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¿Poner fin a la austeridad es puro sentido común?
La austeridad fiscal es un resultado que solo existe donde antes hubo una “bonanza” y ésta solo existe cuando las luchas de los trabajadores logran conquistas sociales.


En el ambiente donde confluyen una crisis sanitaria que aún no termina y la inflación se mantiene en índice muy alto, las medidas de austeridad resuenan como tambores de guerra. Dos informes recientes lo atestiguan. En uno de ellos, la Oxfam advirtió, desde marzo de 2021 (http://bit.ly/3s3Koz6), que 73 de 85 naciones que negociaron préstamos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para enfrentar el Covid-19, tenían planes para imponer medidas de consolidación fiscal agresivas, es decir austeras. Pero en septiembre de 2022, un análisis de la Oxfam para América Latina (https://bit.ly/3D3lHsB) reveló que el 87 por ciento de los préstamos en la región no solo alentaban la austeridad, sino que además la exigían como condición para el financiamiento. El resultado de esto será más desigualdad económica.

El segundo informe, realizado por Iniciativa para el Diálogo de Políticas y otras organizaciones (https://bit.ly/3TjnRtE), alertó sobre la probabilidad de que el “choque de austeridad” de esta crisis sería más fuerte que el de la crisis de 2008. Los déficits fiscales y el endeudamiento de muchos gobiernos crecieron; por lo que, desde 2021, la exigencia de los acreedores es sobre la consolidación fiscal, pues temían, con fundamento, una serie de impagos como los que se dieron en la década de los 80. Este ajuste fiscal afectará al 85 por ciento de la población mundial.

Como vemos, ambos informes entienden la austeridad en términos puramente fiscales, como es casi normal en los análisis económicos. Por lo que las medidas de austeridad se harán sentir en las cuentas de las finanzas públicas de los Estados; del lado de los ingresos con aumentos en los impuestos, sobre el consumo (como el IVA) que son muy regresivos, y con el recorte en los impuestos a las rentas y las propiedades; en el lado del gasto las medidas de austeridad recomendadas por el FMI incluyen el congelamiento o disminución de los salarios de los trabajadores del Estado y recortes al gasto social como el destinado a la salud y educación. Las cuentas fiscales se “consolidan” cuando aseguran el pago de intereses a los acreedores.

Esta definición de la austeridad, sin embargo, no permite entender el fenómeno completo de su aparición y desaparición. Éste únicamente es visible si revisamos en “clave política” la historia del Siglo XX (Fontana dixit) en el marco de la lucha de clases. El Estado con las instituciones de protección social que conocemos solo empezó a desarrollarse a finales del Siglo XIX, particularmente en Alemania, con la creación de seguros de salud y pensiones estatales que fueron resultado de las luchas de los sindicatos obreros afiliados al Partido Socialdemócrata Alemán, que entonces era muy fuerte. Pero la Revolución Rusa de 1917 produjo un giro radical al orden mundial, ya que el miedo a lo “rojo” se esparció como pólvora y, en los países donde había mayor riesgo de revolución social como Alemania e Italia, surgieron los partidos fascistas que reprimieron a sangre y fuego a los sindicatos y eliminaron los pocos programas sociales.

Estos sucesos explican cómo, después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la mayoría de los países de Europa y otros continentes instituyeron el Estado de Bienestar. Durante el periodo posterior disminuyó la desigualdad a niveles nunca vistos, el Estado redistribuyó la riqueza social con impuestos progresivos y en gasto social (salud y educación). La lucha de los sindicatos era activa y el temor a una revolución mundial promovida supuestamente por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) provocaba que los gobiernos capitalistas hicieran concesiones laborales. A finales de la década de los años 60, éstos y las clases dirigentes advirtieron que tal amenaza no tenía suficiente fundamento, que los sindicatos y los partidos comunistas no se proponían realizar una revolución social a nivel global y avizoraron la caída de la URSS. Fue así como comenzó la represión de las organizaciones obreras y la arremetida contra las conquistas sociales.

Por ello, la austeridad fiscal es un resultado que solo existe donde antes hubo una “bonanza” y ésta solo existe cuando las luchas de los trabajadores logran conquistas sociales, como ocurrió cuando la clase capitalista se asustó y creyó que habría una revolución mundial. La austeridad, teorizada y aplicada desde los años 80, es el resultado de la lucha de clases. Solo así se redondea a cabalidad la previsión de la Oxfam de que habrá un incremento en la concentración de la riqueza a niveles nunca vistos. Es decir, el fin de la austeridad en el mundo no va a llegar solo con buenas intenciones, ni mediante la exigencia de un cambio en la manera de pensar de los “hacedores de políticas”. El cambio únicamente llegará con la organización internacional de los trabajadores.


Escrito por Gladis Eunice Mejía

Maestra en Economía por la UNAM.


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