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Los Juegos Olímpicos 2024 que se celebran en París, Francia, nuevamente demuestran que es totalmente falsa la idea de que el deporte es apolítico y ajeno a cualquier confrontación ideológica o de intereses económicos, pues la máxima justa deportiva mundial no está cumpliendo su papel con su objetivo de estrechar los lazos de hermandad entre las distintas naciones del planeta y mucho menos para transmitir un mensaje de paz para toda la humanidad.
En cambio, los Juegos Olímpicos se han convertido en un espacio en el cual el imperialismo hegemónico, encabezado por el gobierno de los Estados Unidos, ha impuesto sus intereses geopolíticos y desde el cual pretende enviar un mensaje de supremacía a todo el mundo y una amenaza a todas las naciones que no se le sometan.
Esto lo demuestra la ausencia de atletas de Rusia y Bielorrusia, debido a que el Comité Olímpico Internacional (COI) les prohibió participar utilizando sus emblemas nacionales, con el argumento de que sus países participan en una acción militar contra Ucrania. El COI anunció que sólo admitiría la participación de los atletas que renunciaran a su nacionalidad rusa o bielorrusa, un verdadero atropello que va en contra del espíritu olímpico, porque muchos deportistas habían obtenido su clasificación en las distintas pruebas clasificatorias de sus deportes.
En cambio, a la competencia internacional han asistido sin ningún problema deportistas de Estados Unidos, Arabia Saudita o Israel, a pesar de que estas naciones están participando en conflictos armados en Medio Oriente, en Yemen o el genocidio de los palestinos de la Franja de Gaza.
Nada de esto es novedoso, desde su institución en 1986, los Juegos Olímpicos modernos nacieron con la idea de unificar los intereses de las élites económicas, aristocráticas y militares de los distintos imperios de Europa Occidental, no con la intención de formar una alianza de paz y hermandad entre todos los pueblos del mundo.
Como hemos dicho en otros momentos, el deporte moderno es resultado del sistema capitalista de producción, y aunque algunos deportes de conjunto como el futbol fueron creación de los obreros para escapar de la terrible explotación capitalista, con el tiempo los burgueses se apoderaron del deporte, lo reglamentaron y convirtieron en una mercancía más, que en la fase imperialista del capital también ha servido para expandir sus propios intereses económicos e ideológicos y doblegar la voluntad de los pueblos colonizados.
A lo largo de su historia, el COI ha funcionado como un poder supranacional; a través de sus embajadas, los comités olímpicos nacionales, diseminados por todo el mundo, imponen la agenda deportiva con una visión totalmente occidental, lo que ha permitido que en todo el planeta la práctica deportiva esté muy ligada a los intereses del capital, privilegiando el espectáculo y las jugosas ganancias de las grandes trasnacionales antes que la difusión del deporte entre la población.
En toda su historia, solamente en cuatro ocasiones se han celebrado los Juegos Olímpicos en ciudades de países que no pertenecen a las potencias occidentales: México (1968), Moscú (1980), Pekín (2008) y Río de Janeiro (2016).
El experto en geopolítica Pedro García Avendaño, en entrevista para RT, señaló que los Juegos Olímpicos se instituyeron como un mecanismo para mostrar la superioridad de las naciones imperialistas frente al resto del mundo, relegando muy abajo en el medallero a los países subdesarrollados.
“Las olimpiadas se presentan como un espectáculo que genera interés planetario, pero también sirven como una vidriera de vanidades donde se demuestra la superioridad deportiva de los así llamados países desarrollados, que pretenden afirmar y legitimar la política siempre rapaz de las superpotencias”, sentenció.
Esto explica porque sólo se han impuesto sanciones a los atletas rusos y bielorrusos, pero no a los israelitas, pues en el caso de los primeros pertenecen a países que están haciendo frente al imperialismo norteamericano y a su política guerrerista y de expansión en Europa del Este, pues recordemos que la operación militar especial en Ucrania inició como consecuencia de los planes de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN de colocar bases con misiles nucleares apuntando hacia Rusia, así como por la agresión contra la población de origen ruso que vive en el Donbás.
En cambio, Israel es un país que sirve como base militar de Estados Unidos en Medio Oriente, con gran poder de fuego para amedrentar a todas las naciones de esa región, ricas en petróleo y gas natural, de ahí que a Israel se le permita cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad hacia los palestinos y no se les sancione por ninguna autoridad internacional.
No cabe duda que el olimpismo está alineado con los intereses económicos imperialistas y que la política está muy presente en ellos. Mientras, de otro lado, el mundo multipolar surge inevitablemente, encabezado por Rusia, China y otras naciones agrupadas en el BRICS, para hacer realidad la verdadera paz y fraternidad entre todos los pueblos de la Tierra.
Neurocientíficos, como Thomas Armstrong en su libro Neurodiversidad, aseguran que el cerebro es estructuralmente igual para la mayoría de las personas.
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Escrito por Samuel Aguirre Ochoa
Presidente de la Comisión Deportiva Nacional del Movimiento Antorchista.