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Deportes
El sueño de ser un profesional del deporte
Vivimos una época en la que el reconocimiento de las masas erróneamente supera al mérito real.


¿Por qué los deportistas amateurs se confunden y deciden ya no ser aficionados con talento para convertirse en “profesionales”? Vivimos una época en la que el reconocimiento de las masas erróneamente supera al mérito real. En el mundo del deporte, esta falsa interpretación se evidencia cada vez más. Basta con que un jugador agrade al público, sepa impulsarse en las redes sociales, consiga algún patrocinio importante y un número considerable de seguidores para que sea tratado como un “profesional”; pero, ¿realmente lo es? 

La línea entre ser un “buen jugador” y ser “un profesional” se ha vuelto difusa. La sociedad ha fabricado una ilusión peligrosa, como las que hace la inteligencia artificial (IA), si te aplauden lo suficiente, si tienes muchos likes, entonces debes de hacer algo bueno e importante. El problema es que los aplausos y los seguidores muchas veces están vacíos de sentido, porque no están basados en el desempeño deportivo, la disciplina o los resultados reales, sino en la percepción y en la apariencia edificada por la aceptación del público y las aspiraciones familiares.

Los elogios desmedidos y los aplausos construyen la personalidad del jugador y alimentan un infundado sentimiento de superioridad. Sin merecerlo, la sociedad enaltece y eleva al deportista hasta tratarlo como si fuera un “atleta de alto rendimiento”, cuando apenas está descubriendo y desarrollando su potencial; provocando que, en muchos casos, estos deportistas no asistan ni a la escuela.

La adulación de la sociedad los empuja a adoptar una identidad que no les pertenece y el sistema lo permite, promoviendo copas y torneos con premios exorbitantes, algunos con trascendencia nacional e internacional, ligas adicionales a las profesionales que, por su afán de generar ingresos, colaboran en la enajenación de los jugadores; en ese proceso ya no escuchan críticas: adoptan e imitan actitudes de jugadores profesionales y en consecuencia actúan como si lo fueran, cuando realmente son jugadores amateur; porque para ser un profesional se necesita preparación continua.

Según las estadísticas reveladas por la Asociación Nacional de los Atletas Colegiales (ANAC), apenas el dos por ciento de los atletas logra debutar como profesional, un porcentaje muy bajo; variando según el deporte y el nivel de participación; pero se estima que entre el 0.02 y el dos por ciento de los deportistas jóvenes logra esa meta; y en el futbol, el porcentaje de jóvenes que llegan a ser profesionales, puede ser menos de uno por ciento.

En diciembre de 2024, el diario La Jornada publicó que la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), en el Profesional Football Report de 2023, ubicó a México como el país con el mercado de futbol profesional más grande del mundo en términos de empleo. En México hay nueve mil 464 jugadores profesionales; comparado con la población total de 129.5 millones de mexicanos, resulta que hay un profesional del futbol por cada 13 mil 683 personas.

Aun con estos datos, miles de deportistas persiguen su sueño, buscan ingresar a universidades prestigiosas que les ofrezcan becas deportivas, y creen que éste será el primer paso que los catapulte al profesionalismo; pero realmente la preparación de los verdaderos profesionales comienza en la infancia. Por eso, cada año, cientos de universidades en México realizan los famosos Tryouts o pruebas de captación donde jóvenes deportistas muestran sus habilidades técnicas y tácticas. Tener buenos representativos deportivos se ha convertido en una estrategia para mantener o incrementar su prestigio institucional; pero realmente el deporte es utilizado como carnada para reclutar alumnos y competidores que pretenden cumplir su sueño; en realidad se les explota durante su mejor etapa física y deportiva y, cuando ya no rinden o se lesionan, se les reemplaza como cualquier artículo desechable.

¿Qué pasa con el 98 por ciento de los atletas que no llegan a ser profesionales? Quedan en el olvido, algunos pocos ejerciendo alguna profesión, pero la gran mayoría permanece en los torneos de bolsa, en las fiestas patronales o en los torneos amateur, sólo recordando sus tiempos de gloria.

Pero el capitalismo es como el rey Midas: convierte en mercancía todo lo que toca; no se conforma con haber convertido al deporte y a los jugadores profesionales en un artículo. Tal mercantilización deportiva avanzó también en el ámbito educativo; por esta razón han florecido miles de escuelas de iniciación deportiva que, como los clubes profesionales, les venden la idea de entrenarlos y llevarlos al máximo circuito. Los clubes profesionales les permiten lucrar con sus franquicias, creando filiales que los condicionan para comprar las prendas oficiales utilizadas por el club-matriz.

Ojo, queridos lectores, cuidémonos de los cantos de sirena, trabajemos duro por posicionar al deporte en un lugar más digno. Existen proyectos más serios y más humanos que no mercantilizan el deporte, que lo rescatan de las garras del capital, como el Instituto Deportivo “Salvador Díaz Mirón” y las actividades impulsadas por el Movimiento Antorchista Nacional.


Escrito por Romel Flores Chan

Director del Instituto Deportivo Salvador Díaz Mirón.


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