Compañías como Exxon, Chevron, Occidental Petroleum y Continental Resources han incrementado sus ganancias gracias a las políticas del presidente estadounidense.
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El mercado es por definición un espacio geográfico donde se compran y venden mercancías. Esto significa que a él acuden tanto compradores como vendedores. Los defensores del sistema de mercado dirán que, bajo sus leyes y su “mano invisible”, la humanidad transita hacia la prosperidad. Pero la definición va más allá y tiene terribles implicaciones en la vida del hombre. ¿Cuántas vidas no se han perdido en nombre de la libertad de comercio? ¿Cuántos hombres no han sido esclavizados y vendidos como bestias? Y es que, efectivamente, en el sistema capitalista, todo se compra y todo puede ser susceptible de venderse; pues basta que haya compradores. La moral y la dignidad humana pasan a segundo término cuando se pone en la balanza al hombre y se le tasa. Por ello, no debe sorprendernos la degradación alcanzada en estos días. La sociedad se ha construido con base en el fiero paradigma de que el valor de las personas es determinado por la cantidad de capital de que disponen y su poder de compra.
Porque el mercado va más allá del bien y del mal; y opera como un mecanismo con el que unos cuantos privilegiados concretan sus ganancias. El mercado no cuestiona, no denuncia, no fustiga a nadie. Ahí llegan todas las mercancías, son etiquetadas como licitas o ilícitas y deben venderse porque de esta forma el capitalista concreta sus utilidades. También es necesario destacar, para evitar extravíos teóricos e ideológicos que, en el capitalismo, las mercancías encierran el trabajo no pagado, es decir la explotación de la clase trabajadora al margen de que sean licitas o “ilícitas”. El funcionamiento del mercado es el mismo, la procedencia de las mercancías y su contenido humano “es lo de menos”. Para el burgués, el mercado justifica la apropiación legal de su riqueza; y, para los malosos, entre ellos los narcotraficantes, es la misma apropiación, aunque ésta sea ilegal. Por tanto, cuando los productos legales o ilegales son proclives a generar más ganancias fáciles y mayores, cada uno de los participantes busca derrotar a sus competidores; por ello la violencia aumenta de forma desorbitante en las guerras de conquista por mercados entre las grandes trasnacionales y los cárteles de la droga. Por ello no es de extrañar que sea tan tenue la línea entre lo legal y lo ilegal en el mercado; y que en el mercado capitalista, poco o nada interese el ser humano.
Solamente los incautos se dejan seducir por las promesas de “bienestar humano” del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T). Nada es cierto. El actual gobierno, al igual que los anteriores, deja que el mercado sea el que regule la vida de los individuos y que aliente la disputa de éste entre los diferentes grupos oligárquicos que dominan la economía mexicana. Por ello vemos cómo crece la lucha de los grandes capitalistas y narcotraficantes por ganar territorios y giros productivos y no productivos, que lo mismo van de la explotación del aguacate en Michoacán o la distribución de pollos en Guerrero a la trata de blancas o la extorsión a empresarios grandes, medianos y pequeños. La tenue línea entre empresarios, criminales y gobierno se ha desvanecido; y el narcoterror ahora priva a lo largo y ancho del país, mientras la injusticia y la desigualdad social llega a niveles nunca antes vistos y la descomposición se acelera con un gobierno que se denominó “la esperanza de México”.
Compañías como Exxon, Chevron, Occidental Petroleum y Continental Resources han incrementado sus ganancias gracias a las políticas del presidente estadounidense.
En México, el tomate verde pasó de 28 a 60 pesos por kilogramo.
Las naciones en desarrollo enfrentarán mayores presiones derivadas del encarecimiento de hidrocarburos y alimentos.
Algunas estaciones de servicio siguen elevando los precios, aún con el estímulo de hasta el 81 por ciento en el diésel y 31 por ciento en la gasolina.
Los tres organismos formaron un grupo de coordinación para maximizar el apoyo a los países afectados por el bloqueo en el suministro energético.
El poder adquisitivo de las remesas presentó una disminución de 16.1% anual.
La inversión en maquinaria y equipo cayó 8% anual, mientras que la inversión privada se redujo 4.5%.
Sin energía no se mueven mercancías, máquinas ni personas; tampoco se iluminan, calientan o enfrían los espacios.
La Casa Blanca plantea un recorte del 10 por ciento a programas sociales, agencias científicas y sector educativo.
La recuperación productiva en África y la aparición de nuevos proveedores han enfriado la demanda.
La deuda aumentará en torno a los 21.8 billones de pesos.
El encarecimiento del crudo podría intensificarse si persiste el bloqueo en Ormuz.
Retrasos de pagos a proveedores coinciden con cambios en la política energética y mayor intervención estatal.
La riqueza que los millonarios mexicanos resguardan en el extranjero equivale a dos tercios del patrimonio de la mitad más pobre del país.
Más del 70 por ciento de la demanda nacional de fertilizantes aún proviene del extranjero.
Alza de fertilizantes dispara precio internacional de alimentos
Aumenta en México 11% la importación de maíz transgénico de EE. UU.
Transportistas denuncian presunto secuestro de sus compañeros durante paro nacional
Asesinan a cuatro activistas en Guerrero
“Irán no es un país que se rinda ante amenazas”, Abolfazl Pasandideh
Tren Maya, devorador de raíces
Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA