Desde la conquista española, la nuestra es una historia de lucha de clases, donde los poderosos en cada etapa han impuesto su dominio económico y político.
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Las tensiones en el mundo aumentan y avanzan hacia una posible confrontación bélica entre las potencias industriales y las economías emergentes, a las que Europa Occidental y Estados Unidos (EE. UU.) pretenden impedir su crecimiento para evitar que se consolide un mundo multipolar. La hegemonía de Occidente se aceleró con el surgimiento de la pandemia de Covid-19 después de que había iniciado su fracaso en las guerras de intervención armada en Vietnam, Somalia, Irak y Afganistán, donde supuestamente “defendió” la democracia mientras su poder militar y económico se redujo y entró a una recesión técnica en 2022, con una contracción del 0.2 por ciento, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BEA) de Washington..
Supuestamente, la política internacional intervencionista y militarista estadounidense se modificó en la gestión presidencial de William Clinton mediante la “doctrina del multilateralismo afirmativo” –así la llamó Madeleine Albright, la primera Secretaria de Estado en el país vecino– cuyo objetivo fue utilizar, “donde conviniera”, las fuerzas armadas estadounidenses instaladas en bases militares de otros países para “deponer a dictadores y restaurar la democracia”(Josep Fontana, Por el bien del imperio). Estas operaciones fueron ejecutadas con base en la tecnología bélica aérea y naval más avanzada y con información aportada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
La “defensa de la democracia” fue la coartada perfecta que Occidente enarboló para ocultar su verdadera intención: liquidar a los gobiernos socialistas que habían sobrevivido a la desaparición de la “monstruosa” Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). De cara a la cacería estadounidense y sus aliados de la Unión Europea (UE), utilizaron su mejor arma: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En 1999 emitieron la señal de ataque con el bombardeo de Yugoslavia con la operación Allied Force. Pero la OTAN, ya no pudo frenar el avance económico, industrial, tecnológico, armado y geopolítico de Rusia y China, que además tejieron lazos de cooperación con las potencias emergentes de otras regiones del mundo para conformar un nuevo bloque: el de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).
El temor de Occidente es el surgimiento de un mundo donde no haya una sola potencia hegemónica. Por ello, cuando la URSS se desintegró, una de las primeras acciones de la OTAN consistió en atraer e integrar a Occidente a los países que habían conformado aquélla y cercar estratégicamente cada vez más a Rusia. Una de esas naciones fue Ucrania, en cuyo territorio recientemente ha pretendido instalar bases de misiles que apunten hacia Moscú. La operación militar especial que el presidente Vladimir Putin ordenó sobre Ucrania fue precisamente una respuesta a la pretensión unipolar de Washington y al voraz apetito de las trasnacionales por apoderarse de los recursos naturales rusos.
Para lograr este objetivo, los países de Occidente han realizado todo tipo de maniobras para que Rusia salga derrotada del conflicto. El 22 de noviembre de 2022, el diario The Wall Street Journal, de afiliación republicana, publicó declaraciones de David Marlowe, subdirector de operaciones de la CIA, en las que ésta reclutaba ciudadanos rusos “asqueados de la guerra en Ucrania” para convertirlos en sus “espías”. Pero fue sólo una noticia falsa que la CIA no habría publicado si hubiera logrado algo en ese sentido y que, sin duda, tuvo el propósito de matizar el impacto de la operación del 29 de agosto de 2022.
Ciertamente, el mundo avanza hacia una reconfiguración del sistema económico, social y político con mayor sentido humanitario. Los intentos de someter a Rusia y China han fracasado; y no hay posibilidades de que prosperen en el futuro porque ambos países han afianzado sus lazos de cooperación y los territorios, mercados y recursos naturales de las naciones integradas en el bloque de los BRICS son superiores a los del Grupo de los Siete, coalición que reúne a los países más desarrollados. Aquéllos son, hoy por hoy, la esperanza de un mundo más igualitario, justo y valiente que, con el liderazgo de Rusia y China, se han rebelado contra la bestia del imperialismo.
En México, el Movimiento Antorchista Nacional se suma a la propuesta humanitaria por mundo multipolar. El doctor Brasil Acosta Peña, diputado federal e integrante del Comité Ejecutivo Antorchista, refrendó el apoyo de la organización al mundo multipolar durante la Conferencia Parlamentaria International Rusia–América Latina, celebrada en Moscú. Sus palabras hallaron eco en la Duma rusa, donde intervinieron personajes importantes como el presidente Vladimir Putin. Por el momento, querido lector, es todo.
Desde la conquista española, la nuestra es una historia de lucha de clases, donde los poderosos en cada etapa han impuesto su dominio económico y político.
“Todos los estadios históricos que se suceden no son más que otras tantas fases transitorias en el proceso infinito de desarrollo de la sociedad humana, desde lo inferior a lo superior”, escribió Federico Engels.
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Escrito por Miguel Ángel Casique
Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).