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Homero Aguirre Enríquez
Divulgar la cultura es defender la Patria
Hay muchos elementos para demostrar que existe una seria amenaza y planes de afianzamiento y reconquista económica, espiritual y militar provenientes de quienes han dominado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.


Decenas de escuelas, desde ludotecas hasta universidades, donde estudian miles de niños y jóvenes y tienen presencia militantes y amigos del Movimiento Antorchista dedicados a la noble y trascendente tarea magisterial, han acordado realizar sus ceremonias de graduación bajo el lema de “Divulgar la cultura es defender la patria”, que sintetiza un llamado profundo y urgente a que millones de mexicanos reflexionemos y actuemos para evitar que borren o atropellen nuestra cultura y nos incapaciten para defender a nuestra patria de las múltiples amenazas de dominio, saqueo, invasiones, violencias, envilecimiento espiritual y físico de todo tipo que la acechan al igual que a otros pueblos de la Tierra.

Hay muchos elementos para demostrar que existe una seria amenaza y planes de afianzamiento y reconquista económica, espiritual y militar provenientes de quienes han dominado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, en punta de Estados Unidos (EE. UU.), contra todos los países que no se le sometan o se resistan incluso tibiamente al plan de convertirlos en suministradores de materias primas, territorios abiertos incondicionalmente a inversiones leoninas, en receptores incondicionales de mercancías norteamericanas o de sus socios y, llegado el caso, en plataformas para instalación de bases militares permanentes o temporales en alguna operación militar en turno.

Está en marcha un relanzamiento de la producción de armas a gran escala en EE. UU. y en varios de los países agrupados en el paraguas bélico de la OTAN, lo que incluye fabricación de aviones de combate, drones artillados, tanques de última generación, submarinos nucleares, municiones de todo tipo, armas hipersónicas (que superan varias veces la velocidad del sonido) y bombas nucleares capaces de desaparecer ciudades de varios millones de habitantes.

 Para tales efectos, el presupuesto que ejercerá EE. UU. en 2026 supera la estratosférica cifra de un billón de dólares, mientras que la OTAN acordó que sus países miembros incrementen el gasto militar hasta alcanzar en 10 años el cinco por ciento de su Producto Interno Bruto, lo que significará el gasto militar más alto de su historia. Sea que alcancen o no esa meta, a partir del próximo año veremos incrementarse a grandes trancos (y a costa del presupuesto de salud, educación, vivienda, servicios públicos, etc. de los habitantes de esos países) el gasto militar para acumular armas que doten de mayor capacidad destructiva e invasiva a esos países tradicionalmente belicistas, que de inmediato se pondrán a idear pretextos para emprender guerras que permitan usar esas armas y seguir dinamizando la industria militar que hace multimillonarios a unos cuantos a costa del dolor, destrucción, heridas y muerte de cientos de miles de seres humanos.

Al mismo tiempo, vemos en acción una guerra económica basada en la imposición de aranceles por parte de EE. UU. a muchos países, a los cuales busca alinear a sus planes geoestratégicos encaminados a debilitar a China, Rusia y otros países que proponen y están ejecutando acciones para un mundo multipolar, sin el sometimiento a EE. UU. Recientemente se reunieron en Brasil los países integrantes del grupo BRICS, principales impulsores de un mundo no sometido a una sola potencia, quienes rechazaron el genocidio de Israel en Gaza, el proteccionismo que afecta el mercado global y llamaron a reformar el Banco Mundial y el FMI. De inmediato, Trump contestó anunciando aranceles adicionales: “Cualquier país que se alinee con las políticas antiestadounidenses de los BRICS deberá pagar un arancel adicional del 10 por ciento. No habrá excepciones a esta política. ¡Gracias por su atención!”, escribió en su red social. Algunos se doblarán, otros resistirán, pero la guerra está en marcha.

Simultáneamente con los planes de acelerar las incursiones militares y la guerra económica arriba señaladas, el imperio decadente trabaja afanosamente en una guerra cultural en la que tienen mucha experiencia y mecanismos de influencia masiva. Tal guerra cultural busca desterrar de los habitantes de los países el sentimiento nacionalista, la identidad cultural que hace diferente a un pueblo de otros (lo que no significa declararse enemigos entre sí), que genera la noción de patria y el amor que despierta en cada mexicano, por ejemplo, esa patria con su territorio concreto, antaño mutilado y siempre amenazado, su idioma, sus costumbres, sus sabores, sus sonidos, su fauna, sus florestas, su orografía, sus bailes, sus paisaje físico y su extraordinario y bello paisaje humano, su historia común y los anhelos compartidos por millones de seres de una vida mejor para sus descendientes. 

La cultura de los pueblos es la idiosincrasia, el sentimiento común ante ciertos hechos, las emociones, el pensamiento de los pueblos. La cultura es la que hace a cada pueblo distinto a otros pueblos en esta Tierra que debiera ser de todos los que pertenecemos a la especie humana. La cultura es lo que nosotros entendemos de la vida, cómo miramos el mundo, cómo lo sentimos y disfrutamos. Todo eso lo quieren arrasar, declararlo pasado de moda, desaparecerlo y en su lugar uniformizarnos de acuerdo a la visión e intereses de los dominadores; borrar las fronteras donde les convenga, hacer un prototipo de ser humano incoloro emocional e intelectualmente, trabajador sin reservas y consumidor compulsivo de cualquier cosa que le digan que consuma; manipulable; sin identidad con nada de su patria, un auténtico vasallo de nuevo tipo diseñado mediante un bombardeo ideológico, formado de palabras, imágenes, textos, videos y películas impactando nuestros cerebros y secando nuestra inteligencia emocional. Si logran su cometido, los mexicanos habremos perdido nuestra patria, la porción de territorio que nos corresponde en este planeta. Y si eso ocurre, será como si hubiéramos desaparecido para siempre. Para evitar ese aterrador futuro inmediato, defendamos a nuestra patria, divulguemos la cultura con todas nuestras fuerzas, como hacen decidida y bellamente los miles de estudiantes y maestros en las ceremonias de graduación de estos días; divulguemos la cultura para que no se vuelva realidad irremediable el dolor poético de Efraín Huerta al ver a su Patria dominada:

¿Qué país, qué territorio vive uno?

¿Dónde la magia del silencio, el llanto

del silencio en que todo se ama?

(¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?)

Uno se lo pregunta

y uno mismo se aleja de la misma pregunta

como de un clavo ardiendo.

Todo parece morir, agonizar,

todo parece polvo mil veces pisado.

La patria es polvo y carne viva, la patria

debe ser, y no es, la patria

se la arrancan a uno del corazón

y el corazón se lo pisan sin ninguna piedad. 


Escrito por Homero Aguirre

Vocero nacional del Movimiento Antorchista.


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