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Patrón de acumulación y periferia urbana
El sistema capitalista sujetó a sus intereses y funcionamiento a la fuerza de trabajo mexicana, que afluía al Valle de México en busca de una mejora sustancial en su nivel de vida.


La ciudad es el lugar por excelencia donde ocurren los procesos de acumulación del capital y donde necesariamente se concentran las dos clases sociales en que se sustenta la economía capitalista: los trabajadores y los capitalistas. Para que la acumulación se concrete, se necesitan estos dos factores esenciales: fuerza de trabajo y capital, y este último hace todo lo posible para reunir, en una zona, a los trabajadores que necesita y para formar “economías de escala”. Para su continua reproducción y mantenimiento como sistema económico dominante, el capitalismo cambia sus formas de acumulación y organización del trabajo, especialmente cuando éstas ya no favorecen sus ganancias, lo que necesariamente provoca cambios en el espacio donde se desenvuelve.

Mientras el país funcionó con el modelo de industrialización y sustitución de importaciones (ISI), la mayoría de las inversiones se concentraron en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM): en 1970 la mitad del valor de la producción industrial nacional se generaba en la Ciudad de México (CDMX) y el Estado de México (Edomex), mientras que Nuevo León aportaba el 10 por ciento. En 1980, las localidades más industrializadas de la región metropolitana eran Azcapotzalco y Tlalnepantla, seguidas de Ecatepec y Cuautitlán Izcalli. Es decir, la mayor parte de las empresas se concentraba al norte de la ZMCM.

El sistema capitalista sujetó a sus intereses y funcionamiento a la fuerza de trabajo mexicana, que afluía al Valle de México en busca de una mejora sustancial en su nivel de vida. El Estado de México fue el área con mayor concentración urbana: entre 1975 y 1980 recibió gran cantidad de inmigrantes de otras entidades, expulsados por su incapacidad para costear la renta elevada de la tierra. La acumulación de capital alrededor de la CDMX demandaba una cantidad creciente de fuerza de trabajo, pero también su correspondiente ejército de reserva.

Fue así como empezó a poblarse aceleradamente la periferia de la capital mexicana. Desde que el ISI empezó a agotarse, era inocultable el ejército flotante que existía alrededor de la ZMCM y la incapacidad del sistema para absorber toda la fuerza de trabajo atraída a la ciudad con la promesa de prosperidad. Daniel Hiernaux realizó una caracterización precisa de la periferia: es la residencia de los sectores populares; el resultado de la intensa migración y de la sobrepoblación del centro de la ciudad; es la referencia de la miseria, de las áreas dormitorio, de la irregularidad del suelo, de la vivienda y de la informalidad.

A principios de los 80 estallaron las ineficiencias acumuladas por el ISI y se estableció el patrón de acumulación capitalista que hasta la fecha rige en México: el neoliberalismo. Este nuevo modelo se caracteriza porque tiene como eje del crecimiento económico el mercado externo. Pero además, la implosión del ISI, propiciada por la necesidad de descentralizar la producción, coincidió fuertemente con el patrón de acumulación fundamentado en el aperturismo externo, lo que generó, en los años 90, la globalización. Esto hizo que México se viera en un proceso de destrucción industrial muy serio y sin ningún plan de respaldo, debido al abandono gubernamental.

El impacto de la crisis se reflejó en las condiciones de vida de la población: la desindustrialización provocó modificaciones en la estructura del empleo, mientras se perdían miles de puestos de trabajo en la manufactura, comenzó a predominar el empleo en servicios con bajo valor agregado y los trabajadores por cuenta propia, factores que contribuyeron a una disminución radical del nivel de vida en la población. La expulsión hacia la periferia se reforzó durante los 80 y 90, provocando que el área conurbada del Edomex superara a la población de la capital. La crisis de los años 80 no produjo una desaceleración de la dinámica urbana, porque la fuerza de trabajo reacciona tarde a los movimientos en la acumulación de capital, pues de éste depende. Entre 1980 y 1990, la población urbana registró el crecimiento absoluto más elevado del Siglo XX y la población rural, por primera vez en ese mismo lapso, disminuyó en 6.8 millones de habitantes en términos absolutos.


Escrito por Gladis Eunice Mejía

Maestra en Economía por la UNAM.


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