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Omar Carreón Abud
Nepal: otra escandalosa manipulación en favor del imperialismo
En un momento histórico determinado, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante.


Ya pronto se cumplirá un mes de que, según informó la prensa occidental, los jóvenes de la denominada “generación zeta”, salieron a las calles de Katmandú, la capital de Nepal, a protestar contra el gobierno porque pretendía controlar las redes sociales y estaba a punto de prohibir algunas que no se sometían a sus dictados. Ya va siendo tiempo, por tanto, de que el mundo se entere y, en su caso, se estremezca de las importantes conquistas sociales de esa revuelta puesto que, también según los despachos de prensa de los medios occidentales de comunicación, la protesta logró una victoria contundente con el derrocamiento del Primer ministro de esa nación asiática.

En un momento histórico determinado, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. Una exigua minoría es la clase social dominante porque monopoliza la propiedad de los medios de producción y, por ello, dispone de los medios indispensables y efectivos para difundir de manera permanente y masiva su ideología y sus intereses e imponerlos como si fueran de toda la población y hacerlos pasar como si fueran hasta de origen fisiológico.

No me pasa desapercibido que el aparato educativo en nuestro país, por ejemplo, ha logrado imponer entre los jóvenes estudiantes, la palabra “información”, sobre la más precisa y contundente “análisis”, cuando se trata de explicar y comprender la esencia de los fenómenos de la realidad, más específicamente, de los fenómenos de la sociedad. Tampoco ignoro la preeminencia que se le otorga desde las aulas a la novedosa palabra “empatía”, muy vecina a simpatía, en lugar de la más contundente y comprometedora “solidaridad” que, evidentemente, se encuentra en el fondo de la evolución humana y de ninguna manera la simple “empatía”.

Fenómeno equivalente ha estado sucediendo con la división fundamental y drástica de los seres humanos como consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción que empezó a aparecer en la sociedad con el descubrimiento de la agricultura. La historia escrita de la sociedad humana, es la historia de la lucha de clases. Pero, como una verdad tan evidente implica necesariamente vencedores y vencidos y los vencedores no han querido que su dominación sea explicada y comprendida como imposición por la violencia, siempre han intentado que se comprenda como esfuerzo civilizatorio, pacificador o acercamiento a la religión verdadera y otras zarandajas, pero nunca como sujeción sangrienta y criminal para atracar y beneficiarse de recursos naturales y trabajo.

Así comprendo las novísimas versiones de la división de la sociedad en las dos clases fundamentales y antagónicas: poseedores y desposeídos de medios de producción. Los intentos por desviar la atención de las luchas de clases en la sociedad, que son fundamentales para comprender su desarrollo y su paso por varias etapas esencialmente diferentes entre sí, van desde impulsar una pretendida lucha feminista, una lucha de las múltiples manifestaciones de la vida sexual o la de los defensores de los animales y hasta la de los que gustan disfrazarse como tales y, para no abrumar al lector e ir al grano en el tema de hoy, considerar como esencial y determinante, haber nacido dentro de un pequeño periodo de la historia reciente y compartir ciertas experiencias preferentemente con la tecnología y otras de la vida social, pero nunca refiriéndose a la pertenencia a la minoría de patrones o a la inmensa mayoría de los asalariados.

Tal es el caso de la llamada “generación silenciosa”, la “generación x”, los “millennials”, la “generación z” y la “generación alfa”. Difundiendo estas divisiones de la sociedad y haciéndolas aparecer como determinantes, se hace desaparecer la lucha de clases, el enfrentamiento permanente y decisivo entre explotados y explotadores que explica sin lugar a dudas ya no sólo las huelgas y las manifestaciones, sino las revoluciones nacionales y hasta el grave y peligroso enfrentamiento político, económico y militar actual que, en diferentes grados, involucra a todos los países del mundo.

El modo de producción capitalista en su fase imperialista, ha entrado en una crisis terminal, sus contradiciones internas lo obligan a tratar de asegurar su sobrevivencia frenando o eliminando de plano a poderosos competidores que en los últimos años producen mercancías en grandes cantidades, presentaciones muy atractivas y precios muy bajos, en una palabra, que le ganan la clientela. Para ello, ha quemado los ídolos del libre cambio que hasta hace poco adoraba y ha adoptado medidas proteccionistas cada vez más agresivas y descaradas. No sólo eso, todo indica que está dispuesto a asegurar y apoderarse de más recursos naturales, más vías de comunicación, más consumidores y más control político, incluso mediante la guerra, cuando y donde sea necesario.

Así se explican los intentos de cercar a Rusia, primero, utilizando a Ucrania y a la OTAN y, depués, si se puede, invadirla. Así se explica el espantoso genocidio de Gaza en donde los imperialistas ya hacen cuentas alegres para apoderarse y explotar el gas y el petróleo de la zona, fundar un gran centro vacacional administrado por ellos y emprender nuevas conquistas en la zona.

Los países que consideran como derecho inalienable disponer de los recursos de sus territorios y al desarrollo sin tiranías de ningún otro, se han unido y formado el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Apenas unos días antes de los referidos sucesos en Nepal, se habían reunido ostensiblemente en Beijing, China, Rusia e India, con motivo de la conmemoración del Sexagésimo Aniversario del triunfo del Ejército Popular Chino sobre el Japón en la Segunda Guerra Mundial. El evento central fue un gran desfile militar que le mostró al mundo la unidad, disciplina, amor a la patria y el profundo deseo de hacer las cosas casi a la perfeción por parte del pueblo chino representado por sus fuerzas armadas. Aunque Narendra Modi, el Primer ministro de la India ya no estuvo presente durante el desfile, sí fue notoria su participación en reuniones tripartitas con sus homologos de China, Xi Jinping, y de Rusia, Vladimir Putin.

Y sólo unos cuantos días después de esta histórica reunión de los BRICS, que propugnan un mundo multipolar a diferencia de Estados Unidos, que se aferra a la unipolaridad, es decir, a su dominio total e indiscutible, aparecen en Nepal unas manifestaciones “de jóvenes” de la “generación zeta” que defienden la libérrima existencia en su país de las redes sociales, uno de los más poderosos instrumentos de manipulación y manejo de las mentes por parte de poderosos dueños de los medios de producción y comunicacción, precisamente como éstos que, por si fuera poco, se rehúsan a registrar sus operaciones en el país.

Como era de esperarse, muy pronto, el ejército tomó el control, en otras palabras, al nuevo primer ministro lo designaron las fuerzas represivas del régimen; los jóvenes, supuestos fanáticos de las redes sociales, aceptaron sin chistar y se acabó la protesta. Pero había cumplido plenamente sus objetivos reales. Si tomamos en cuenta que en Nepal solamente el 7.9 por ciento de la población tiene un título universitario, podemos concluir que la inmensa mayoría de las comunicaciones por las redes sociales la constituyen los avisos publicitarios para la venta de mercancías y servicios y los mensajes amistosos o familiares, insustanciales casi la totalidad de ellos. No se encontrarán ahí análisis (ésos sí) trascendentes de la realidad nacional y mundial.

La “generación zeta” a la que se atribuye la iniciativa y la ejecución de los supuestos cambios revolucionarios en Nepal, no es una clase social que tenga intereses esenciales en común, no trabaja unida y colaborando ni se le arranca colectivamente tiempo de trabajo para enriquecer a una clase social explotadora, ni siquiera tiene un nivel de vida similar y jamás, en ninguna parte del mundo, ha sido protagonista de transformaciones sociales esenciales y duraderas en favor del pueblo. En consecuencia, estamos ante un cambio de gobierno, como en el Maidán de Ucrania, como en Siria, por un gobierno más favorable para los intereses del imperialismo en la lucha global que se libra por la sobrevivencia del imperialismo. No es casualidad que este pequeño país de Asia tenga una extensa frontera terrestre con India de aproximadamente mil 850 kilómetros, una de las fronteras más largas que tiene India con otro país y que comparta una frontera de mil 414 kilómetros con China. Quizá por eso reflexiono y me preocupo por lo que pasa en México por estos días. ¿Usted qué opina? 


Escrito por Omar Carreón Abud

Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".


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