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Filosofía
Preparación teórica para la práctica política
Se ha hablado y escrito mucho sobre Lenin, su papel en la derrota de la autocracia zarista en 1917 y su liderazgo en la construcción del socialismo ruso.


Se ha hablado y escrito mucho sobre Lenin, su papel en la derrota de la autocracia zarista en 1917 y su liderazgo en la construcción del socialismo ruso. Quizás se haya empleado menos tinta –aunque también ha sido mucha– en destacar el énfasis que Lenin ponía en la preparación teórica como condición para una práctica transformadora efectiva. Este texto no pretende ser una novedad en esta área de investigación sobre Lenin, sino más bien un recordatorio frente a los retos que las condiciones económicas y sociales plantean constantemente.

Hoy, en el contexto de un fascismo que gana terreno y se radicaliza, es imprescindible que la toma de postura no se haga a partir de la consigna o el prejuicio, pues en ese mismo nivel se gestan las posiciones que se busca destruir. Lenin, que enfrentó desafíos similares, es el ejemplo de que es posible combatir posturas ideológicas (y prácticas) que justifican el orden de cosas existentes y niegan la necesidad de su superación. A lo largo de su vida, Lenin tuvo que debatir con grupos teóricos y políticos que defendían la autocracia zarista, que negaban la vena transformadora del proletariado, o que idealizaban las reformas burguesas.

Desde textos con una tendencia académica (como Materialismo y Empiriocriticismo), hasta textos de clara orientación hacia el activismo de masas (como ¿Qué hacer?), es notable la preocupación de Lenin por adquirir herramientas teóricas que le permitieran contrarrestar los argumentos con los que debatía. No lo hacía mediante la descalificación, sino demostrando las limitaciones que esos argumentos encerraban en sí mismos, tanto en su coherencia interna como en su relación con el desarrollo histórico y la superación de las condiciones sociales, especialmente aquellas que mantienen a la mayoría de la población enriqueciendo con su trabajo a una minoría.

Por ejemplo, en Materialismo y empiriocriticismo es plausible el esfuerzo por estudiar temas que le eran desconocidos, pero que necesitaba manejar para poder entrar en la disputa teórica. Lenin estudió física, filosofía de la ciencia, las nuevas interpretaciones de Kant, a Marx y Engels, de tal manera que su texto logró entrar en la discusión teórica y señalar las consecuencias que esos debates tenían para la organización y educación del proletariado ruso. Por otro lado, en ¿Qué hacer?, la reivindicación del estudio es uno de los pilares del texto: “Sin teoría revolucionaria, no hay práctica revolucionaria”, añadiendo después que tener presente esta relación de la teoría con la práctica es fundamental debido a la tendencia pragmática de los grupos revolucionarios. Incluso en ese mismo texto, Lenin recupera las palabras del viejo Engels sobre los frentes de lucha del socialismo –económico, político e ideológico–, enfatizando este último por el olvido en que lo habían tenido los grupos socialistas, limitándose a la repetición de consignas surgidas de movimientos previos, pero sin hacer contribuciones que actualizaran, profundizaran y ampliaran la teoría revolucionaria.

El estudio de Lenin fue constante. Ya con la autocracia zarista derrotada y con las posibilidades abiertas para construir el comunismo ruso, Lenin se dedica a estudiar, por ejemplo, a Hegel, dejando apuntes que muestran que encontró en este pensador una veta crítica crucial para la revolución. Este estudio incansable de Lenin es hoy un ejemplo para quienes buscan comprender y transformar la realidad. No basta la voluntad, no es suficiente conocer en carne propia los problemas que se denuncian; es necesario estudiar con seriedad el pensamiento que otras mentes legaron, pues sólo así se pueden construir herramientas que nos permitan dar cuenta del contexto en que nos encontramos y, por tanto, el mejor método para transformarlo. 


Escrito por Jenny Acosta

Maestra en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana.


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