Hoy compartimos dos poemas de la argentina María Meleck Vivanco (1921-2010) en los que se expresa su militancia antibélica y su profunda preocupación por la realidad convulsa de su tiempo.
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Nací aproximadamente a las 8:40 de la noche del 24 de julio de 1955, en Morelia, Michoacán, un día antes de celebrar al Santo Santiago, por eso me llamo Fernando Santiago; soy el 6º hijo de una familia numerosa de 11 hermanos; mi padre, Plutarco Figueroa Camarillo, obrero del volante y mi bondadosa y cariñosa madre, Carmen Elvira Estrada de la Portillo. Estudié la carrera de Biología en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Viví en Morelia hasta 1979, después he andado rodando por varios estados de mi país, organizando, educando y poniendo en pie de lucha a los obreros, campesinos, amas de casa y estudiantes en el Movimiento Antorchista Nacional, pues soy orgullosamente un militante antorchista de vanguardia desde 1976; actualmente vivo en Puebla capital. Me inicié como maestro de bachillerato en el año de 1979. Comencé a escribir algo que intenta ser poesía desde 1997 o sea, a los 42 años, tardíamente; y desde entonces hasta hoy, sigo procurando escribir y mejorar mis letras y ver si merecen la categoría o no de poesía; yo no lo sé, usted, querido lector, es mi mejor y más severo crítico y juez.
Federico, fantástico poeta con duende extraordinario
Para Federico el morir es el no llegar, porque la muerte nos sorprende siempre en medio de la jornada: Francisco García Lorca.
Es la vida
un continuo aullido
de lobos
y es la muerte
“un silencio con hedores”
una y otra son dolores
dolorosa forma de ser
y sentir
percibir
el sufrimiento
y el amor.
¡Así se vive la vida y se olvida,
es siempre dura y olvido, vívela así!
Federico García Lorca, hijo inmarcesible de granada
Granada lejana y sola…
Hasta el día de hoy,
Granada
ha quedado
sola,
desolada,
un silencio frío y fúnebre
recorre sus empedradas calzadas;
sola la gran Alhambra,
sola la Vega,
el bello huerto, solo
y solo el nido y su mirto,
ya muerto, muerto, muerto…
Granada hermosa ciudad aldea,
llena de melancólica tradición
árabe-española, resuma poesía,
hecha muros de piedra,
choza, habitación, casa, primor de jardín:
el Carmen, ¡ah!, El Carmen,
la Vega granadina
de agua cristalina,
¡Ah!, la pura poesía pura.
Majestuosa ciudad provincia,
provinciana mora y cristiana, Luna, estrella y cruz,
de cantos encantados,
de albas paredes de cal y canto encaladas,
escaladas flores floreciendo,
primor de primavera:
rosas, magnolias, claveles y clavellinas,
alamedas llenas de robustas camelias y camelinas moradas.
¡Ahí, allí, aún vive y revive el poeta,
Granada desolada, aún le llora
lágrimas crudas de dolor y rocío,
cristales cristalinos y diamantinos;
allí retumba y vibra la solidaria voz del poeta
que clama, exige justicia,
justo castigo al crimen y al criminal
puñal asesino,
de sangre ensangrentado
y vil envilecido y tinto derramado,
en el olivo del olivar leño retorcido,
pareciera y perece ya casi olvidado,
allí vaga el fantasma
que llora y clama,
reclama los huesos, sus cuencas aún abiertas,
los restos aún cálidos y vivos del poeta;
espera Granada, el piano y la trompeta,
erigir la Columba de bronce,
mármol, estaño, cobre y oro,
donde el alma y su espíritu alegre
cante a todo pulmón,
su esencia alada en letra a coro,
la alegre alegría,
en el altar de su voz en la poesía.
¡Granada, lejana y sola!
II
Muerta en el hueco de su nido
yace la paloma de la vida;
ya sin paz, sin gloria,
sin su ramita de olivo;
tiesa y seca entre las ramas del dinero,
entre oros, incienso y mirra
yace desplumada la paloma blanca,
mientras las golondrinas
posan sus alas y picotean
los ventanales de cristal
de humanas pieles conservadas
en los pisos del rascacielos
más alto en Nueva York,
en la quinta avenida, junto al río de sangre,
colorado de huesos
y cenizas
que es el río Hudson,
antaño lleno de verdor y cristalinas aguas
de rosas mariposas,
hoy un lodazal de estiercol, castores
mulas y caballos muertos
que tiraron a tiro de fortaleza
los aceros y viguetas de hierro
para construir la fortaleza
que es la Banca del comercio
en la avenida de la muerte,
en Wall Street.
Ya el gorrión de oro se ha congelado,
ya no trina ni vuela la blanca paloma de la paz.
Hoy, aquí, priva el halcón rapaz
de las armas, las drogas, la guerra y el dinero,
gloriosa águila voraz
que holla y cava tremendo agujero:
el interés del crédito y del dólar.
Ya no hay nidos ni pájaros, ni aves cantoras,
pues él halcón del mercado las devora.
A Lenin
Por sobre la voz
el ala
por sobre
el timbre
el cielo
por sobre el hombre
el genio
por sobre el genio
el pueblo en armas
por sobre
la paz ignominiosa
la Revolución
la resistencia
armada
el fusil
la bayoneta en ristre
por sobre el capital
acumulado
expropiado
vergonzosamente
a sus productores
el trabajo humano
distribuido
por sobre
el dictador
irracional y cruel
el pensador marxista
el guía
el genio
de la revolución
proletaria:
LENIN.
Hoy compartimos dos poemas de la argentina María Meleck Vivanco (1921-2010) en los que se expresa su militancia antibélica y su profunda preocupación por la realidad convulsa de su tiempo.
Los estudiosos de la india comprendieron muy bien la diferencia entre todas las formas anteriores y la poesía de autor.
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Escrito por Fernando Figueroa Estrada
Colaborador