Todo parece indicar que el bloque en el poder ya decidió que la reforma para imponer una jornada legal de trabajo de cuarenta horas a la semana va a ser aprobada por el Congreso antes del 15 de diciembre.
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Veamos algunas cifras que dan sustento a lo anterior. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) aplicó una encuesta de la que se desprende que en el tercer trimestre de 2023 aumentó en 680 mil el número de personas en la informalidad respecto al mismo periodo de 2022; que en septiembre pasado había 32.6 millones de mexicanos con tal estatus laboral –cifra equivalente al 55.1 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA)– y que las tasas más altas de informalidad se ubicaron en Oaxaca, con 81.5 por ciento; Guerrero, con 77.4 por ciento; y Chiapas, con 75.4 por ciento.
En cuanto al número de pobres en el país, el estudio Medición de Pobreza 2022, del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reveló que, al final de ese año, en el país había 46.8 millones de personas en esa situación, que el 37.7 por ciento se hallaba en pobreza moderada y 9.1 millones en pobreza extrema, a pesar de que el gobierno morenista alardea que ha reducido tal flagelo. Sin embargo, información fidedigna asegura que la proporción de las familias en esta situación que recibían alguna ayuda gubernamental se redujo del 23 por ciento en 2018 al nueve por ciento en 2022; es decir, que los programas sociales del gobierno de la supuesta “Cuarta Transformación” (4T) están llegando a menos mexicanos en miseria extrema que en el sexenio anterior.
AMLO se montó en el poder con el compromiso de que en su proyecto de cambio estarían “primero los pobres”. Pero después de cinco años de gestión, además de no enseñar a los pobres a pescar, se ha dedicado a lanzarles al aire charales y a desentenderse de los instrumentos con capacidad real para sacar a la gente de la pobreza: empleos bien remunerados, mejor educación y atención sanitaria de calidad. Los apoyos monetarios del gobierno morenista son paliativos que únicamente ayudan a solventar algunos gastos y no atacan seriamente la pobreza.
Otro de los grandes problemas de la 4T es la inseguridad pública; la violencia delictiva –provocada por el crimen organizado y por delincuentes menores– se ha incrementado y tiene bajo amenaza constante de robo, extorsión y muerte a millones de mexicanos. Pero desde “el circo” de Palacio Nacional se plantea lo contrario y se defiende la estrategia de “abrazos, no balazos”. Hasta el 13 de diciembre, según un reporte de TResearch, en el país se habían registrado 28 mil 654 homicidios (monto cercano al umbral de los 30 mil asesinatos por año) y en lo que va del sexenio se han contabilizado más de 174 mil homicidios, cifra que define a esta administración federal como la más sangrienta en la historia reciente del país.
El obradorismo ha acumulado más errores que aciertos; entre los primeros destaca la propensión del Presidente a polarizar al país, actitud con la que sólo ha logrado generar terribles crisis y evitado la solución pronta y oportuna de problemas económicos, sociales y políticos. Además, su obsesión por desarrollar a como dé lugar “obras faraónicas” como el Tren Maya, y buscar el control político de los otros poderes del Estado, del empresariado y los medios de comunicación, le han merecido la denominación de autócrata aprendiz, torpe y fallido.
Desde que en 2018 asumió la Presidencia, AMLO evidenció los síntomas de una enfermedad política grave: la “ambición de concentrar todo el poder”. Y aunque este padecimiento personal es crónico y quizás no contagie a mucha gente en el futuro próximo (dependerá de Claudia o Xóchitl), sus daños y secuelas negativas en el tejido social, la economía nacional y la infraestructura física del Estado perdurarán algún tiempo, para mal de muchos mexicanos, especialmente para los más pobres.
A finales de este año, AMLO se irá de Palacio Nacional, sin comprender que su “popularidad” se debió a las entregas monetarias en efectivo con las que, además de comprar votos para su partido y brindar mínima satisfacción a muchos mexicanos marginados, brindó estabilidad política a la oligarquía comercial, industrial y financiera de México.
Para estas élites y los políticos de partido que tiene a su servicio, las ambiciones de poder absoluto de AMLO, su megalomanía, su demagogia ramplona y sus ocurrencias no existieron o fueron únicamente rasgos pintorescos; en contraste con la deuda que, más temprano que tarde, las clases pobres cobrarán a quien herede este legado de pesadilla política antidemocrática. Por el momento, querido lector, es todo.
Todo parece indicar que el bloque en el poder ya decidió que la reforma para imponer una jornada legal de trabajo de cuarenta horas a la semana va a ser aprobada por el Congreso antes del 15 de diciembre.
El pueblo de Tecomatlán se viste de gala porque abre sus puertas para recibir a los participantes en el XXIV Encuentro Nacional de Teatro.
Este México nuestro se ha hecho, por sus condiciones, tan irreal, tan innecesario, que así como está ya no tiene ninguna utilidad para el pueblo pobre.
“Humanismo Mexicano”; Altagracia Gómez (empresaria asesora de Sheinbaum) y José Antonio Fernández (presidente de FEMSA) prefieren llamarlo “Capitalismo Consciente”.
Recientemente leí el texto La constitución urbana y espacial de la ZEDEC Santa Fe: origen y desarrollo producto de la reestructuración urbana y símbolo del proyecto neoliberal mexicano de Gustavo Kunz.
En octubre y noviembre, las protestas y manifestaciones en la Ciudad de México (CDMX), los estados vecinos y en todo el país se han convertido en el pan de cada día.
También tendrán un nuevo beneficio: un seguro de vida institucional valuado en alrededor de 60 mil pesos.
Los bombardeos de Estados Unidos (EE. UU.) en el Caribe contra lo que llaman “narcolanchas” y la aproximación de la armada estadounidense a aguas venezolanas es en realidad una cortina de humo para ocultar el verdadero propósito.
“Por todas partes veo confabulaciones de los ricos que, bajo pretexto y en nombre del bienestar nacional, buscan su propio beneficio”, escribió Thomas Moore, uno de los grandes nacionalistas irlandeses.
México está dividido. Desde la época de los aztecas, los pueblos se dividieron; y cuando llegaron los conquistadores se dividieron aún más.
Más que una categoría formal, la etiqueta “Generación Z” es un instrumento ideológico.
El canon económico clásico postula que el mercado es modelo de equilibrio y que en caso de desbalancearse se ajustará solo, sin intervención del Estado.
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Organizarse para la construcción de un cambio revolucionario en México es algo verdaderamente difícil, dado el atraso intelectual y cultural en el que tienen sumergido a nuestro pueblo.
Con la disolución del bloque socialista, acaecida en 1991 el capitalismo se volvió el modo de producción dominante.
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Escrito por Miguel Ángel Casique
Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).