En Chihuahua, miles de jóvenes están dejando la escuela porque no alcanza el dinero en sus casas.
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El mundo que habitamos está conformado por distintas formas de organización social, distintas concepciones del mundo y de la vida o leyes diferentes que rigen la vida de distintos grupos de seres humanos alrededor del mundo. Esto es casi una obviedad y, sin embargo, si reflexionamos esta idea inmediata nos encontramos con una constante que se presenta en la historia como la idea contraria a ésta. En determinados momentos históricos, hay naciones que logran desarrollar su economía de manera que pueden expandir su influencia y dominio por medios diversos (militares, económicos o ideológicos). Esta dominación se presenta como una negación, inmediata también, de lo otro, de la múltiple riqueza que da la diferencia y que se objetiviza en la negación de la otra nación, negada porque se opone a los deseos de dominación de la primera.
Las naciones imperialistas, pasadas y presentes, se presentan a sí mismas como las representantes de la “razón universal”, como las encargadas de llevar la civilización a los lugares que consideran atrasados. Creen que en sí mismas encarnan los valores universales, y por estar éstos materializados en los famosos “derechos humanos” nadie puede dudar de que lo ahí escrito es en beneficio de todos. Por lo tanto, quiéranlo o no, las naciones dominadas deben agradecer la buena voluntad que tienen los países imperialistas para llevarles progreso y civilización. Se utilizan, incluso, las ideas de pensadores relevantes para legitimar estas posturas, con la intención de usar el desarrollo del pensamiento para justificar su afán de dominación.
De lo anterior se desprende un problema interesante, que no es de fácil solución, y es que las naciones imperialistas –lo vemos en Estados Unidos en nuestro tiempo– se aprovechan de la ambigüedad propia de las ideas abstractas. Las ideas universales, como dice Aristóteles en la Metafísica, tienen el problema de que son demasiado generales, tanto así que siempre dirán algo verdadero de las cosas a las que se refieren. Incluso podemos encontrar afirmaciones que parecen completamente contrarias, pero que son igualmente verdaderas. ¿Qué es más verdadero, que al que madruga Dios lo ayuda o que no por mucho madrugar amanece más temprano? O qué es más certero, ¿que el trabajo libera al ser humano o que el trabajo lo oprime?
Sin embargo, la mínima reflexión de las generalidades antes dichas nos indica que hay algo que no está bien, que las generalidades sólo cobran su sentido en el mundo concreto dependiendo de muchos factores, que aplicándolos al caso correcto o llenándolos de las determinaciones correctas podemos extraer la verdad de esas generalidades. Pero esto es un movimiento posterior, si se quedan como generalidades, no tienen validez alguna.
Por esto, los derechos “universales” del ciudadano solamente cobran toda su fuerza y validez en el análisis concreto. Una cosa es defender los derechos humanos como producto del desarrollo histórico, como aquello que la sociedad, o una parte de ella, ha llegado a ser por medio de muchas luchas internas que la han empujado a ser un pueblo más libre, soberano, etc., y otra muy distinta es vaciar de contenido los “derechos universales” para vender la idea de que si se invade un país o se le imponen sanciones económicas, es en beneficio de los invadidos y sancionados.
En realidad, detrás del discurso abstracto sobre los valores morales y sobre los derechos universales se esconde el deseo de dominación en provecho de los poderosos. Dicho de otra forma, a Estados Unidos no le interesa implementar la democracia o la libertad de los ciudadanos de los países en los que interviene; lo que intenta es procurar para sí mismo todas las ventajas de esas intervenciones: recursos naturales, la destrucción de un poder ajeno a sus intereses, control de rutas comerciales, etc. Esto no quiere decir que neguemos lo que se ha conseguido a lo largo de las tortuosas luchas que han dado como resultado los llamados “derechos universales”; al contrario, como un enunciado abstracto permite la manipulación de eso que todo el mundo acepta como válido, bien vale contextualizarlos y valorarlos en su situación específica.
Podríamos decir que, en realidad, todo manejo universal-abstracto de los conceptos es incompleto. La buena multiculturalidad, así como la buena universalidad, debe ser el producto del desarrollo de cada pueblo, del desenvolvimiento de sus propias contradicciones y como producto de su autodeterminación. Los pueblos deben estar constantemente vigilantes tanto de la defensa de lo alcanzado por las luchas pasadas, como del manejo de los conceptos vacíos que generalmente buscan hacer pasar como verdad universal los intereses particulares.
En Chihuahua, miles de jóvenes están dejando la escuela porque no alcanza el dinero en sus casas.
El problema para los padres de familia consiste en sostener los estudios de los hijos, pero con trabajos precarios e inestables en el mercado laboral, poco se puede hacer.
La búsqueda de argumentos complacientes conduce a una justificación inútil que no está a la altura de los cambios que México, América Latina y el mundo están experimentando.
La derecha se ha fortalecido ante el progresivo desgaste de aquellos gobiernos que en su momento pudieron plantar cara al imperio.
La clase social que ostenta el poder, tanto el económico como el político, utiliza las más variadas herramientas para hacer pasar como naturales sus ideas.
Plejánov examina cómo el papel progresista de la clase dominante llega a su fin.
Su ideología de racismo y Apartheid le ha venido como anillo al dedo tanto en su infancia en Sudáfrica como en los tiempos actuales del imperio.
Los índices de pobreza y marginación se concentran precisamente en la población indígena.
Con esta obra se cebó el cuete de los viajes interestelares e intergalácticos hacia nuestro hogar terráqueo en todo el pasado y en el futuro próximo.
La belleza expresiva del lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo ha sido comparada con los cantos elegíacos por la muerte de Patroclo, Sigfrido, Rolando y otros héroes legendarios.
El imperio planea someter a todos los pueblos de la Tierra bajo su mando, voluntariamente o por la fuerza de las armas.
El ejemplo de Fidel Castro Ruz en Cuba advierte claramente que la hora de la liberación de la humanidad está cerca.
Fuera de las zonas hoteleras, la realidad es muy distinta; en las colonias populares y las comunidades humildes, miles de familias enfrentan diariamente la pobreza.
La expoliación de la clase trabajadora, sometida de mil y una formas al dominio de las grandes corporaciones, es lo que verdaderamente representa el imperialismo.
La justicia social no significa pasar de año a los estudiantes o regalarles calificaciones, sino otorgar igualdad de condiciones para que nadie se quede sin preparación de calidad.
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Escrito por Jenny Acosta
Maestra en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana.