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Filosofía
Por qué estudiar la historia de la filosofía
Hay que entender el pensamiento y su historia para que, por medio del análisis de su contradicción interna, podamos hacernos de las mejores armas para comprender y transformar el presente.


“Mas el pensar teórico sólo es un don natural en lo que a la capacidad se refiere. Esta capacidad ha de ser cultivada y desarrollada, y hasta hoy, no existe más remedio para su cultivo y desarrollo que el estudio de la filosofía anterior”. La idea está contenida en lo que se conoce como el Viejo prólogo para el Anti-Dühring, texto de Engels en donde debate con el pensador al que hace referencia en el título de la obra. Engels tenía presente que la filosofía es la expresión de las ideas de los seres humanos y que no se producen bajo condiciones imparciales. Es decir, que el pensamiento no es “puro”, sino que se va construyendo históricamente. Hay una serie de factores que van influyendo en nuestros pensamientos, no aparecen de la nada. En el pensamiento filosófico aparecen los intereses de clase, y todo aquello que lo determina en última instancia, las condiciones materiales.

Sin embargo, Engels nos invita a estudiar la historia de la filosofía. Y esto es así porque está consiente de que dentro de la filosofía misma opera una contradicción que hace que se vayan revelando los distintos momentos que van construyendo lo racional del pensamiento filosófico.

Hegel, el filósofo alemán, dictó una serie de lecciones sobre la historia de la filosofía a lo largo de su carrera como profesor. Gran parte de estas lecciones se recuperaban, ya sea por los apuntes de sus alumnos o por los escritos preparatorios de sus clases. Particularmente, sus clases sobre historia de la filosofía se recuperaron en lo que se conoce como Lecciones sobre historia de la filosofía. Aquí, Hegel inicia exponiendo la necesidad del estudio de la filosofía anterior.

Desde el punto de vista de Hegel hay que diferenciar las distintas formas de ver la historia de la filosofía para entender para qué es útil. Por ejemplo, hay quienes ven a la historia de la filosofía como un acervo de opiniones. La filosofía, según este punto de vista, trata de las distintas formas de ver el mundo, pero como si éstas no tuvieran conexión entre sí. Pareciera que todo es cuestión de opiniones subjetivas: unos piensan que el ser humano es bueno por naturaleza, otros piensan que es malo; unos piensan que la belleza está en los objetos del mundo y la naturaleza, otros que depende de la opinión subjetiva; unos piensan que la idea crea la materia, otros que la materia crea a la idea.

Pero si estudiamos a la filosofía como una colección de opiniones que no tienen relación entre sí lo que tenemos al final es una multiplicidad de filosofías de las cuales no podemos extraer su valor intrínseco, pues lo que dice una corriente del pensamiento es barrida por lo que dice otra.

Lo que nos ha enseñado la historia de la filosofía es que el desarrollo del pensamiento va dejando huella. Que si bien, como el mismo Hegel dijo, la filosofía era su tiempo aprehendido en pensamientos, esas expresiones se sumergen en la experiencia de cada época intentando descubrir las verdaderas razones que hacen que cada época histórica se manifieste como lo hace. Esto va creando claridad sobre lo racional de cada momento histórico y lo que se va heredando en los momentos posteriores.

Y así, se van construyendo los momentos posteriores de la historia, por medio de la contradicción interna que va provocando el automovimiento de todo lo real. Por este mismo motivo, se va haciendo claro que la historia no es solamente el camino de las distintas formas de pensar el mundo falsamente, sino que cada momento histórico aporta con el desarrollo de sus particularidades. Para entender las formas superiores del pensamiento, las más científicas, es necesaria la experiencia de las formas anteriores. La verdad se fragua, tiene sus momentos y su desarrollo en los distintos momentos de la historia del pensamiento. Por eso, aunque Engels enumera las críticas que hay que hacerle al pensamiento de Hegel, nos dice que “Descontando todo esto, queda todavía la dialéctica hegeliana”. Desde esta perspectiva, la misma crítica cobra todo su valor. Hay que entender el pensamiento y su historia para que, por medio del análisis de su contradicción interna, podamos hacernos de las mejores armas para comprender y transformar el presente. 


Escrito por Alan Luna

Maestro en Filosofía por la UAM.


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