por Sergio Ferrari .
Periodista