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¿A quiénes beneficiará el Mundial de la FIFA 2026 en México?
El Gobierno mexicano presentó el Mundial de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) 2026 como una fiesta de prosperidad compartida y un motor de desarrollo para el país.


El Gobierno mexicano presentó el Mundial de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) 2026 como una fiesta de prosperidad compartida y un motor de desarrollo para el país. Sin embargo, las proyecciones económicas, los beneficiarios directos y las condiciones estructurales del mercado laboral muestran una realidad muy distinta a la planteada: la de un “megaevento” que concentra ganancias en grandes corporaciones, mientras normaliza y maquilla la precarización de la clase trabajadora.

En agosto de 2025, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) proyectó que el Mundial traería al país una derrama económica de tres mil millones de dólares (mdd), la llegada de 5.5 millones de turistas y la creación de 24 mil empleos directos. Este discurso se enmarca en un discurso oficial de “beneficio para el pueblo”, en el que la inversión para infraestructura como la remodelación del Estadio Azteca, ciclovías y modernización de vialidades en la Ciudad de México, por ejemplo, se promociona como un legado permanente para los ciudadanos.

Tras el relato oficial, los analistas financieros identifican con precisión a los verdaderos ganadores: grandes corporaciones nacionales y globales, posicionadas para capitalizar cada aspecto del evento. Entre los sectores y empresas beneficiarias destacan:

Infraestructura y construcción: Empresas como GCC (cementos) y PINFRA (autopistas) son señaladas como “ganadoras claras”, según un análisis de casas de bolsa, como Corporativo GBM (diciembre 2025).

Consumo y retail (minoristas): FEMSA, dueña de OXXO y embotelladora de Coca-Cola, está en una “posición privilegiada” para capturar el aumento en el consumo de estos productos. Cadenas como Liverpool también esperan un repunte de ventas.

Transporte y turismo: ASUR, operadora de aeropuertos en Cancún y otras ciudades, se perfila como la receptora directa del flujo turístico.

Patrocinadores globales: El negocio más lucrativo ocurre a escala mundial. Marcas socias de la FIFA como Adidas, Coca-Cola, Visa y Aramco invierten entre 65 y 95 mdd cada una por derechos de patrocinio para el ciclo 2023-2026. Se estima que los ingresos totales por este concepto oscilan entre los tres mil mdd.

Mientras estas empresas canalizan las ganancias, el impacto macroeconómico real para México está limitado. GBM estima que el evento aportará únicamente 0.2 por ciento al Producto Interno Bruto nacional en 2026, una cifra marginal en un contexto cuyo crecimiento económico general, según BBVA Research, sea de apenas 1.2 por ciento ese año.

Pero el contraste más brutal entre el discurso y la realidad se observa en el ámbito laboral. Frente a la promesa de decenas de miles de empleos, los datos oficiales revelan un mercado laboral estructuralmente débil que el evento no resolverá. Un informe de BBVA Research de diciembre de 2025 detalla la cruda realidad:

La tasa de informalidad laboral alcanzó el 55.4 por ciento en octubre de 2025, 1.5 puntos porcentuales más que el año anterior. La creación de empleo formal registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social se ha estancado profundamente: de enero a noviembre de 2025 se crearon 599 mil empleos, 30.3 por ciento menos que el promedio de los tres años previos. Los salarios, por su parte, muestran señales de estancamiento. El modelo del megaevento normaliza y se nutre de esta precariedad. Los empleos generados son mayoritariamente temporales en hostelería, servicios, seguridad y no alteran las condiciones estructurales de informalidad y baja calidad del empleo.

La evidencia es clara. El discurso oficial, ejemplificado por el anuncio triunfalista de la FMF, promete un evento deportivo donde todos ganan. El análisis financiero, sin embargo, identifica a un equipo de vencedores: un puñado de corporaciones en sectores estratégicos. Mientras tanto, los datos del mercado laboral confirman que la clase trabajadora juega con desventaja: informalidad creciente y empleos cada vez más desprotegidos.

El Estado, en este esquema, actúa como facilitador que asume el costo político y la inversión pública necesaria para que el espectáculo y el negocio ocurran. El Mundial 2026 no es, entonces, un motor de desarrollo compartido, sino un eficiente mecanismo de concentración de riqueza y normalización de la explotación laboral, cuidadosamente maquillado por un discurso oficial demagógico. El trofeo, una vez más, está diseñado para ser aprovechado por el gran capital. 


Escrito por Wuenceslao Pérez

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