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Sextante
La historia silenciada de Estados Unidos (IV de IV)
El sobresaliente libro cinematográfico indica que las agresiones de Occidente a Rusia se remontan al Siglo XIII (1242).


La declaración de Adolfo Hitler sobre sus intenciones de conquistar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue el error más grande que cometió, porque subestimó la capacidad de resistencia de la enorme confederación de países que en 1917 se había declarado socialista. Con 23 millones de kilómetros cuadrados –informa el documental de Oliver Stone– su territorio era tres veces superior al de Estados Unidos (EE. UU.), poseía una enorme cantidad de recursos naturales y su población era de 193 millones de personas que naturalmente no aceptarían ser eliminados, o convertidos en esclavos por el régimen más oprobioso conocido por la historia humana. El sobresaliente libro cinematográfico indica que las agresiones de Occidente a Rusia se remontan al Siglo XIII (1242), cuando los “cruzados” del Sacro Imperio Romano Germánico intentaron avasallar a los eslavos que vivían en Ucrania y Rusia; en este episodio, el documental proyecta escenas de la película de Sergei Eisenstein, Alexander Nevsky, cuyo personaje central es un duque heroico, líder de la resistencia eslava contra los invasores. Eisenstein filmó esta cinta en 1938 y, con su mensaje, promovió el nacionalismo ruso que tanto contribuyó a frenar la invasión germánica del Siglo XX.

Las argucias de Hitler y los ideólogos del nazi-fascismo sostenían que los eslavos eran una mezcla racial “impura” que llevaría a la civilización al “colapso”. Por ello hizo pedazos el “pacto de no agresión” que dos años antes había firmado con José Stalin. En un primer ataque “relámpago”, lanzó tres millones de soldados desplegados sobre tres mil kilómetros entre los mares Ártico y Negro. Los nazis aniquilaron rápidamente dos terceras partes de la aviación soviética y el documental cita una versión regularmente puesta en duda: que Stalin mandó fusilar a 40 mil mandos militares, entre ellos algunos que no estuvieron de acuerdo con el asesinato de León Trotski, ocurrido en 1940 en la Ciudad de México. Otro de los graves errores cometidos por Hitler consistió, según el relato de Stone, en no haber buscado aliarse con los grupos étnicos locales que el gobierno soviético había afectado con sus políticas agrarias y la traslación de comunidades originarias a regiones distantes y de haber apelado, con obediencia, a su odio hacia las razas “inferiores”, a la barbarie genocida que lo caracterizó, cuya práctica, tan solo en Kiev, provocó el asesinato de más de medio millón de personas. Con la caída de Ucrania en manos nazis, la URSS perdió su principal fuente de materias primas –hierro, carbón mineral, etc.– y su corazón industrial.

En otoño de 1941, las hordas nazis se lanzaron sobre Moscú, la capital de la URSS. Los líderes británicos y estadounidenses calcularon entonces que en solo cuatro semanas la URSS sería derrotada; y que con ella caería el socialismo soviético. Stalin pidió nuevamente abrir el frente occidental a los aliados; es decir, que desembarcaran sus tropas en la Europa continental para aliviar la presión nazi sobre su territorio. Pero para las potencias occidentales era más importante que los nazis se concentraran en el frente soviético. El presidente de EE. UU., Franklin D. Roosevelt, ordenó que 100 aviones fabricados en su país se enviaran a la URSS, pero los “halcones” –militares y políticos de ultraderecha vinculados a la industria de la guerra– se opusieron a esa decisión. En realidad, esta facción de la oligarquía gringa estaba feliz de que “por fin la URSS caería de rodillas”. En 1942 Harry S. Truman, futuro presidente de EE. UU., hizo en el Senado de su país una cínica declaración que evidenció el verdadero pensamiento de esa élite gobernante: “Si vemos que Alemania está ganando la guerra debemos apoyar a Rusia, pero si vemos que Rusia le está ganando a Alemania debemos apoyar a Alemania”. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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